Las manifestaciones a las puertas del consulado español en Sao Paulo, las condenas del alto comisionado de la ONU y las constantes referencias de todos los candidatos a las próximas elecciones autonómicas y municipales acerca de los insultos racistas que recibió el pasado domingo Vinicius en Mestalla, ponen de manifiesto que, el tema se nos ha ido de las manos. Es necesario tomar medidas para erradicar este tipo de comportamientos en espectáculos deportivos, pero está claro que, los más avispados están aprovechando el tirón para desviar la atención de cuestiones más urgentes. Lewis Hamilton, Kylian M’Bappé, Tiger Woods, Frances Tiafoe, Lebron James, Usain Bolt, Michael Jordan o el mismísimo Pelé son mitos del deporte cuya raza no ha sido un impedimento para que triunfaran en su campo y fueran admirados por los aficionados.
A ver cómo lo digo para que nadie se moleste y quede claro el mensaje: el temita Vinicius me tiene negro. España no es más racista que homófoba, violenta, negacionista climática, taurina, comunista, obesa, fascista, perezosa, supremacista, envidiosa o atea. Si extrapolamos lo particular a lo general es muy probable que saquemos conclusiones erróneas sobre lo que somos. Esta práctica, estratégicamente utilizada por los poderes públicos, a los que se suman los medios de desinformación, redes sociales y demás fuerzas de acoso y derribo, acaban conquistando las mentes de todos los ciudadanos. El caso es que unos impresentables que acuden quincenalmente a su estadio para insultar a los jugadores del equipo rival, por la razón que sea, no merecen la relevancia mediática que el tema ha cobrado.
En pocos días se van a cumplir los 40 años del triunfo de Yannick Noah en Roland Garros, único jugador negro que ha levantado la Copa de los Mosqueteros. Sólo Arhur Ashe ha sido capaz de ganar otros tres Grand Slam con tan bajos niveles de melanina en la piel. Curiosamente estos dos tenistas de color… negro, son auténticos ídolos en sus países, aunque, tanto Francia, como EEUU, pasan por ser dos de las naciones más celosas de su original condición racial. Este no es el caso de España. Durante la colonización de América, nuestro país fue un ejemplo de como mezclarse con las diferentes razas que por allí andaban, dando lugar a una extenso catálogo étnico de mestizos, zambos, jenízaros, mulatos, cuarterones… Como ya he mantenido en alguna ocasión en este blog, en el tenis, como en el resto de deportes, a pesar de posibles comentarios, totalmente reprobables, fruto de la mala educación de las personas, nadie en su sano juicio, puede justificar actualmente la superioridad racial de unos sobre otros. Mi habitual optimismo sociológico me lleva a pensar que el racismo no existe, sino que lo confundimos con el clasismo, la diferenciación social y las ganas de ofender con continuas faltas de respeto a quién se posiciona en nuestras antípodas culturales, ideológicas, religiosas o deportivas.
Ahora nos toca vivir una época en la que los sentimientos prevalecen sobre la razón. Tiafoe, Auger-Aliassime y Monfils reciben los mismos premios que sus compañeros blancos, sufren las iras del público cuando se enfrentan a rivales locales y se duchan en los mismos vestuarios que los tenistas menos oscuros. Eso no es óbice para que un impresentable desde la grada, o desde el anonimato de las redes sociales, pueda vomitar sus insultos acerca del color de su piel. Lo mismo hacen cuando se refieren, con la mala baba habitual, a la falta de centímetros de Schwartzman, al exceso de kilos de Wawrinka o al origen de Medvedev, sin que por esto hagamos un mundo de la supremacía de los altos, de los delgados o de los que han tenido la suerte de no nacer en la Rusia de Putin. Tontos hay en todas partes, el problema surge cuando los listos les otorgan a éstos la categoría de inteligentes y difunden su mensaje como una amenaza contra la que hay que luchar para salvarnos.
Falsa alarma. No existe tal racismo, pero como si de un dogma se tratara nos lo imponen como un mal que requiere de todos los recursos que sean necesarios para erradicarlos. ¿Nadie ve que a Vinicius no se le dice negro porque se odie a los negros, que se silba a Tiafoe en Roma porque discute una bola que favorece a Musetti, que se quiera que pierda Hamilton porque preferimos a Alonso, que no se puede no votar a Obama porque seamos republicano o, incluso, que te aburran las películas de Denzel Washington porque preferimos las de Paco Martínez Soria? ¿Somos incapaces de reconocer eso? Ahora bien, dicho esto, está claro que debemos trabajar para que estas actitudes de mala educación social, a las que nos han llevado los mismos que ahora lo bautizan como delitos de odio, sean perseguidas y castigadas con la misma determinación que al asesino que mata a un inocente, al okupa que se adueña de lo que no es suyo o al rapero que utiliza su libertad de expresión para insultar a quien le apetezca.
Vivimos tiempos complicados para la verdad. En ocasiones la anécdota supera la categoría y la historia se reescribe para adecuarla a nuestro antojo. Estábamos ya acostumbrados a hablar de la vivienda, de Bildu, del interail para jóvenes y del cine a 2€ para los mayores cuando, de repente, el racismo ha entrado en nuestras vidas como un elefante en una cacharrería. La RAE propone otras alternativas al rancio eufemismo de «persona de color» por el de piel oscura o de raza negra. En América del sur también se utiliza la expresión «moreno» coloquialmente y «negro» como forma de tratamiento para referirse a una «persona muy querida». Así se ve a Vinicius aquí, por unos, los followers, y como alguien muy odiado por ser un tormento para su equipo para los otros, los haters. Nada que no hayamos conocido ya cuando decían enano a Messi, gordo a Hazard, falto de humildad a Cristiano Ronaldo, Judas a Figo o, directamente, se acordaban de todas y cada una de las madres de los árbitros de cualquier partido.
Llevo tiempo pensando que el racismo forma parte de un triste pasado de la condición humana. Los insultos, gritos y actos vejatorios que sufren cada poco tiempo los deportistas en los estadios deportivos son, para mí, gestos más provocadores, desafiantes y cobardes que la manifestación convencida de una supuesta superioridad étnica. Hagamos todos un esfuerzo por no deshacer los logros alcanzados y démosle la importancia justa que tiene a lo que son simples gestos de mala educación que hay que erradicar, en la misma medida que el resto de delitos que se cometen todos los días. Por eso, recomiendo a los manifestantes brasileños que se preocupen más por las condiciones en las que viven muchos de sus conciudadanos, a los de la ONU que trabajen para erradicar situaciones más urgentes en este mundo que vivimos, más que preocuparse por unos insultos a un privilegiado del mundo del deporte como Vinicius, y a los políticos de esta insufrible campaña electoral, que mejoren la vida de sus vecinos que ya están negros de tanta manipulación.
La verdad vive oprimida. La manipulación reina con fuerza. Es vergonzoso seguir escuchando ya por tres días seguidos, el dichoso temita con tanta reiteración y me pregunto… nadie va a hacer una reflexión respecto a la cantidad de personas de color (deportistas profesionales) que en el día a día desarrollan su vida de un modo normal, nadie ha caído en que otros compañeros del Real Madrid, más negros que el protagonista (un arrogante mal educado) están ahí y no generan ciertos odios ni son víctimas de acusaciones racistas. No cuadra, que una sola persona, que no despierta simpatías, y por el mero hecho de ser negro, pueda colgarnos a todos los españoles el cartelito de racistas. Muy triste es recordar, que en marzo, Ángela Rodríguez «Pam» nos puso otro cartelito a todos los hombres de España con aquello de que «Los hombres son violadores. En este país bastante» y no hubo apenas condenas, ahora en cambio… cuanta repercusión. Esto es indignante.
Esta sociedad no enseña día tras día que cuestiones deben de ser el centro de nuestra atención y todos o al menos una mayoría asumimos el papel hacia donde nos dirigen.
La falta de educación, el derecho a decir y opinar lo que se quiera sin tener en cuenta la opinión y deseo de los demás consigue que se pueda poner diferentes nombres a esos maleducados e inoportunos comportamientos.
Demos valor a todo lo verdaderamente importante y quitemos todo aquello que tapa lo verdaderamente importante.
Para unos seran graves insultos, siendo para otros racismo, ambas definiciones total y absolutamente reprobable fruto de la falta de educación cada vez más extendida.
Racismo habrá hoy y siempre y, lo que se debe hacer es, con la enseñanza erradicar todo ese tipo de comportamientos, dado que es un largo proceso.., de momento seamos los mayores los que con nuestro comportamiento damos lecciones a esas generaciones que no de forma generaliza da están faltos de comportamientos a seguir dentro de la más absoluta normalidad de reglas entre todos los seres que poblamos esta España nuestra que de seguir así no se sabe cuanto nos durará.
Muy aburrido ya el tema. Pantalla de humo para ocultar la pésima temporada de Vinicius y del Real Madrid. Ya podrían ser más originales porque esto se hace ya muy repetitivo.