El italiano defiende el triunfo que ya consiguiera en 2025 en el All England Tennis Club para ganar su segundo Grand Slam de la hierba, y quinto sobre cualquier superficie. A pesar de la derrota, Zverev ha desplegado su mejor tenis en Wimbledon, donde nunca había pasado de octavos de final y hoy hasta se ha puesto por delante tras ganar el primer set. Una vez que se despojó de la presión de no haber ganado ningún Grand Slam en el último Roland Garros, el alemán está demostrando que también es capaz competir al máximo nivel contra Sinner, con quien ha perdido las diez últimas veces que se ha enfrentado.
No es casualidad que, los protagonistas de la final de Wimbledon 2026, sean un italiano y un alemán. Los que manejan los hilos del deporte conocían la necesidad de entretener a los aficionados de dos potencias europeas que, estos días, prefieren no ver el Mundial de futbol. Italia lleva doce años sin ir al Campeonato del Mundo y Alemania cayó a las primeras de cambio contra Paraguay. Ni siquiera el Tour, o el mismísimo Wimbledon, restan expectación al Mundial, un evento deportivo que tiene una dimensión extraordinaria hasta en los rincones más insospechados del planeta. Por eso, no creo que sea una casualidad que Italia y Alemania, ganadores de 4 Mundiales de fútbol cada uno, esta tarde hayan estado más preocupados de la raqueta que del balompié. Sinner y Zverev han devuelto a sus países, la ilusión por un deporte sobre césped más de lo que hubieran deseado Donnarumma o Rüdiger.
Llegar a la final de un Grand Slam no es fácil ni aunque te llames Jannik o Shasha. En el tenis, para llegar a la última ronda de Wimbledon debes tener una mente privilegiada, un servicio determinante y una calidad en tus golpes a prueba de Federer. Sinner y Zverev lo tienen todo acreditado de sobra. Esta tarde lo hemos comprobado ya que, el partido sólo se ha podido decantar por estos pequeños detalles que han empezado por las dudas de Zverev en el tie-break del segundo set y la bajada del porcentaje de primeros servicios, así como, la regularidad, seriedad y profundidad del juego de Sinner.
La perfección del italiano se trasladaba hasta su box en forma de indumentaria. No había más que verlos todos vestidos igual para darte cuenta de que todos reman en una misma dirección. Poco ha podido hacer Sinner en el primer set ante un jugador con un 83% de primeros servicios a más de 200Kms/h sobre hierba. El tie-break cayó del lado de Shasha. La segunda manga fue un calco de la primera hasta que los miedos del alemán aparecieron en el primer punto del tie-break. Tablas en el partido pero con la sensación de que Sinner iba subiendo el nivel y Alexander empezaba a relajarse al ver que, a pesar de realizar su mejor tenis sobre hierba, no conseguía distanciar a su rival.
Cinco veces había cedido su saque el alemán en los seis partidos precedentes hasta llegar a la final. La sexta ha llegado en el décimo juego del tercer set, que ha terminado confirmando al saque para anotarse el tercer capítulo del partido. Justo antes del break, después de treinta y dos juegos, el alemán había disfrutado de la primera, y única, bola de break de todo el partido. El alemán no sólo la perdió sino que ofreció una imagen de Zverev caído sobre la hierba que, por un momento, nos hizo recordar la lesión de tobillo en Roland Garros ante Rafa Nadal. Shasha no ha dejado de luchar hasta el final del partido, ni en el cuarto set, pero desde que perdió la muerte súbita del segundo set, todos sabíamos, por su lenguaje corporal, que el trágico final no tardaría en llegar: 6-7, 7-6, 6-3, 6-4.
En la central de Wimbledon, Italia y Alemania han demostrado que también triunfan sobre el césped, pero con una raqueta en la mano. Esta conspiranóica teoría, carente de toda base científica, que habla de ayudas arbitrales a la albiceleste justificaría el discreto papel que los argentinos han tenido sobre el pasto británico. Sobre otro tipo de hierba, ingleses y argentinos se van a ver las caras en las semifinales del Mundial con la sombra de las Malvinas y la mano de Dios en el recuerdo.
Con la simpleza sarcástica que caracterizan los artículos deportivos de nuestro ex-presidente gallego, Francia se ha sentido ofendida porque sugiere que la selección francesa es un equipo sin franceses. El recurso periodístico para señalar que la selección gala ha cambiado de color en los últimos 40 años ha sido elevado a la categoría de ofensa nacional, así que, por lo que pudiera pasar, no seré yo quien sugiera que Sinner no responde al patrón de italiano que todos tenemos en la cabeza o que Zverev tiene de ruso hasta el nombre. Sólo faltaba que dudáramos, ahora que el fútbol no les asiste, de que los finalistas de Wimbledon no son un italiano de pura cepa y un alemán como Dios manda.