Tras un exitoso año 2020, en el que ganó el USOpen, el austriaco ha caído en una crisis de juego de la que no consigue salir. Una molesta lesión de muñeca en 2021 agravó su situación hasta sacarlo del Top100
Todo Titanic tiene su iceberg. Este transatlántico del interior de Europa, que trabajó durante toda su carrera para navegar por océanos de éxito, ahora está sumergido en las profundidades marinas sin visos de salir a flote. Dominic Thiem ganó el USOpen de 2020 confirmando que era la proa del grupo de tenistas que sustituirían al Big3, pero esa victoria se convirtió en la peor de sus derrotas.
La victoria en el puerto neoyorkino se interpretó como la llegada a esa flota de elegidos que eran capaces de ganar un Grand Slam en los mares revueltos que gobernaban los Federer, Nadal y Djokovic. Nadie cayó en la poca tradición marítima de un austriaco. El éxito del año 2020, en el que además llegó a las finales del Masters y del Open de Australia le llevaron a una perdida isla de calma y relajación en la que digerir los triunfos. Ese vacío competitivo se tapó con una grave lesión de muñeca en junio de 2021 durante el ATP250 de Mallorca. Desde ahí un auténtico calvario en el que sólo ha jugado 83 partidos con un pírrico balance de (37-46).
El trabajo de reflotar esta joya de los mares del tenis es tarea de Nico Massu. El chileno lleva años con Thiem y está empeñado en sacarlo de esta tormenta de derrotas en la que navega. Durante el año 2022 encadenó hasta 7 derrotas consecutivas, pero terminó la temporada con mejores sensaciones que parecían anunciar aguas más calmadas para 2023. Ni mucho menos. En Miami ha perdido de nuevo en una primera ronda ante Sonego en un partido en el que, durante el primer set dibujó alguna de aquellas derechas que le quemaban y esos profundísimos reveses a una mano que tanto daño hacían a sus rivales. Pero errores impropios para un ganador de Grand Slam, atrapado en un juego desordenado y envuelto en una falta de confianza profunda, le hizo perder la primera manga en el tie-break, tras desperdiciar una bola de set y tirar el partido en el segundo set.
Ahora llega la gira de tierra batida, la que era su superficie preferida. En su mochila sólo lleva 1 victoria, ante Molcan en Buenos Aires, y 7 pesadas derrotas que lastran su confianza. Su clasificación en el ranking, más allá del puesto 100, le deja fuera de los cuatros importantes. Ya ha probado a jugar Challengers que mejoraran esta posición, pero la experiencia ha resultado tan fallida como si metiéramos el Juan Sebastián Elcano en una bañera. Mucho se complica la carrera del bueno de Dominic, que llegó a ser nº3 del mundo y tiene 17 torneos ATP en su haber.
En septiembre, Thiem cumplirá 30 años, lo que se antoja demasiado pronto para tirar la toalla y salir sólo con su velero a disfrutar de mares más tranquilos. Siempre ha sido un ejemplo de educación y profesionalidad: ni un mal gesto, ni una excusa, ni una mala palabra, ni una justificación que evadiera su responsabilidad…, nada malo ha salido de su boca. El austriaco prefiere luchar a solas contra sus fantasmas, sin la ayuda de psicólogos y, únicamente, centrándose en su juego. El sabrá si con eso basta o no, pero lo que los demás vemos desde fuera es que este Titanic, que sí llegó a Nueva York para celebrar el éxito de su gesta deportiva, no ha sido capaz de cerrar aún la grieta que le produjo ese iceberg con el que colmaba sus objetivos deportivos.
Amigo Fran, cuantos tenistas deberían leer tus artículos, tan bien ilustrados (hoy tocaba mares) agua que nos falta. Y luego sabes darle ese toque alentador y positivo para salir de la crisis. UN FUERTE ABRAZO
Creo que la última gran cita en la que vi a Thiem fue en la vuelta de octavos de final de la Champions League de 2022 que enfrentaba a Real Madrid y PSG. Ahí no tuvo mucho que decir en el terreno de juego, pero sí que se vivió una noche mágica. No he vuelto a saber de él desde entonces. Mala señal.