Llegan las semifinales del Grand Slam de la hierba y lo hacen con la añoranza de la ausencia de Alcaraz, que completaría el cuarteto de estrellas del tenis actual. En su lugar se ha colado Arthur Fery, un británico nacido en la Galia que buscará, contra Zverev, el milagro de sentirse profeta en su tierra. Djokovic y Sinner ya saben lo que es ganar en la hierba londinense, así que jugarán por un nuevo título que agrande su expediente académico en la más prestigiosa de las universidades del tenis.
Hace tan sólo unas semanas, el diario ABC entregaba sus premios Mariano de Cavia, los más prestigiosos galardones de la prensa española. Lo que más me gusta de estos premios, y por supuesto, lo que más me sorprende de ellos, es que el insigne periodista zaragozano que les da nombre, jamás escribió en la cabecera de los Luca de Tena. De ello se deduce que no estamos incapacitados para admirar las genialidades ajenas. En Wimbledon están acostumbrados a hacerlo. Desde que Fred Perry ganara Wimbledon en 1936, sólo ha levantado el trofeo londinense Andy Murray, y encima, era escocés. En esta edición del Grand Slam de la hierba, la afición británica anda ilusionada con un tal Arthur Fery, un chico que se sale de los patrones del tenis actual, que se ha visto beneficiado por una invitación para acceder al cuadro principal, y que poco a poco, ha ido sorteando rivales para colarse en toda una semifinal de Wimbledon.
Zverev será mañana el rival de Fery. El alemán ha cogido carrerilla desde que se graduó en Roland Garros. Ahora todos los exámenes le salen bien. Es la primera vez que se sabía las preguntas que daban acceso a las semifinales de la hierba londinense, completando así la penúltima ronda en los cuatro grandes. El alemán sólo se ha dejado un par de sets en todo este curso intensivo en Wimbledon, ante Blockx en primera ronda, y contra Lehecka en octavos de final, pero, el dato que constata que Shasha está preparado y progresa adecuadamente es que, ante Fritz, en los cuartos de final, desplegó su mejor tenis sobre esta superficie en toda su carrera deportiva.
Hoy en día, el más pequeño de nuestros hijos ya se ha graduado más veces que el mismísimo Albert Einstein en toda su vida. Organizamos desde el parvulario importantes eventos para fingir lo que aún no somos y, posiblemente, nunca seremos. A los de la otra semifinal nos les hace falta ningún evento que justifique los 28 Grand Slams que acumulan entre los dos. Djokovic y Sinner, pasado y futuro del tenis, luchando por un presente, el de estas semifinales, en el que no caben los dos. Hace tan sólo unos meses, en Australia, el serbio sorprendió al italiano con un partido de semifinales perfecto que le otorgaba el título de Doctor Honoris Causa del tenis. Ahora, Jannik Sinner reclama una cátedra que vaya engordando su expediente.
A la mujer de nuestro plenipotenciario presidente, le ha costado, Dios y ayuda, recuperar su pasaporte para acudir a la graduación de su hija en Londres. En la misma capital británica, Arthur Fery no lo va a tener mucho más fácil para graduarse, en el All England Tennis Club, por mucho que el Tribunal Popular esté de su parte. El caso es que, tras el esfuerzo hecho para llegar hasta aquí, sólo nos queda reconocerles el trabajo realizado para alcanzar sus objetivos y esperar que, una vez logrados éstos, sólo formen parte de un pasado glorioso, que no sea un impedimento para construir nuevos sueños. En esto consiste la vida, así que, ya puestos, yo también me voy hoy de graduación…, y sin necesidad de pasaporte.