El triunfo en el Master 1000 de Cincinnati ante Tiafoe, queda empañado por la noticia del positivo que Jannik Sinner dio durante el torneo de Indian Wells, disputado el pasado mes de marzo. La ATP que ocultó el caso, comportándose de forma diferente a como lo hizo en otras ocasiones, ahora lo saca a la luz declarando la inocencia del jugador, a pesar de que reconoce haberle impuesto una sanción económica y de puntos.
Resulta complicado entender, sobre todo si uno desconoce el funcionamiento de los trenes en España, un caso tan mal gestionado como el de la ATP con el resultado positivo en doping del actual número 1 del mundo, Jannik Sinner. Vivimos malos tiempos para la igualdad, por mucho que pensemos que estamos en el mejor momento de la historia de los derechos y libertades del hombre. Más bien, al contrario, tenemos la sensación de que es más acertado recurrir al sabio refranero español: «el que tiene padrino se bautiza, y el que no se queda moro».
No estoy aquí para valorar las intenciones que pudiera haber detrás de este positivo, que ni las conozco ni las las voy a averiguar, pero sí para denunciar el diferente tratamiento que ha dispensado la ATP a este caso con respecto a otros que aparecieron en el pasado. Guillermo Coria, excelente jugador argentino de principios de siglo, fue sancionado por la ATP sin atender, como se ha hecho ahora, a las justificaciones exculpatorias del propio protagonista. Los tribunales externos, fuera de la ATP, demostraron que las muestras se habían contaminado en el laboratorio y que Coria era inocente. Cuando todo se resolvió el daño ya estaba hecho y la carrera de «ese grande del tenis sin un grande» nunca volvió a ser lo mismo.
Con Sinner todo ha sido diferente. Esos niveles alterados de clostebol bien podrían ser fruto de una contaminación o de cualquier otro acto inocente por parte del jugador, pero, también es cierto que, en última instancia, ellos son los últimos responsables de cuanto ingieren y se les administra. Ahora, no sabemos siguiendo qué criterio, nos enteramos cinco meses después de que sí hubo sanción: la económica y la pérdida de puntos alcanzados en Indian Wells, pero no se entiende por qué no se suspendió sin poder jugar los correspondientes meses que establece el reglamento de la ATP para este tipo de casos. Este absurdo veredicto, lejos de beneficiar al italiano, creo que va a sembrar la alargada sombra de la duda durante toda su carrera. Intentando ayudar, mal negocio han hecho con su imagen. El reconocido estupidiario de las redes ya está lleno de mensajes tan lamentables como que «Alcaraz le ganó en Indian Wells a pesar de ir totalmente drogado» o las declaraciones del bocachancla de Kyrgios en las que vomita un «yo, al menos estoy limpio». Las autoridades del tenis podrían haber evitado todo esto con una gestión más racional del caso, en el que ha faltado una transparencia que ahora se torna llena de sospechas.
No digo yo, ni por peregrina que parezca la idea, que Sinner intentara mejorar su rendimiento con la ingesta de esas infinitesimales muestras encontradas de clostebol, pero es posible que a alguien de su entorno se le fuera la mano con un revitalizador, recuperador o complemento de mejora, y eso es responsabilidad del vigente campeón del Open de Australia.
La piedad otorgada al bueno de Sinner no la ha habido con Coria o la mismísima Halep, por eso, Sinner debería aclarar lo que le ha ocurrido para disipar dudas sobre su carrera. El deporte de alto rendimiento se debate en esa fina línea que separa las sustancias permitidas de las no aceptadas. Aquí lo que ha ocurrido es que mientras se aclaraban estas cuestiones, Jannik ha jugado 2 Grand Slams y ha ganado dos Master1000, el de Miami y Cincinnati y un ATP500 en Halle. El padrino en la ATP debe ser bueno…, quizá, hasta pudiera ser de su mismo país… Si el pseudoministro de transportes ha salido para intentar explicar qué está ocurriendo en la red ferroviaria española, Andrea Gaudenzi, presidente de la ATP, debería hacer lo mismo para explicar por qué se ha obrado de esta manera en el caso Sinner, pero este también lleva su retraso…, en el tiempo, se entiende.
No cabe la meno duda de, quien padrino tiene…., tal y como expresa nuestro reportero de cabecera.
Bien es cierto que el Presidente de la ATP, a la vista de las aclaraciones que en otro caso dio el ministro, en este caso español, y la poca critica que admitió respecto del funcionamiento de la Red de ferrocarriles de España, está ese Sr. Presidente de ATP moviendo hilos del ganchillo para hacer una historia que siendo increíble, tenga algo de credibilidad.
Lo malo de todo esto es que Sinner, que supongo pasaba por allí, pagará y será fruto de mil y un comentarios y algún que otra crítica más o menos interesada en desastibilizarle, con lo fácil que hubiera sido sacarlo en su momento a la luz y, solicitar explicaciones al respecto.
Estos dirigentes que nos toca sufrir dejan mucho que desear, ahora eso sí, lo hacen por nosotros y en otro caso por no desastibilizar el mundo del tenis.
Se me ocurre una pregunta que podría resolverse con lo que al final de estas letras dejo escrito…. ¿Por qué se oculta todo esto unos meses y no para siempre?
Lo ocurrido, no tiene un pase.
Cinco meses de ocultismo y retraso, un veredicto de inocencia, y siendo inocente… una sanción económica y una resta de puntos, lo dicho, no tiene un pase, y con esto del pase «torero», enlazo con la actualidad de la Feria de toros en Bilbao y con la coherencia a la hora de valorar las faenas de los maestros… en este sentido, buen ejemplo dan los bilbaínos ya que muestran coherencia y medida teniendo desde hace ya casi 30 años a un sólo presidente «Matías», que ejerce justicia y coherencia, la misma vara de medir para todos por igual, justo lo que no ocurre en la ATP. Lo ocurrido con Sinner es simplemente vergonzoso (independientemente de que sea culpable o no).
Creo que la famosa frase que a continuación expongo, puede hacernos reflexionar respecto al modo de actuar de la ATP.
«Excusatio non petita, accusatio manifesta»