La renuncia de Simon Biles a participar en la final por equipos se ha reconocido más como un acto heroico que como un fracaso deportivo. En cambio, las declaraciones de Djokovic poniendo de manifiesto que el control de las presiones hacen mejorar al deportista han sido criticadas por todo el mundo dentro y fuera del deporte. Su posterior fracaso en estos JJOO pone de manifiesto su habitual ligereza verbal.
LA SALUD MENTAL EN EL DEPORTE
Los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 serán recordados por ser los juegos de la pandemia, por celebrarse en 2021 pero mantener su nombre original, por la falta de público y por las duras condiciones climatológicas con altas temperaturas y niveles de humedad que convertían en épicas la práctica de algunas competiciones. Pero, sin duda, estos JJOO de Tokio serán recordados por ser los que han puesto de manifiesto la importancia de la salud mental en el deporte.
Los especialistas aconsejan la práctica del deporte para prevenir y mejorar la salud mental. Pero cuando nos referimos a la alta competición la cosa cambia. Todo se ha destapado con la reacción de Simon Biles en la final de gimnasia en la que, afectada por un ataque de ansiedad, decidió dar un paso al lado y abandonar para que sus compañeras defendieran el equipo estadounidense. Curiosamente, la opinión pública, sobredimensionada con las redes sociales, han elevado a la gimnasta a la categoría de heroína. Sorprendente, si lo analizamos desde el punto de vista del deporte, que es para lo que estamos aquí. Ni que decir tiene que todos deseamos una pronta y total recuperación de Simon Biles, pero también es justo decir que, como ha apuntado Djokovic, «sin presión no habría deporte profesional». El serbio no estuvo el día que repartieron la humildad ni la sensatez, pero esto no le resta razón. Una vez más, malinterpretamos sus declaraciones. Es un experto en meterse en charcos de los que resulta complicado salir indemne. Sus palabras han generado mofas de todo tipo tras sus derrotas ante Zverev y Carreño. Su gestión de la presión no ha sido tan efectiva como anunciaba: «Creo que tengo ya la suficiente experiencia como para saber manejar estos momentos y hacer mi mejor tenis. Es cierto que en Río llegué con una sensación similar a la de ahora, porque era el gran favorito y estaba en muy buena forma, habiendo ganado cuatro de los últimos cinco Grand Slam y siendo número 1 del mundo. Perder allí con Delpo fue un golpe muy duro y me ha permitido saber exactamente lo que tengo que hacer para sentirme al mejor nivel ahora»
Pero no ha sido así, el nº 1 del tenis también ha flaqueado. Ahora sus palabras suenan vacías y más tienen que ver con un ejercicio vano de motivación personal que con una realidad. Ahora, los odiadores del serbio, que son legión, cargan sus armas.
El deporte actual está cargado de presiones al alcance sólo de «superhombres», y éstos también tienen momentos en que su traje de superpoderes pierde efectividad. Pero eso no puede ser nunca un motivo de elogio. Las mariposas en el estómago en la salida de la final olímpica de los 100m, la última posesión de un partido de baloncesto igualado, la tanda de penaltis que decide una final, un punto de partido en el que el jugador al servicio hace doble falta. Eso es lo que no ha podido superar Biles. Djokovic quería autoconvencerse de que sí lo controlaba, pero no ha sido así. El serbio necesita también ayuda psicológica y un poquito de contención verbal.
Hay muchos precedentes dentro y fuera del tenis: Mc Enroe, Kyrgios, Paire, Fognini, jugadores peculiares que manejan el estrés y la tensión de la competición de forma peculiar. Naomi Osaka, última portadora de la antorcha olímpica tampoco ha podido superar la presión mediática que, como anfitriona, le suponía ser el foco de atención de todo un país. La jugadora nipona ya se retiró de Roland Garros por salud mental y no participó en Wimbledon por negarse a comparecer ante la prensa tras cada partido. Es evidente que la presión mediática que se vive en pleno siglo XXI no es comparable a la de otras épocas, eso hace que el deporte tenga una dimensión mundial y los deportistas sean privilegiados que tienen que pagar por ser el foco de atención de todos. Gestionar eso forma parte de un campo de entrenamiento tan importante como la práctica de la técnica o la forma física. Últimamente, el entrenamiento de la mente empieza a tener la importancia que merece. Y tras estos JJOO lo hará aún más. Técnica, forma física y salud mental van de la mano.
La falta de ese control mental no puede servirnos para disculpar a deportistas como Biles u Osaka y atizar a Djokovic por hacer lo mismo. El serbio no nació con el don de la discreción, pero seamos justos con él y con la frustración que le ha supuesto la pérdida de esta medalla de oro, segunda vez que llega a la cita olímpica como favorito y que no alcanza el objetivo. No sabemos si llegará a París con opciones.