La herida de la derrota en la final de los JJOO, que sufrió Alcaraz ante Djokovic, es más profunda de lo que en un primer momento pareció. Otra derrota, con rotura de raqueta incluida en Cincinnati, ante Monfils en la segunda ronda y la que ayer padeció ante un discreto Van de Zandschulp en el USOpen, ponen de manifiesto el agotamiento físico y mental del murciano tras una primavera perfecta.
Me crie en una casa de grandes aficionados a la Fiesta en una España en la que, aún, podía verse el noble arte de la Tauromaquia por la televisión. Como espectador curioso siempre me preguntaba por qué la gente canalizaba su furia contra el torero que no se había arrimado lo suficiente, y mataba con un lamentable bajonazo a la fiera, tirando almohadillas con perversas intenciones para el diestro. El líder de esta clasificación negativa era Curro Romero, artista inigualable, que no tenía el valor como una de sus principales divisas, pero a quién se le atribuye la genial frase «una mala tarde la tiene cualquiera». Carlos Alcaraz ya ha pedido los derechos de autor de la sentencia para poder utilizarla con tranquilidad y, así, poder justificar esos terribles días de desconexión a los que nos empieza a tener acostumbrados.
Hace tan sólo un mes, el murciano estaba a punto de completar un trimestre perfecto, que le había llevado a la gloria en Roland Garros y Wimbledon, y cuyo colofón iba a ser el oro olímpico. Fue en ese partido, que Djokovic gestionó a la perfección, cuando se produjo el verdadero punto de inflexión de la temporada para el murciano. Sus ilusiones se vinieron abajo porque había colocado sus expectativas muy altas y había sacado la lengua a pasear con demasiada ligereza, la propia de un joven de 21 años que está acostumbrado a ganar. Porque, Carlitos, en apenas 4 años de profesional ha ganado 15 finales, cuatro de ellas de Grand Slam, y, tan sólo, ha perdido 5, ninguna en un grande. En un deporte en el que perder es lo habitual, por ejemplo, en el USOpen van a perder 127 tenistas y sólo ganará uno, Alcaraz tiene un registro increíble de 193 victorias y 51 derrotas, lo que le ha reportado un total de 35 millones de dólares en ingresos por premios deportivos. Es evidente que no sabe lo que es perder y debe aprender a hacerlo, como le ha ocurrido a todos, incluso a los más grandes.
Sea por lo que fuere, lo que parece evidente es que Alcaraz está agotado mentalmente. Los jugadores de hoy son incapaces de encadenar rachas que se prolonguen durante toda una temporada. Ahora nos parecería imposible ver a un jugador como el Djokovic de 2015 que ganó 11 torneos, 6 Master1000 y 3 Grand Slams, así como la Copa de Maestros, acumulando la friolera de 16.500 puntos a lo largo de todo el año. Quizá ahora cobre valor esa máxima que dice: «Los tiempos difíciles forjan hombres fuertes, los hombres fuertes crean buenos tiempos, los buenos tiempos crean hombres débiles, los hombres débiles crean tiempos difíciles,»… y así sucesivamente.
Ese niño que veía con admiración la liturgia representada alrededor de los toros, no acababa de entender cómo el público era capaz de mostrarse entusiasmado con los mismos toreros que, otros días, eran el objetivo que buscaba esa almohadilla que, por otro lado, había salvado a sus posaderas de pasar una mala tarde. Alcaraz ha nacido en una época en la que, los que no son muy aficionados, jamás ven una corrida de toros, quizá el espectáculo en el que más se aprecie lo cerca que están el éxito y el fracaso, terrenos que sólo son capaces de pisar los mejores diestros del tenis.
Me siento triste por las formas con las que últimamente veo a Carlitos.Siempre he confiado en el saber de FERRERO y que con El Carlitos llegará a la cima total del Tenis Mundial,pero algo grave debe estar pasando(quizás en ocasiones,no se toma en serio la competición??)Se cree superior cuando quiere???no sé. Los que están a su lado empezando por la familia deben hacerlo centrarse. Espero el cambio