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Esta semana Benoit Paire ha ensuciado el noble deporte del tenis. Cada día presenciamos gestos que dejan mucho que desear pero que poco importan a sus millonarios responsables


Nadie discute la calidad de jugadores como Paire o Kyrgios o el ya retirado McEnroe. Es más, llegamos hasta a agradecer la locura que despliegan en su juego anárquico, alejado de los parámetros en los que la mayoría del circuito se mueve. Quizá haya una conexión desconocida entre juego genial y mala educación.

Estos días estamos todos comentando las malas actitudes del arrogante Paire en Buenos Aires. Absorbido por la rabia del momento en el que el juez de silla y él no ven los limites de una marca de la bola en el mismo sitio, le llevó a escupir con desprecio. Esa misma actitud le hizo entregar el partido con una evidente falta de profesionalidad y desprecio por este deporte. No es la primera vez, ni la última que su comportamiento deja mucho que desear. Más preocupante me parece que, fuera de la adrenalina competitiva, ya en el hotel después de la ducha, las peligrosas armas de las redes sociales en manos de un personaje como Benoit, le han llevado a ahondar aún más la metedura de pata. Ahí se ha mofado de cuantos han criticado su actitud mostrando con ironía innecesaria el dinero que ha ganado en el torneo y a lo largo de su carrera deportiva, como si esa fuera su única vara de medir en la vida.

Si tuviéramos que apelar al ranking de «indeseables» del tenis, de los que no conocen ese deporte de valores intachables, rápidamente nos acordamos de Nick Kyrgios. El australiano es otro que oculta su genial juego y gran calidad con actitudes, dentro y fuera de la pista, que rozan el mal gusto y sólo buscan provocar en el calmado mundo de la raqueta.

Cualquiera podría decir que son excelentes seguidores de otro jugador que, lamentablemente, es más recordado por sus discusiones fuera de tono con los jueces de silla que por su juego. Me estoy refiriendo al gran John McEnroe. Gracias a Dios, en esa época las tecnologías no permitían la difusión de las majaderías como hoy.

En cualquier caso, sin llegar a estos niveles de falta de respeto a los rivales, a la afición y al tenis en general, sí se puede apreciar últimamente actitudes que no son gratificantes para nadie. Presenciamos día sí, y día también cómo jugadores destrozan sus raquetas a sabiendas de que sólo les caerá una insignificante multa que no afecta para nada sus repletas cuentas corrientes. Medvedev, Zverev, o incluso el mismo Djokovic, han traspasado toda su ira momentánea en la raqueta para descrédito del deporte y pésimo ejemplo para las nuevas generaciones que acaban copiando todas las acciones de sus ídolos.

El chipriota Baghdatis la paga con sus raquetas

Mal van las cosas si jugadores como Nadal, que jamás se han visto envueltos en episodios como este, son noticia por su ejemplaridad. El mallorquín es un referente inalcanzable para los mortales, pero jugadores como Federer, Edberg, Sampras deben ser el espejo en el que se miren los niños cada vez que salten a una pista.

El tenis no es más que un deporte y nada de lo que ocurra en la cancha debe conducir a gestos e imágenes que denigren o falten el respeto a rivales o espectadores.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

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