Djokovic se reivindica como uno de los grandes herbívoros de la historia, Nadal sufre su enésima lesión para apartarle del Golden Slam y Kyrgios se cuela en una final que le queda grande. Sin rusos, sin puntos y con las bajas por COVID, Wimbledon sólo tenía el atractivo de la lucha por el GOAT
En la Carrera de San Jerónimo llevaban, por unas cosas o por otras, siete años sin detenerse a analizar cuanto ocurre en nuestra piel de toro. Aquí no queremos que nos ocurra lo mismo, por eso hacemos balance de cuanto ha ocurrido en el Grand Slams más extraño que se recuerde. Wimbledon 2022 ha sido el torneo de exhibición más grande que jamás se haya jugado y, una vez terminado, nos deja una serie de cuestiones que seguro incitan a los lectores a opinar sobre ellos:
- ¿Con quien iba Nadal en la final?
Con una España dividida entre los que no pueden ver a Djokovic, por su rivalidad con Nadal, y los que no soportan a Kyrgios, por su falta de respeto al tenis, muchos se dirimían entre susto y muerte. La disyuntiva era mantener la distancia de dos Grand Slam con Nole o dejar que un personaje que no le tiene respeto a nada ni a nadie se cuele en el palmarés del más antiguo y prestigioso de los torneos de tenis. Aquí ya dejé mi opinión en defensa de nuestro deporte. Mi punto de vista es que Nadal sabrá defender su superioridad en la pista sin necesidad de la ayuda de un bufón de juego talentoso, pero inconstante. Por eso, estoy seguro de que cualquiera que conozca a Nadal no puede imaginárselo viendo la final y deseando que Kyrgios superara a Nole. Su desorden a la hora de colocar las botellas, el «gurruño» de toallas en los soportes de cada jugador en el fondo de pista, las cáscaras de plátano tiradas junto a la silla en la que pasa su minuto de descanso y las raquetas, unas deformadas otras no, fuera de su bolsa dibujan una estampa que está en las antípodas del ordenado paisaje que deja, allá por donde va, Rafa Nadal. La geografía es sabia y coloca en los extremos del globo terráqueo las dos formas de entender la vida y el tenis. - Wimbledon, el Grand Slam de hierba que se acaba jugando en tierra.
El USOpen se jugó desde 1881 sobre hierba. En 1974 por presiones económicas que ya veían en el tenis una gallina de los huevos de oro que se podía explotar mejor, decidieron abandonar esa superficie por otras más rentables. Primero lo intentaron con la tierra, bien lo aprovechó Orantes, para luego, decantarse, desde 1978, por la superficie dura.
Más tiempo aguantó el Open de Australia jugándose sobre la hierba. Fue en 1988 cuando se decidió buscar alternativas a la pérdida de interés por el torneo y se optó por el cambio de superficie al cemento del Melbourne Cricket Ground. Wimbledon es el único que mantiene la tradición de jugar en una superficie en decadencia. Menos de una decena de torneos ATP se juegan sobre hierba, lo que es la viva muestra de que algo está ocurriendo. La transición que ya hicieron el USOpen y el Open de Australia la hace cada año el All England Tennis Club durante su segunda semana de juego. El aspecto de la central de Wimbledon pierde su color verde, pero no es una simple cuestión estética. La tendencia al juego de fondo de las últimas décadas en el tenis hace que los botes de la bola, los resbalones de los jugadores y los efectos extraños sean continuos en las rondas finales, las más importantes, del torneo londinense. Por eso, desde aquí propongo limitar el juego en la Central a la segunda semana para que las rondas finales sí se acaben jugando sobre hierba. - Costumbres del s.XIX en pleno s.XXI
Wimbledon oscila entre lo rancio y lo elitista. En la ciudad más cosmopolita del mundo resulta extraño exigir a los protagonistas del evento determinada indumentaria. La ATP se pliega a esta obsesión británica de ir por libre en todo. A su costumbre de saltarse a la torera el ranking para elaborar el cuadro, hay que añadir la exigencia de que los jugadores vistan de blanco en esa obsesión por identificar la pureza con Wimbledon. Visto así, resulta sorprendente que sí permitan otras formas tan revolucionarias como las gorras colocadas de formas incomprensibles, los tatuajes, tan alejados de las formas más clásicas, o zarcillos llamativos que se alejan del perfil soñado del gentleman inglés. Con todo eso Wimbledon hace la vista gorda y Kyrgios alimenta esa provocación hasta límites insospechados, como recoger el trofeo de subcampeón con una gorra colorada. Kyrgios se ha dejado 17000€ en sanciones por sus malas formas, pero al final con su gorra roja, ensució la obsesión de pureza de Wimbledon. - Nadal no es creíble para algunos tenistas.
En medio de este mediocre Wimbledon, el mundo del tenis recordará tres o cuatro cosas, no más. La primera de ellas, estoy seguro, será la agónica victoria de un Nadal lesionado ante Fritz. Algo que la mayoría de los mortales valoramos como una capacidad innata de superación del balear saca las envidias de personajes del tenis. En este caso han sido dos genios que han destacado más por su calidad que por su capacidad de trabajo. Me estoy refiriendo a Fabio Fognini y John McEnroe. Dios los cría y ellos coinciden en sus majaderías. Porque, a ver que yo me entere qué es lo que quieren decir con esto de que Nadal finge sus lesiones. Según ellos, utilizó su lastimera actuación ante Fritz para superarle y terminó su teatral actuación no presentándose ante Kyrgios. Las artes escénicas están esperando con anhelo su retirada para contar con un gran actor protagonista. De momento, el italiano y el norteamericano se conforman con algún papel de reparto en el circo del tenis. - El nuevo escenario ante el COVID
Wimbledon está obsesionado por mantener las esencias del tenis, por que sus muros permanezcan limpios de mensajes comerciales y vestimentas blancas, en cambio, se muestra muy laxo en las medidas contra el COVID. El torneo ha dejado libertad a los jugadores para decidir si continuaban o no en competición si daban positivo. Éstos, predispuestos a jugar por la falta de síntomas, se han enfrentado a la decisión más difícil de sus vidas. Berrettini, Cilic y Bautista han optado por la postura más conservadora para todos. A mí me resulta sorprendente que se sea tan estricto en cuestiones livianas y tan laxo en las importantes. Australia y EEUU no dejan jugar sin la pauta de vacunación y Wimbledon da la oportunidad a los jugadores a participar si su sintomatología se lo permite. Hoy mismo, en el Tour de Francia, Rafal Majka, compañero de equipo de Pogadjar, ha decidido continuar a pesar de dar positivo. Todo muy extraño. - Guerra a los tenistas rusos y bielorusos
Una medida de cara a la galería, así se podría describir la exclusión de los Medvedev, Rublev, Khachanov o Karatsev quienes, a pesar de su ofrecimiento a colaborar en campañas para recaudar dinero para las víctimas ucranianas de la ocupación con exhibiciones o, incluso, donando los premios que obtuvieran, no tuvieron el beneplácito de la organización. En cambio, esta medida no afectaba a rusos que se han nacionalizado por interés como kazajos y que, posiblemente, sean más rusos que los excluidos. Me estoy refiriendo a Mikhail Kukushkin, Alexander Bublik o la ganadora del torneo en categoría femenina: Elena Rybakina, moscovita de nacimiento pero que recibieron una millonaria oferta de la federación de tenis de Kazajistán para nacionalizarse por ese país. La medida de excluir a los jugadores rusos no ha servido para nada salvo para lavar la imagen de un país que también tiene muchas cosas que ocultar. - Djokovic evitó que un no cabeza de serie ganara Wimbledon.
Solo Boris Becker, un juguete roto del tenis que alcanzó sus mayores éxitos en Wimbledon, e Ivanisevic, actual entrenador de Djokovic, ganaron el torneo londinense sin ser cabeza de serie. Hoy lo intentaba Kyrgios, quien desde el puesto nº40 pretendía alcanzar su sueño. Nole ha evitado una gesta que sólo se ha producido en siete ocasiones en un Grand Slam: Mark Edmonson, último australiano en ganar el torneo australiano en 1976, Wilander, en Roland Garros de 1982, Becker en 1985 e Ivanisevic en 2001 sobre la hierba londinense, Agassi, en el USOpen de 1994, y los sudamericanos Kuerten y Gaudio en 1997 y 2004 sobre la tierra parisina. De buena nos ha librado Nole.
Fin a la gira hervíbora. Estas son mis conclusiones y mis opiniones. Dadnos las vuestras en los Comentarios.
Buena reflexión, sobretodo en la referente a Wimbledon. No imagino una superficie allí que no sea la verde de la hierba, pero sí que deberían cuidar de alguna forma las pistas para ofrecer el mejor espectáculo posible. Veremos que nos depara el tenis en próximas citas y sobretodo esperemos que Rafa pueda recuperarse sin secuelas para seguir dándonos alegrías este año.
Comparto tu opinión en todo.
Lo de Wimbledon es algo excéntrico, pero cambiará cuando los jugadores presionen o protesten de alguna forma, o cuando los espectadores pierdan el interés por el torneo. No sé si lo veremos.
Y otro aspecto que lleva a reflexionar es por qué un tipo como Kyrgios tiene tantos seguidores, sobre todo jóvenes, con lo impresentable que es. Es posible que nos enfrentemos a un público nuevo que no ve en el tenis un espectáculo deportivo, sino de otro tipo, como está pasando en otros temas. Como dice mi padre:»se está perdiendo el flamenco con las canciones modernas ?
Pues gran comentario/opinión sobre este último torneo de exhibición celebrado el la hierba!/tierra de Wimbledon.
Con respecto a futuro reconociendo la importancia de su celebración en este tipo de superficie… No es menos que esta se encuentre lo más perfecta posible para las fases finales por ello se debería reservar su central para los enfrentamientos casi desde cuartos… Con ello la final se desarrollaría sobre un manto más verde que el ofrecido de forma habitual.
Con respecto al tema de Nadal… siempre existirán esas opiniones que tratan de restar mérito a esos logros del mejor deportista español de todos los tiempos «opinión personal» por ese afán de perjudicar a todo el que destaca en el cometido que desarrolla.
Con referencia a los temas Covid/Ciudadano rusos…. Esa vara de evaluar/medir…no siempre se aplica con razonamientos como en este caso deportivos…. Pero los organizadores adoptan posturas que, a saber que criterio les mueve……, es lo que hay!!!!.
Muy buen reportaje, en cuanto a la exclusividad de la hierba en el torneo, entiendo el deseo por mantenerlo, pero como dices, hasta qué punto la estética debe superar la eficacia.
Sin duda algo tendrá que cambiar, y menos mal que Kyrgios no ganó, si no la hierba de Wimbeldon, además de gastada estaría manchada para siempre.
Gran opinión!!! Comparto todo lo dicho…La vara de medir para ciertas cosas la verdad es que no es como tendría que ser…tema covid por ejemplo!!!
Sobre Nadal poco hay que decir… impresionante con eso vale…y aquellos que le acusan de actuar deben de vivir en otro mundo…
Menos mal que Kyrgios no ganó…alguien así no debería ni participar…