La lesión en el psoas ilíaco de su pierna izquierda durante el Abierto de Australia ha impedido a Rafa defender los puntos que obtuvo el año pasado. Esta semana cae hasta la 13ª posición con 2.715 puntos.
En un país que hoy debate importantes temas del día a día sobre cuestiones en las que los españolitos nunca nos ponemos de acuerdo en una moción de censura sin recorrido, hay que reconocer que con Nadal no hay posible discusión. Nadie en su sano juicio se atreve a dudar del mayor icono del deporte español de todos lo tiempos. Es más, en la historia del deporte, no se me ocurre nadie que haya sido tan grande sobre la pista y fuera de ella. Pero la decadencia está servida y debemos empezar a convivir con situaciones a las que no nos tenía acostumbrados. Nadal abandona los diez primeros puestos de la clasificación después de 18 años.
No somos conscientes de la fortuna que tenemos en España. El tenis patrio goza de buena salud. El mejor inquilino de las plazas importantes del ranking sale esta semana, pero ya tenemos un nuevo «okupa» que amenaza con quedarse mucho tiempo. En la misma semana que Carlos Alcaraz ha recuperado el nº1, Nadal cae hasta el nº13. Contrastes que sólo se pueden entender por el inefable paso del tiempo que jamás se detiene ante nada.

La gráfica demuestra que la regularidad es uno de los fuertes del balear. Caer fuera del pequeño grupo de los elegidos no es un obituario anticipado, sino la evidencia de que Nadal habrá de dosificar sus presencias en los torneos si quiere alcanzar algún Grand Slam más. Esto significa que Rafa, a partir de ahora, ya no estará libre de las primeras rondas de los torneos y tendrá que enfrentarse a jugadores que, en ocasiones, procedentes de las rondas previas, se vuelven muy peligrosos por el rodaje que llevan.
Una nueva realidad se abre frente a Nadal que tendrá que afrontar con su habitual capacidad y por la que no había pasado nunca gracias a su constancia. Esto no le convierte en mejor o peor que otros, pero sí en especial. Si hay algo que detesto es la incapacidad que todos tenemos para cambiar de opinión. Nuestras filias y fobias las mantenemos sin mayor análisis desde el momento en que las decidimos. Algunos se cuestionan si es mejor ganar menos Grand Slams pero que estos estén más repartidos entre las cuatro citas del circuito. Otros si es mejor permanecer 18 años entre los 10 primeros o liderar las semanas como nº1. E incluso los hay que discuten sobre si Wimbledon es más o menos que Roland Garros… Cuestiones irresolubles en las que pocas veces cambiaremos nuestra original opinión, quizá porque nunca más nos las hemos vuelto a plantear. La gente nunca vota al partido político contrario a su ideología, se cambia de un equipo de fútbol al rival o le da una segunda oportunidad al Djokovic de turno. Eso son cuestiones personales, pero los datos van por otro camino y, ahí, lo de Nadal es difícil de superar.
Hoy Nadal desaparece del foco informativo por culpa de esa molesta dolencia que se manifestó en Melbourne. Si tuviéramos que ser inclusivos con el lenguaje en este blog, al hablar de su lesión no nos quedaría más remedio que decir que: «el mallorquín y España, hoy se debaten por recuperar el psoas y psoes por el bien de todos». Pues eso, que Rafa está hoy como la política nacional, pero la comparación, ofende…, porque lo de Nadal tiene arreglo.
Ya que la has dejado votando, entro al trapo y si…. en vez de Tamames, seguramente habría sido más inteligente que un señor como Nadal, hubiera sido elegido como posibilidad y bandera de sensatez y coherencia.
[…] Carlitos se vio favorecido por un Wimbledon sin puntos en el que Djokovic podría haber sumado 2000 gracias a su victoria, pero la ATP se los negó en respuesta al boicot ruso en la hierba londinense. El USOpen encumbró a Alcaraz y desde entonces permutan en el puesto más alto del podio entre ellos. Ahora la tierra decidirá los propietarios de los puestos de privilegio. Quizá, hasta podría devolver al Top10 a Rafa Nadal, quien, por primera vez en 18 años salía de los 10 primeros puestos. […]
Creo que si a Rafa o cualquier seguidor del tenis le preguntas si es más importante el ranking o ganar trofeos no habrá duda posible entre ellos. Así que, si esa dosificación que necesita se traduce en seguir ganando Grand Slam, adiós Top 10.