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El ex-atleta toledano, subcampeón del mundo de los 1500 metros, critica a Rafa Nadal por utilizar sus lesiones para dramatizar la realidad y rentabilizar sus éxitos deportivos envolviéndolos de una épica mayor. Según él «hay chicas en gimnasia con más problemas físicos y no se habla tanto de ellas».


Decía el siempre citado para cualquier cosa, Mark Twain, que «es preferible estar callado y parecer tonto que abrir la boca y despejar todas las dudas». José Luis González, mediofondista español que fue subcampeón mundial de los 1500 metros en Roma 1987, ha abierto la boca para afear la excesiva exposición de Rafael Nadal de sus lesiones para agrandar sus éxitos deportivos. Pues eso, que callado hubiera estado más guapo.

Mucho estaban tardando en salirle odiadores a Rafa. Ya echamos en falta que algún lumbrera se quejara de los cuantiosos ingresos publicitarios del manacorí en este cruel mundo capitalista, en el que promociona relojes que ninguno de sus seguidores podrán comprarse jamás. O que se hable del escándalo que resulta saber que, con la que está cayendo en el mundo, el deportista haya decidido incorporar a su patrimonio un yate de recreo valorado en 6 millones de euros, una cifra que el común de los mortales sólo ganaríamos si nos aseguraran vivir 7 vidas y nos fuera bien en todas. Por no hablar de su conocida amistad con el emérito, su exaltación del esfuerzo como paso obligado hacia el éxito o las dudas que le genera los premios que se entregan en el circuito femenino de tenis a sabiendas de su menor rentabilidad y popularidad. Esperábamos cualquier tipo de demagógica crítica que ensuciara el buen nombre de Nadal, lo que no esperábamos es que fuera un deportista de élite español el que se atreviera a sacar los pies del tiesto.

Tuve el placer de conocer, a principios de los 90, a José Luis González durante la celebración de la Milla Virgen de Guía de Villanueva del Duque, en Córdoba. Su creador, Manuel Sánchez Parra, hoy presidente del Club Atletismo Cordobés, sabía que una estrella del atletismo recién apartado de la competición era el reclamo perfecto para engrandecer la prueba. Pero su ego estaba por encima del objetivo que perseguía la prueba y su actitud se acercaba más a la de una estrella olímpica que a la de un hombre cercano, de pueblo, amante del deporte rey. Ya apuntaba maneras, las mismas, por cierto, que habían marcado su carrera deportiva.

Allá por el año 1984, en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, José Luis González era uno de los favoritos de la prueba de 1.500 metros, sin embargo, quedó eliminado en las primeras series, mientras, José Manuel Abascal y Andrés Vera, atletas de inferior categoría, sí conseguían cómodamente su pase a semifinales. El cántabro acabaría colgándose la medalla de bronce en el cuello. Mientras tanto, el atleta toledano, entre lágrimas sólo era capaz de maldecir que abandonaría el atletismo y que sólo había una razón que justificara su fracaso: «pero no quiero que valga de excusa, porque tenía que haber ganado hasta cojo. Desde hace un mes no compito. En Barcelona me lastimé la rodilla y esta pequeña lesión me ha impedido realizar algún examen para saber si estaba en forma. No los hice para no forzar y porque tampoco los creí necesarios, pues me sentía bien. He fracasado, y punto. En, los Juegos Olímpicos, cada uno hace lo que vale». Esto sí tiene pinta de excusa de mal perdedor, José Luis, pero tu enorme ego te impidió reconocer que cuando llegaban las grandes citas tu cuerpo, o tu mente, no respondían.

Lo mismo te ocurrió en Seúl’88. Ahí tu decisión unilateral, al margen de los responsables federativos probando a correr el 1500 o el 5000 te provocó una lesión que te impidió, ni lo uno ni lo otro. Todos sabían de su carácter muy especial, y ahora ya retirado, pretende alcanzar su minuto de gloria a costa de Rafa.

Nadal habla de su lesión cuando se le pregunta y, evidentemente no la va a ocultar diciendo que está de maravilla, cuando no es cierto. Él no tiene que demostrar nada. Es una lesión crónica que arrastra desde 2005 y como tal, le permite competir, pero, en ocasiones se agrava y provoca episodios como el ocurrido en Roma ante Shapovalov, en el que, por cierto, no se retiró, sino que luchó, eso sí, con evidentes signos de dolor. 

La torpeza verbal del mediofondista le ha llevado a comparar la situación de Nadal con sus lesiones crónicas con las que padecen las chicas de la gimnasia deportiva, y éstas, no cuentan con la repercusión que tienen las del balear. Ni la relevancia social es la misma, ni el palmarés se asemeja. Puestos a meter la pata podía haber dicho que hay muchos enfermos terminales en nuestros hospitales con patologías letales de los que nadie se acuerda y nos pasamos horas hablando del metatarso del pie izquierdo de Rafa.

El toledano era un atleta que todos recordaremos por su calidad extraordinaria y fracasos en los que pudieron ser momentos claves en su carrera. Resulta difícil saber cuál es el objetivo de sus desafortunadas declaraciones pero más le hubiera valido guardar la fuerza, que ahora utiliza para tan desafortunado fin, en ganar a atletas de su generación, que fueron muy superiores a él en resultados, como Steve Ovett, Sebastian Coe o Steve Cram.

La envidia dicen que es una de nuestras señas de identidad. Lo de González transita entre el comentario desafortunado y el pecado nacional, pero muchos dicen ya, que sus opciones a Medalla de Oro en Envidia cobran cada día más fuerza.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

Un comentario en «NADAL TAMBIÉN TIENE «ODIADORES»»
  1. Has tocado justo el pecado capital de gran parte de los ESPAÑOLES e incluso a la mayoría de EUROPEOS. Y se llama «ENVIDIA» no pueden ver triunfar en deporte u otras facetas de la vida, sale por algún lado ese PERO que para mí es ENVIDIA. Ya ves por poner casos como AMANCIO ORTEGA o al Cocinero ANDRÉS dando de comer a tanta gente desprotegida. Creo falta en este mundo HUMILDAD y RESPETO.

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