tiafoe-tenis-racismo

La pandemia cede parte del protagonismo mediático a los acontecimientos racistas de los últimos días en EEUU


Cuando todos pensábamos que la pandemia provocada por el COVID19 iba a estar eternamente en la primera plana de los medios de comunicación de todo el mundo, han llegado los lamentables sucesos que está viviendo EEUU, tras la muerte de George Floyd, para desbancarlos del escalafón mediático.
Desde ese momento, alimentado por la oportuna grabación del móvil de algún ciudadano metido a reportero, se han desarrollado una serie de protestas a lo largo de todo Estados Unidos en contra del racismo, la xenofobia y los abusos policiales hacia ciudadanos de raza negra.
Por esta razón, con el medio mundo en pleno proceso de desconfinamiento, el otro medio haciendo las oportunas valoraciones de las pérdidas económicas de este período “negro” y con las competiciones deportivas suspendidas, hoy toca plantearse si hay o no racismo en un deporte como el tenis.

Llevo tiempo pensando que el racismo forma parte de un triste pasado de la condición humana. Los insultos, gritos y actos vejatorios que sufren cada poco tiempo los deportistas en los estadios deportivos son, para mí, gestos más provocadores, desafiantes y vejatorios que la manifestación convencida de una supuesta superioridad étnica. Aún así, estos días, viendo las imágenes del asesinato de George Floyd a “rodillas” de un policía, mi bondad humanística se viene abajo.

Mientras tanto, sin poder disfrutar estos días de un nuevo triunfo de Nadal en la tierra parisina, y en medio de esta ola de disturbios en la primera potencia mundial, desconocidos desde el asesinato de Martin Luther King en 1968, me planteo qué situación se vive en el tenis con respecto al racismo.

Gael Monfils levanta uno de sus títulos APT

Es curioso que en el cuarto deporte más popular del mundo la presencia de deportistas negros sea testimonial. Los aficionados difícilmente podrán enumerar alguno más de los Monfils, Tsonga, Tiafoe, Auger-Aliassime, Young o los retirados Blake, Noah, MaliVai Washington o el más laureado de todos, Arthur Ashe. Pocos son, sin duda.
En el circuito femenino, al menos, tenemos a las hermanas Williams, Sloane Stephens, o la prometedora Cori «Coco» Gauff.

Una de las posibles razones para justificar esta ausencia negra en los mejores puestos del ranking está en su origen británico. A principios del s. XX el tenis creció entre las clases altas británicas en las que, evidentemente, no proliferaban ciudadanos de raza negra. Con el paso de los años el deporte se ha popularizado hasta llegar a todas las clases sociales, pero aún mantiene ciertos aspectos que recogió de las costumbres más refinadas de sus primeros practicantes: control de emociones, silencio en el juego, tradición en la vestimenta…

El sociólogo y periodista Ben Carrington, en su “Ensayo sobre la representación de los atletas negros en los medios”, ya hablaba de cómo los periodistas estereotipaban el juego de los tenistas negros como impulsivos e improvisados, reforzando así la idea de que son atletas fuertes, poderosos y rápidos, pero con momentos irracionales y ‘salvajes’. Dicho de otro modo, cualquier acción espontánea parecida de Federer sería calificada, en cambio, de genialidad. Esta diferencia supone, para Carrington, un tipo de racismo implícito que nos lleva a pensar que los negros no están en los primeros puestos no por ser más atléticos, que parece evidente que por regla general lo son, sino que los blancos lo están por tener procesos intelectuales superiores.

¿Simple error de la muestra utilizada o interesado planteamiento para defender un supuesto racismo en estos niveles?

malivai-washington-racismo-tenis
Malivai Washington en Wimbledon

Hagamos un planteamiento parecido al del sociólogo estadounidense, pero démosle la vuelta. Final de 1983 en Roland Garros: Mats Wilander y Yannick Noah. ¿Para quién fueron los epítetos cargados de genialidad e inteligencia por saber cómo jugarle al rocoso tenista sueco? No creo que la falta de jugadores negros en lo más alto del ranking sea atribuible a cierto racismo institucional que favorece a unos y aparta a otros.
Cada jugador es diferente sin importar el color de su piel. Hay jugadores alocados, viscerales y geniales como Santoro con bajos índices de melanina.

En el circuito femenino se viene observando que es así desde hace años. Serena Williams ha liderado el circuito durante los últimos años y, aunque en ocasiones parece que tuviera que pedir perdón por su evidente superioridad física, que algunos evidencian en su raza, declaraciones tan poco acertadas como las de Martina Hingis al decir que “ser negras les ayuda” sonaba más a rabieta de lamento e impotencia que a un grito racista.

Lamentablemente el molesto fantasma del racismo sigue planeando alrededor de la sociedad y por ende del deporte. Ahora bien, en el tenis sostengo que a pesar de posibles comentarios o actitudes de dudosa conveniencia que son analizados con claros prejuicios, nadie en su sano juicio puede justificar la superioridad racial que ahora denuncia todo el mundo. Mi habitual optimismo sociológico me lleva a pensar que el racismo no existe, sino el clasismo, la diferenciación social y las ganas de molestar con continuas faltas de respeto desde cómodas posiciones de anonimato que ofrecen la multitud de los estadios o las propias redes sociales.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

Un comentario en «¿RACISMO EN EL TENIS?»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *