Medvedev-Pekin

Por fin nos vamos a librar de tí, al menos, durante un tiempo. Quizá pases por ser el tipo más desagradable del panorama actual. Eres alto y espigado, pero das cierta pena porque luces últimamente esa cara que va desde enfermo terminal a adolescente recién levantado. Eso sólo pasa hasta que te vemos como actúas, como te comportas. En ese momento, tus cándidos defensores se convierten en implacables detractores por lo que haces y lo que dices. La ATP ha decidido expulsarte del torneo de Pekín, eso sí, sin necesidad de pasarse el fin de semana reflexionando.

Por fin, te hemos pillado en uno de tus renuncios. El público pequinés no ha dudado en señalarte como autor de una acción en la que, tras no llegar al golpe de Djokovic, la pelota ha rebotado contra el fondo y tú, cargado de ira, la has golpeado hacia el público, impactando contra un espectador que estaba más perdido que un votante de Sumar. Son muchas las barbaridades que llevas haciendo en los últimos años. Estás acostumbrado a victimizarte por tu origen de país comunista y siempre acabas culpando al entorno de tu clamoroso fracaso de los últimos años. Para tí, tu juego progresista avanza más por los reveses que por las derechas y por eso, desprecias los derechos de tus rivales, espectadores y hasta de tu equipo.

Por fin, Medvedev, hemos comprobado como después de la dictadura del Big3, no has podido regenerar la política del tenis, pero has acabado liderando una de las peores candidaturas a la presidencia de este deporte. Esta mañana, a eso de las 9h., has convocado a este mundo de la raqueta para burlarte de Djokovic con gestos en los que fingías dolores en las piernas y hasta has llegado a llamar al fisio para imitar las habituales dolencias del GOAT del tenis. La decisión de expulsarte ha sido justa, y además, sin necesidad de usar las urnas. Está claro que sólo tú debes pensar que puedes volver a los mejores puestos del hemiciclo del tenis.

Por fin, Dannil, hoy nos has dado una alegría.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *