El joven italiano desplegó un juego impecable en la final de Amberes para acabar con Schwartzman por un doble 6-2. Cuarto torneo ATP del año para Sinner, en el que mantiene sus opciones de entrar en el Master Finals de Turín.
Durante la década de los 80 y 90 del siglo pasado se disputó un interesante torneo de exhibición en Amberes que ofrecía como botín una raqueta de oro y diamantes valorada en 160 millones de las «antiguas» pesetas. Más o menos lo que hoy llamamos ligeramente como un millón de euros. Para conseguirlo había que ganar tres veces en cinco años, cosa que únicamente logró Iván Lendl. El caso es que el torneo desapareció hasta que en 2016, de una forma más austera, Amberes ha vuelto al circo del tenis con un torneo ATP250. Pues bien, la exhibición que esta tarde ha dado Janik Sinner bien hubieran merecido todo el oro y los diamantes de la ciudad belga.

El joven italiano ha puesto una pica en Flandes. El botín no se reduce a la consecución de su cuarto torneo del año (Melbourne, Washington, Sofía y Amberes), sino que mantiene intactas sus opciones de meterse en el Masters Finals que este año se celebra en su país. Todo dependerá de lo que en los próximos torneos hagan él y Hurkacz, en una clara lucha por ese octavo puesto en la fiesta final del tenis.
Al otro lado de la red, el «Peque» Schwartzman. Hoy verdaderamente la diferencia en centímetros no ha sido la mayor. En ningún momento ha podido contraatacar los golpes ganadores y la efectividad del alpino, viéndose superado desde el primer momento. Para el jugador argentino, la de hoy, es la tercera derrota en la final del ATP250 de Amberes. Sin duda, un torneo que se le resiste y, conociendo el carácter de Diego, que seguro tendrá en el punto de mira para próximos años.
En cualquier caso, lo de Sinner en Amberes ha sido pura exhibición durante toda la semana. Lástima que el premio no sea equiparable a lo del antiguo torneo porque, de seguir existiendo, hubiera merecido no sólo llevarse la preciada raqueta de oro y diamantes, sino también, vaciar la Bolsa de la ciudad, por cierto, la más antigua del mundo.