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El jugador de Hamburgo frena a un ilusionado Humbert, al que no le ha llegado el físico para disputar una final igualada. El doble 6-2 deja bien claro que Zverev es el merecedor del triunfo en el Master1000 de París-Bercy. El alemán consigue la segunda posición del ranking a costa de Alcaraz, lo que le permitirá no cruzarse con Sinner, en el ATP Masters Finals, hasta una hipotética final.


Llevo días con la pluma seca por una riada de golpes que, aunque no son normales, de vez en cuando ocurren. Es la cruel forma que tiene la Naturaleza de recordarnos que somos insignificantes. Esta semana, lo de Zverev tampoco ha sido natural. La experiencia del alemán, y la solidez de su juego, han conseguido encauzar las altas expectativas que había creado un Humbert, al que ha llevado, con facilidad, hasta la desembocadura del título en París-Bercy, el séptimo de esta categoría de su carrera y el segundo de la temporada tras el alcanzado en Roma.

Lo de Zverev ha sido como reconducir un caudal de juego que hacía tiempo no le veíamos. Esta semana, en su curso alto, sufrió para imponerse a Griekspoor y sobre todo Fils, quien le llevó hasta el tercer set. En el cauce medio impuso su autoridad con Tsitsipas y Rune, rivales que esta temporada han salido del Top10 pero que, en el caso del griego, le tienen cogida la medida al teutón con un balance de 6-10 a favor de heleno. En la desembocadura del torneo el alemán se ha visto las caras con Humbert. El jugador de Hamburgo, que ya está en la segunda posición del ranking ATP, ha jugado su cuarta final del año después de las de Roma, Roland Garros y Hamburgo. Shasha consigue su segundo título, tras el conseguido en la tierra del Foro Itálico. Pero hoy, aunque han jugado a cubierto, la superficie se ha vuelto un lodazal para Ugo del que no sabía como salir. Humbert, exhausto de una semana en la que no ha parado de achicar golpes, hoy no le han quedado fuerzas para competir con un Zverev en un momento de forma extraordinario y que ha acabado sumergiéndole en un torrente de juegos para dejar un doble 6-2 en el marcador final.

Zverev consigue su séptimo Master1000 de su carrera, casi los mismos que Francia en toda su historia. Mpetshi-Perricard, Fils, Cazaux, Gaston y Humbert son la ilusionante nueva hornada del tenis francés que, aunque goza de una buena salud, presenta números preocupantes. Ni un sólo Grand Slam en 40 años, el último en ganarlo fue Noah en Roland Garros 1983, y sólo 8 Master1000 que se reparten con dos de Forget, Noah y Tsonga y uno de Leconte, Pioline y Grosjean. Sorprende comprobar la sequía de grandes torneos de jugadores como Pouille, Gasquet y Monfils.

«Nuestras vidas son los ríos, que van a dar a la mar», decía Jorge Manrique en las Coplas por la muerte de su padre. En Valencia, el caprichoso designio de la Naturaleza ha cortado de improviso el trayecto de más de 200 vidas que nos recuerdan que ni el tenis, ni el fútbol, ni la política son lo bastante importantes como para que desviemos el foco de lo esencial. Pero la vida sigue y los cursos del tenis vuelven a recuperar su cauce normal. La temporada se acerca al mar y Zverev sabe, como bien decía Murakami, que ya ha pasado la tormenta y él ha logrado sobrevivir. Ni siquiera sabe si la tormenta ha pasado realmente o, acaso puede volver. De lo que sí está seguro es que la persona que ha salido de esta DANA, en forma de rotura de tobillo que dejó su larga figura sobre el fango de la tierra de Roland Garros hace dos años, no es la misma que, esta que sale reforzada de la tormenta. De eso se trata, de salir adelante con la ayuda y solidaridad de todos, porque hoy todos somos valencianos.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

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