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Más cercano a una estrella del rock que del tenis, el merchandising dibujó su peculiar aspecto, impropio de este deporte, pero lo cargó con la insoportable presión por conseguir el triunfo. El objetivo lo logró pero a un precio demasiado alto: odiar el tenis y a sí mismo.


Ganar y perder, sólo se trata de eso. En el tenis, hay historias en las que pierdes con las victorias y los fracasos se convierten en el principio de tus mejores logros. Así se explica la carrera profesional de André Agassi, uno de los más grandes tenistas de la historia.

Nacido en Las Vegas en 1970 no recuerda cuando cogió por primera vez una raqueta ni cuando empezó a sentir la presión por alcanzar los mayores triunfos. Esa fuerza que te impide disfrutar de aquello que haces, darle sentido a tu profesión, amar tu quehacer diario.

Pronto las expectativas se dispararon. Con 15 años ingresó en la Academia de Nick Bolletieri en Florida y, tan sólo dos años después se convirtió en profesional. El hambre por el éxito y el nivel de perfeccionismo que le inculcó su padre, ex-boxeador de origen iraní, se convirtió en una obsesión para un joven Agassi que jamás se había cuestionado su amor por el tenis.

Conforme Andre cumplía sus etapas, poco a poco se iba convirtiendo en un ser cada vez más infeliz. Con 22 años ya había ganado 2 de los 8 Grand Slams que alcanzó en su carrera deportiva. Alcanzó, al menos, una vez todos los grandes, sin contar un Masters Finals, 3 Copas Davis y un triunfo en los JJOO de de Atlanta 1996. Inmejorable palmarés para Agassi que, de momento, le hace mantener uno de los pocos récords del mundo del tenis que no han fagocitado los monstruos del Big-3, el Golden Slam.

Glorias y éxito en las canchas pero los problemas interiores iban aumentando. Por esa época, el jugador de Nevada, lucía peluca, pendientes, pantalones cortos vaqueros y coloridas camisetas que, hasta entonces eran poco habituales en el, ya de por sí, conservador circuito tenístico. Él no era el que estaba detrás de ese aspecto excéntrico. Sentía que era un fraude, que no era la persona que se mostraba detrás de esa fachada. Un timo. Llegó a odiar el tenis. Millones de seguidores queriendo ser Agassi, y él no quería ser él mismo.

Agassi reconoció jugar con peluca la final de Roland Garros 1990

Esa es la mano de la baraja que le tocó en el reparto de la vida, un reparto que nunca eligió. Años más tarde escribiría en su autobiografía «Aunque no sea tu vida ideal, siempre puedes escogerla. Sea como sea tu vida, escoger lo cambia todo».

Su rivalidad con Sampras no le impidió ser más de 100 semanas nº1 del ranking ATP. Pero Pete, aunque le robo muchos triunfos en las canchas, le hizo mejor persona. El neoyorkino, «era el espejo en el que me miraba», reconoció posteriormente Agassi. Ese era un espejo que mostraba una persona muy diferente a él, pero en el que siempre se fijaba porque, Pete, sí se conocía a sí mismo y eso le hacía superior a él.

Todo se desvaneció en 1995 con la fragilidad de un castillo de naipes. La apariencia no era sincera. Su vida era un fraude representado en la larga peluca que ocultaba su calvicie y que no decidió mostrar hasta la final del US Open de 1995. Su ruptura con Brooke Shields y el consumo de metanfetaminas dieron paso a una terrible depresión. Perdió la ilusión, se sentía vacío a pesar de ser el mejor jugador del circuito. El hoyo en el que se vio inmerso sólo encontró la salida en las drogas. El consumo de cristal, metanfetamina e incluso cocaína se descubrieron en un control antidopaje de la ATP, golpe del que salió ileso alegando un error de su asistente y evitando así una suspensión del circuito. Agassi no necesitaba una condena, sino ayuda.

A finales de 1997 tocó fondo. Número 141 del ranking y sumido en su propio infierno. Ahí empezó el Agassi 2.0, decidiendo, por primera vez, sin obligaciones familiares impuestas desde la infancia,  jugar al tenis. Quería darle una oportunidad a lo que había sido su vida. Quería disfrutar con lo que haces, encontrarle sentido a su vida cotidiana. Era como poner los pies en el suelo y darse cuenta de lo privilegiada que era su situación.

Regresó con fuerza para, en 1999, conseguir el grande que le faltaba, Roland Garros. Y de paso, conoció a Steffi Graff, la gran tenista alemana que se convirtió en su mujer.

Agassi junto a Steffi Graff en una exhibición

En 2009, ya retirado, decidió abrirse al mundo con su biografía, titulada «Open». Su «Open» más difícil. Ahora tocaba explicar los golpes del tenis,  no los que daba de derecha o de revés a dos manos, sino los que su lucha interior fue fraguando durante su carrera deportiva. Casi 800 páginas que apenas hablan de triunfos en la cancha, ganancias publicitarias y focos mediáticos.

Pero Andre, al contrario que otros, tuvo que llegar a la cima para desplomarse en su propio vacío vital. El tenis es un deporte solitario, no hay otro en el que uno hable tanto consigo mismo. Preguntas que no siempre sabes responderte en la soledad de un hotel tras una derrota inesperada. La vida, como una cancha en la que tú sólo tienes que resolver tus problemas. Cada partido, cada set, cada punto te ofrece un problema diferente. En la medida en la que un jugador desarrolla las herramientas para pasar la pelota al otro lado de la red, para sobrevivir, conforme mejores decisiones tome y más aprenda de los problemas, mejor le irá el partido de la vida.

Agassi fue espectador de primera fila de su exitosa carrera deportiva, pero no el protagonista de su carrera vital. Aún así, para alguien de Las Vegas, la vida, como el tenis, no es más que un juego en el que unas veces se gana y otras veces se pierde.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

3 comentarios en «AGASSI, AMOR Y ODIO AL TENIS»
  1. Magnífico artículo el escrito en referencia a un magnífico tenista. Andre fue un referente del tenis durante muchos años. Poco más sé puede añadir a lo ya descrito, solamente hacer hincapié en el hecho de lo importante que es dedicarse a algo que te llena y te hace feliz, sin olvidar que este noble deporte tiene mucho de psicología y soledad. Los últimos casos ya conocidos de los recientes juegos olímpicos, han puesto de manifiesto la importancia de cuidar la estabilidad mental de los deportistas profesionales. Bueno sea todo aquello que humanice a estas personas…

  2. Buenos días me ha encantado leer con detenimiento las pinceladas de la biografía deportiva y familiar de uno de los mejores tenistas de la historia. Con mucha razón este deporte es tan particular que tú sólo te lo guías y te lo comes. Cuando triunfas todos a tu lado, cuando fracasas ni tienes ni esperas, tu fuerza por superarte es lo único que te acompaña. Fenomenal el articulo

  3. […] En los 90 su juego se asentó. Número 1 durante 12 semanas en 1991, medallista olímpico en Barcelona en dobles junto a su compatriota Michael Stich y dos veces campeón en el Abierto de Australia, completan sus 6 Grand Slams, 3 Masters Finals y 2 Copas Davis. Su única espina es no haber completado los Major con Roland Garros, torneo que se le resistió siempre, cuyo juego no se adaptaba a la tierra y en el que llegó en tres ocasiones a las semifinales (1987, 1989 y 1991), pero ahí fue apeado por especialistas como Mats Wilander, Stefan Edberg y André Agassi. […]

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