Alcaraz-Masters

Carlos Alcaraz se recupera a tiempo para mantener las opciones de llegar a las semifinales del Torneo de Maestros. Supera en dos mangas a un Andrei Rublev que ya está fuera del torneo a falta de la última jornada. En el otro grupo, Medvedev y Fritz, luchan por acompañar a un imbatible Sinner.


Jean-Baptiste Poquelin, más conocido por los amantes del teatro, como Molière, decidió titular su última comedia como «El enfermo Imaginario». En ella, el dramaturgo francés decide utilizar la enfermedad imaginaria del protagonista como válvula de escape para superar su triste vida cotidiana. El mensaje que subyace de esta trágica comedia es que las personas a veces usan mascaras para esconderse, y aparentar otra cosa que no son. El tenis no es ajeno a estos males. Alcaraz, no es hipocondríaco, pero mucho me temo que ha utilizado un simple constipado para ocultar otras patologías más graves que le provocan desconexiones importantes entre su cabeza y su brazo.

Iluminado con una antiestética tirita de color rosa en su nariz, Carlitos ha salido al escenario de Turín para interpretar el segundo acto de la obra del Masters Nitto de Turín. El artilugio, máscara innecesaria para un deportista de este nivel, habría sido, de haber salido mal la interpretación, el señuelo que justificaba un nuevo tropiezo, eso sí, enmascarado en un inoportuno catarro. En el ensayo de ayer, saltaron las alarmas. Problemas de respiración anunciaban que hoy el murciano no recordaría ni el escueto papel de tenista de reparto. Hoy, ante Rublev, hemos visto que ni el olvido, ni la tos, ni el catarro pueden detener a esta fuerza de la Naturaleza lleve o no puesta la terrible tirita: 6.3, 7-6. De un plumazo ha desaparecido la infección que produjo el partido ante Ruud. La herida era más interna de lo que su equipo nos ha querido mostrar.

Mañana, tercer acto. El enfermo imaginario se las tiene que ver con uno de esos pacientes que goza de una inquebrantable mala salud de hierro, Alexander Zverev. Los dos merecen pasar a semifinales pero, probablemente uno quedará fuera de la función. Como diría Bretón de los Herreros, uno de los dos pasará consulta con el Doctor Mata, vecino del poeta romántico, que le acusó de molestar con sus frecuentes fiestas nocturnas, a lo que Bretón le contestó: “Vive en esta vecindad, cierto médico poeta, que al final de la receta, firma Mata, y es verdad». Pues eso, que no sabemos cuál, pero nos han dicho que, el viernes, uno de los dos tiene cita con el Doctor Mata.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

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