Cada vez son más las llamadas al fisio, las visitas al vestuario, los relajados paseos en busca de la toalla y los inoportunos cambios de raqueta. Todos tienen como fin cortar la racha del rival y alterar su dinámica positiva más que solucionar el problema para el que se han previsto.
LA PICARESCA COMO ESTRATEGIA DEL PERDEDOR
El deporte es una actividad física que se realiza siguiendo ciertas reglas y está generalmente asociado a la competición. El objetivo está en mejorar la salud física y mental. Para ello, es importante respetar unos valores que todos conocemos como «deportividad» que me atrevería a definir como «corrección en la práctica de los deportes». Se trataría de un comportamiento ético que incluye el cumplimiento de las reglas de juego y hace prevalecer la elegancia de espíritu y respeto para con el contrario sobre el afán de victoria. Pues bien, nadie puede dudar que en pleno s. XXI vivimos una preocupante decadencia de estos principios.
El tenis no ha sido pionero en estas prácticas. Eso es cierto, pero, poco a poco vemos cómo los tenistas se van incorporando con mucha frecuencia a estas conductas antideportivas. La picaresca tampoco es exclusiva del mundo hispano ni del deporte de la raqueta. Futbolistas que se desvanecen al llegar al área, ciclistas que mejoran su rendimiento de forma antinatural, boxeadores que acaban a mordiscos o pilotos de Fórmula 1 que se benefician provocando de forma intencionada salidas de pista de sus rivales directos. Todo muy alejado de los valores del deporte pero con los que acabamos conviviendo y, en ocasiones, regalando epítetos tan generosos como «qué pillo es tal o cual deportista» o «esto es cosa de listos».
Pues bien, llevamos observando desde hace un tiempo cómo estas prácticas poco éticas también se están imponiendo en nuestro deporte. El código de conducta del tenis recoge las siguientes prohibiciones:
-Falta de puntualidad
-Vestimenta no reglamentaria
-Retraso de juego
-Obscenidad visible y audible
-Abuso de raqueta, pelota, verbal o físico
-Recibir consejos técnicos
-Falta de esfuerzo
-Conducta antideportiva
-Abandono injustificado del partido y de la cancha
-No asistencia a las ceremonias de premios
Lo difícil es encajar en alguno de estos epígrafes la necesidad de secarse el sudor continuamente, ninguneando la acción de las muñequeras, regular las visitas al vestuario alegando incontinencia en los esfínteres o valorar cierto dolor muscular en un deporte en el que continuamente exponemos el físico a las más duras pruebas de potencia y flexibilidad.
En este US Open se ha reactivado la polémica. Murray acusó a Tsitsipas de acudir al baño al acabar el cuarto set por más tiempo del permitido con la evidente intención de cortar el ritmo del escocés. Muguruza anoche tildó de poco profesional a Krejcikova por solicitar la ayuda del fisio cuando la española iba a servir con 6-5 para llevar el duelo a la tercera manga. También en la jornada de ayer vimos necesitar el fisio a Gojowcyk y a Alcaraz pero siempre cuando el resultado les era adverso. Con el resultado a favor no hay dolor. Famosos son los parones de Djokovic cuando el partido se complica. ¿Estrategia o antideportividad? ¿Lo hacen todos o sólo los más «listos»? Hasta el bueno de Nishikori se la armó a Nadal en los JJOO de Río 2016 al ausentarse en el vestuario 12 minutos cuando acabó el segundo set. La medalla de bronce se esfumó para el mallorquín y las quejas de poco sirvieron.
El debate está sobre la mesa. Ya hay quienes equiparan estas acciones a la pura estrategia. El mismo ex-jugador sueco, Mats Wilander decía ayer que Nadal también tardaba mucho entre servicio y servicio y hay quienes consideran que todos hacen coaching.
Las quejas están aumentando y el tenis es un ejemplo de deporte que se va adaptando a los nuevos tiempos. Por eso, estoy seguro que el código de conducta concretará, más pronto que tarde, con mayor precisión eso de «conducta antideportiva» o «retraso de juego». Mientras tanto, el patio de Monipodio del tenis nos sigue dejando estos entretenidos episodios.