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Una de las razones principales por las que amo el tenis es porque sus éxitos y fracasos son responsabilidad del propio jugador. Aquí no hay polémicas arbitrales, premios para el que destruye, agresiones entre los protagonistas ni posibilidad de trato de favor. Esto no es fútbol. De los 9 jugadores argentinos que hay en el Top100, ninguno se ha podido colar en las finales de los tres torneos ATP que se juegan esta semana (Umag, Gstaad y Bastad). Los albicelestes se han tenido que conformar con un italo-argentino, Luciano Darderi, que ha llegado hasta la final de Bastad. Su desenlace ha sido tan triste como el de la selección a la que renunció.

Cualquiera podría decir que hoy iba a ser el día de Luciano Darderi, pero aquí no vale lo de liarse a raquetazos con el rival o amañar el cuadro de competición. Quizá, por eso, la calidad y el trabajo bien hecho de Andrey Rublev esta semana, haya tenido su recompensa con este segundo triunfo en Bastad. El pupilo de Fernando Vicente sigue teniendo mucho tenis en su mano y lo único que le falla es su cabeza en pista. Si Rublev controlara sus emociones como el resto de jugadores de su nivel, tendría un palmarés, aún mejor, del que ya posee.

Esta tarde son muchos los nacidos en Argentina, como Darderi, que reniegan de Argentina por su mala actitud en la cancha. Luciano marchó de su país natal para buscar su propio interés, olvidándose de sus raíces y acogiendo las de su abuelo. Quizá ese egoísmo le ha pasado factura en Bastad ante uno de los mejores tenistas del circuito, sexto en número de torneos de los que están en activo. La superioridad de Rublev en la final sólo es comparable a la que hemos visto esta noche en Nueva York: 6-4, 6-3.

Cada vez que Rublev vuelva a visitar el condado de Scania, en Suecia, para disputar este distinguido torneo de tierra batida, podrá lucir en su camiseta una doble estrella que justifica haber ganado aquí dos veces. Curiosamente, las mismas veces que España ha ganado el Mundial.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

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