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Se acerca una nueva edición de Wimbledon, que estará marcada por el veto a los rusos y la ausencia de puntos, pero también debemos recordar a una de las leyendas de la hierba londinense que atraviesa por uno de los peores momentos de su vida. Boris Becker, tres veces ganador en el All England Tennis Club, cumple condena de dos años y medio de cárcel por ocultar 3 millones de euros. Repasamos la carrera de uno de los mejores tenistas de la historia.


Corría el mes de julio del año 1985 cuando, mientras en Pamplona muchos mozos vestidos de blanco evitaban caer al suelo para no quedarse expuestos a los morlacos, en Wimbledon, un joven alemán de pelo rubio y pestañas doradas, se lanzaba al suelo para alcanzar cualquier bola, por imposible que pudiera parecer, y así, desafiar la impoluta corrección del atuendo inmaculado que exige el All England Club. En frente, un sudafricano nacionalizado estadounidense diez años mayor, Kevin Curren, intentaba sin éxito hacer un borrón en el primer capítulo en la historia de Boris Becker: el más joven ganador de Wimbledon y primer no cabeza de serie en conseguirlo.

Nacido en Leiman a finales de 1967 en el seno de una familia católica, el joven Boris le cogió pronto el gustillo al tenis gracias a la pista que la familia tenía en casa. Su padre Karl-Heinz, arquitecto de profesión, era un buen aficionado a nuestro deporte. Pronto, su juego agresivo y su servicio letal fueron determinantes para colocarle en los primeros puestos de las categorías por las que iba pasando. El apelativo de Boom, Boom Becker le acompañó desde sus inicios. Sólo bastó con que perdiera unos cuantos kilos que, en los primeros años, entorpecían su movilidad para que continuara su meteórica progresión. Así fue como llegó su primer Wimbledon, primero también para Alemania, que repetiría al año siguiente, esta vez contra Ivan Lendl, negándole al checo el único Grand Slam que no ganó. El tercer título del germano sobre la hierba londinense llegó en 1989, ante Stefan Edberg, en la que fue, sin duda, la mejor temporada del rubio jugador alemán al imponerse también en el Open USA y, representando a la República Federal Alemana, la Copa Davis.

En los 90 su juego se asentó. Número 1 durante 12 semanas en 1991, medallista olímpico en Barcelona en dobles junto a su compatriota Michael Stich y dos veces campeón en el Abierto de Australia, completan sus 6 Grand Slams, 3 Masters Finals y 2 Copas Davis. Su única espina es no haber completado los Major con Roland Garros, torneo que se le resistió siempre, cuyo juego no se adaptaba a la tierra y en el que llegó en tres ocasiones a las semifinales (1987, 1989 y 1991), pero ahí fue apeado por especialistas como Mats Wilander, Stefan Edberg y André Agassi.

Pero también fue en esa década cuando empezaron sus problemas fuera de las pistas. Su matrimonio en 1993 con Barbara Feltus, modelo, actriz y diseñadora norteamericana de origen germano-africano y de raza negra no fue bien acogido en la Alemania Occidental de finales de siglo. El tenista y su joven esposa respondieron con un posado desnudos para la revista «Stern», lo que avivó la polémica y los convirtió en iconos de una nueva Alemania recién unificada y que mostraba a la pareja como emblemas contra la intolerancia, el racismo y la xenofobia.

La historia de este potente y talentoso germano parece diseñada por un diabólico arquitecto de montañas rusas, con momentos deportivos de grandes emociones y oscuros episodios fuera de la pista que han minado su arcas y hasta su libertad. Una delicia sobre la pista con inolvidables duelos con Lendl, Edberg, Agassi o Ivanisevic, pero un escándalo tras otro fuera de ella. Su primer matrimonio concluyó cuando esperaba a su segundo hijo, tras salir a la luz una inseminación no autorizada por Becker, después de que este tuviera un encuentro sexual con la modelo rusa Angela Ermakova. El chantaje fue una cuestión más oral que moral. De ahí nació su tercera hija a la que acabó reconociendo tras las pruebas de ADN.

Sus líos de faldas no fueron los únicos. En 2002 fue acusado de evasión de impuestos al no pagar al fisco alemán alegando que residía en Montecarlo. En esa ocasión no pisó la cárcel, pero fue multado con medio millón de dólares y estuvo en libertad condicional durante dos años.

El falló no consiguió su objetivo pedagógico, sino únicamente disciplinario, y el astro del tenis acabó reincidiendo. A pesar de sus 25 millones de dólares conseguidos en premios, de ser propietario de varios negocios y de colaborar con la BBC como comentarista desde que dejó las pistas, las indemnizaciones y compensaciones que el alemán tenía que entregar a sus hijos y ex-parejas un tribunal lo declaró en bancarrota por no hacer frente a nuevos pagos. Hace tan sólo dos meses fue condenado por la Corte Suprema a dos años y medio de cárcel por ocultar 3 millones de euros.

Ahora la justicia británica le condena por cuatro delitos financieros relacionados con su bancarrota. El alemán no salva el matchball del jurado del Tribunal de Southwark (Londres), quien reunido en vista oral, lo ha enviado a una de las peores cárceles británicas. Una vez más lo «oral» vuelve a pasarle una mala jugada al mejor jugador alemán de la historia y uno de los más grandes jugadores de tenis de todos los tiempos.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

2 comentarios en «BOOM, BOOM, BECKER. UN JUGUETE ROTO DEL TENÍS»

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