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En un ecosistema natural como es la hierba, florecen las peores especies del mundo del tenis. Paire, Davidovich y, por supuesto, Kyrgios, dan muestra de sus malas formas en la catedral del tenis y pagan por ello.


No todo vale. En esta sociedad del siglo XXI en la que basta con respirar para pasar de curso, en la que cualquiera puede opinar sobre lo que quiera sin el más mínimo rigor y en la que todo se acepta en aras de una libertad mal entendida, tenemos a personajes dispuestos a campar a sus anchas por el tenis faltando el respeto a todos los que seguimos este maravilloso deporte.

En el universo del tenis, con sus diferentes ecosistemas, aparecen especies que suelen ensuciar el buen nombre del tenis. El rey de esta selva es Nick Kyrgios. Resulta cansino hacer la descripción de su enésima salida de pata de banco. El australiano lamenta que la gente no le tengan respeto, pero él debería saber que eso es algo que uno se gana. Por ahí debería empezar, pero me temo que para eso ya lleva un importante retraso.

En el caso de Kyrgios, en su mala educación lleva la penitencia. Por lo pronto, de los 55000€ que acumulaba por pasar la primera ronda ante Jubb, el torneo ya le ha descontado 30000€ por escupir hacia un espectador que no paraba de increparle, haciendo gala de la misma mala educación que gasta el objetivo de sus críticas.

Como colofón a su falta de respeto a los buenos modales, se ha presentado en la rueda de prensa con su ración de sushi que ha ido ingiriendo mientras respondía con desdén a los profesionales de la información que le interrogaban sobre el partido. El australiano es un provocador y vive el tenis con esa necesidad de generar en el espectador siempre un pálpito de emoción, ya sea dentro o fuera de la pista.

Hoy ha utilizado el saque de mano baja, del que él se ha convertido en el máximo exponente, como reclamo para darle un innecesario palo a la prensa y a Murray. Le encanta hacer amigos. Según el aussie, si lo hace el escocés es la quintaesencia de la estrategia y si lo hace él es una falta de respeto. No debería quedarse en los detalles y hacer un análisis general de su comportamiento, pero esto no es fácil para cabezas tan poco amuebladas.

El tenis siempre se ha caracterizado por su respeto al rival, su señorío y su control mental. Actitudes como las que describimos de Kyrgios un torneo sí, y otro también, sólo pueden conducir al desastre. Esta edición de Wimbledon nos ha regalado dos ejemplos. El primero el de Paire, que detrás de un juego desordenado y de declaraciones provocadoras ha acabado reconociendo que, actualmente, odia el tenis. El segundo el de Davidovich, que incapaz de controlar su «retraso mental», así es como él lo ha descrito, ha acabado perdiendo el partido por culpa de dos penalizaciones en el supertiebreak.

Desde hace unos meses hemos podido ver el último letrero que se ha pintado en la piel el Dennis Rodman del tenis: «Give a man a mask and he will show you his true face«, o lo que es lo mismo, «dale una máscara a un hombre y te mostrará su verdadero rostro». Kyrgios no necesita máscara, lo conocemos desde antes de que empezara a representar la función que interpreta en este circo del tenis.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

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