Sabalenka-Kyrgios

Llevamos semanas de bostezo tenístico y eso me preocupa. En el tenis, no hay rastro de jugadores que se dediquen a subirse la bragueta delante de compañeras del circuito, ni siquiera de acoso a jugadoras a cambio de algún trato de favor. Tampoco hay nepotismo que te permita conseguir ingresos sólo por enrollarse bien, sin, al menos, acudir a la pista a fichar. Por eso, no me extraña que estemos aburridos estos días los seguidores del deporte de la raqueta. Pero, una vez más, la capacidad de adaptación del tenis a la actualidad es soberbia. Estos días, nos han impactado las sinceras declaraciones de Garbiñe Muguruza acerca de la evidente inferioridad del tenis femenino, con respecto al masculino y el nuevo reto que va a medir las capacidades de Aryna Sabalenka y Nick Kyrgios. La batalla de sexos en el tenis está servida.

La obsesión igualitaria de los tiempos que vivimos no favorece al uso de la razón. El tenis femenino comparte las normas del masculino y algunos torneos, pero poco más. Intentar igualarlos provoca un flaco favor para ellas que, aunque se ven favorecidas en la cartera, sus éxitos quedan desprestigiados por la actitud lastimera de quienes pretenden equiparar cosas diferentes. Esa es la base de la política de cuotas que reserva para el sexo débil lo que muchas sí podrían conseguir por sí mismas. Como en su día apuntó Nadal, las jugadoras del circuito WTA deberían percibir lo que el mercado del tenis femenino generara. Eso sería lo justo. En el deporte no gusta la igualdad, a nadie le interesan los empates y para eso se inventaron los penaltis en el fútbol y las ventajas en el tenis. De la misma forma que no tiene los mismos ingresos el ganador de un ATP250, cuya repercusión mediática y publicitaria es ínfima si la comparamos con un Grand Slam, que el ganador de Wimbledon, parece evidente que no puede obtener los mismos beneficios la ganadora del US Open que el ganador. Es esta obsesión igualitaria la que pone en evidencia el trato de favor y los mayores derechos que amparan a las tenistas, con respecto a los tenistos.

En este obsesivo contexto, de feminismo mal entendido, han resonado con fuerza las declaraciones de Garbiñe Muguruza en las que reconocía que, en sus mejores momentos, no conseguía ganarle ni un set a los sparrings varones que contrataba para mejorar su nivel. Incluso, ha llegado a decir, que un jugador de categoría junior vencería a la mejor de las jugadoras. Para la ex-numero 1 de la WTA, el tenis femenino está a años luz del masculino por la potencia y resistencia física de los hombres, muy superior a la de las mujeres. Ella misma, ganadora de dos Grand Slams, reconoce haber perdido siempre que jugaba con sus hermanos que aunque si jugaban a buen nivel no se acercaban al puesto 1000 de la ATP.

La actualidad se ha convertido en una constante disputa de géneros de la que el tenis no es ajeno. Quizá por eso, alguna mente lúcida para los negocios haya pensado en la reedición de aquel histórico partido de tenis en 1973 donde King, la tenista femenina, derrotó a Riggs, un ex campeón masculino de 55 años y que se trataba más de un cambio social y cultural que de una equiparación de ambas categorías del tenis. Los protagonistas ahora se verán las caras en Dubai con una buena bolsa de por medio. Poco tiene que ganar Sabalenka, víctima propiciatoria, y mucho Nick Kyrgios, quien en el ocaso de su carrera, encuentra una buena manera de asaltar la banca.

Dicho lo cual, de cuantos enfrentamientos mixtos podamos imaginar, creo que el de Aryna contra Nick es el que reúne más posibilidades para el tenis femenino de todos. El australiano no es un jugador de físico poderoso, aunque sí mejor que su habitual inestabilidad emocional y mental. Tras más de un año retirado del circuito, sólo es muy superior a la bielorrusa en el servicio, así que dejemos algún resquicio para la sorpresa, como en 1973.

Ahora bien, soy de los que piensa que en el deporte de la vida la meritocracia es un valor. Ahí, la velocidad, la fuerza y la resistencia favorecen al sexo masculino y tratar de igualarlo supone una importante injusticia que oculta intereses oscuros. Al tenis hay que dejarlo como está, sin mezclarlo en cuestiones que nos llevarían a llamarlo tenas, en un forzado ejercicio de lenguaje inclusivo, ni dar ventaja al servicio femenino frente al resto masculino. En el tenis a nadie le gusta el iguales, por eso le llaman deuce.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

Un comentario en «EL HETEROPATRIARCADO EN EL TENIS»

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