Djokovic-vacaciones

Este último día de agosto es reconocido como uno de los más odiados por quienes tienen la costumbre de empezar el día a golpe de despertador. Las vacaciones han terminado y, con ellas, hay quien defiende que hoy debería ser el primer día del año, atendiendo a que, con el inicio del curso empiezan todas las cosas importantes. Pues bien, mucho me temo que Djokovic va a defender esta teoría porque, este 31 de agosto de 2026, tiene pinta de ser el principio de un nuevo año para él y, me atrevería a decir, hasta de una nueva vida.

A decir verdad, Nole se ha pasado buena parte de la temporada de vacaciones, así que, cuando ha llegado a su despacho de estos días, sito en la central de Flushing Meadows, no se ha encontrado un recibimiento tan cuidadoso como el que ha tenido el presidente con el micrófono amarillo. Quizá confundido por el color de la indumentaria de su rival, también ataviado de ese peligroso tono que acabó con Molière, Djokovic se vio sorprendido por el triunfo en el tie-break del correoso jugador argentino. Navone estaba dispuesto a amargarle la vuelta al trabajo al serbio, quien, tirando de su extraordinario espíritu competitivo consiguió darle la vuelta al partido hasta colocarse con dos sets a uno arriba, y break a su favor. En ese momento, empezó la decadencia. Apenas llevaba 3 horas trabajando y ya estaba pidiendo los «moscosos».

Con Navone en modo seguro, las miserias que el cuerpo de Nole guardaba en secreto, salieron a la luz. En el tenis no hay milagrosas operaciones estéticas, las arrugas se convierten en grietas imposibles de esconder. Djokovic acabó bajando los brazos reclamando un merecido descanso que, de momento, mientras no comunique lo contrario, es hasta el próximo torneo, pero muchos pensamos que podría ser definitivos. Su lenguaje corporal, y las lagrimas que asomaban en sus ojos, parecían anunciar la próxima retirada.

Los superhombres nunca caen por causas justificadas. Pogacar se ha encontrado, en un centímetro cuadrado de asfalto, de los 200 kilómetros que tenía la etapa, un objeto que acabaría arruinando su sueño. A veces, los finales son inesperados, pero otras veces nos negamos a verlos venir. Djokovic había convertido el tenis en sacerdocio, viviendo por y para este deporte. Se había centrado tanto en su cuerpo y en su mente, que había olvidado que el tiempo no se detiene ante nadie.

Para algunos, las vacaciones pueden ser largas, pero la vuelta al trabajo siempre llega. En el caso de Nole, un animal competitivo, el miedo surge cuando acaba el trabajo y vienen años de vacaciones. Al menos, éste no tiene pensado ocupar La Mareta, que por fin se ha quedado libre.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

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