El circuito se acerca al último Master1000 de la temporada, el de París Bercy, haciendo parada y fonda en dos ATP500, el de Viena y Basilea. Aquí se han repartido el triunfo Mpetshi-Perricard y Draper, dos tenistas de reparto que convierten el deporte de la raqueta en uno de los más entretenidos de la actualidad por la cantidad de candidatos al triunfo que ofrece cada semana, casi tantos como posibles imputados en nuestros tribunales.
Lo bueno de la vida es que se vive a tiempo real, y eso que hoy hemos tenido una hora de repetición. Estos 60 minutos de regalo los he aprovechado para reflexionar acerca de las ocultas razones que hacen del tenis uno de los deportes más imprevisibles de entre aquellos que son seguidos por las masas. En el fútbol siempre ganan el Madrid o el Barça, en automovilismo Verstappen, en el ciclismo Pogadjar y en el pádel Tapia-Coello. Las sorpresas no existen y todo resulta aburridamente predecible. Sólo el tenis y la crónica diaria de tribunales nos regalan la posibilidad de conocer nuevos tenistas y reconocer la escoria que nos dirige.
En el ATP500 de la capital austriaca, el heteropatriarcado vienés, ha impuesto una final claramente no igualitaria. Khachanov y Draper, para quienes no los conozcan, son del sexo masculino, así que no cubren la cuota de género exigida por circunstancias que ahora no vienen al caso. Esta situación ha sido la que, por otro lado, nos ha permitido disfrutar de un partido espectacular y muy igualado. Aquí no ha habido ni maltrato, ni consentimientos interrumpidos, ni «sólo sí es sí». El inglés ha sido mejor y punto. Aunque la semana pasada el ruso se impuso en Kazakhstan, hoy no ha podido remontar un segundo segundo set que perdía 4-0 y que fue capaz de llevar hasta al tie-break. Pero ahí Draper no tuvo piedad con su rival, demostrando un alto nivel de resiliencia, que es un término muy inclusivo y que, seguro, será muy valorado por el algorrino de Google. El británico era la primera vez que pisaba una final de este nivel. Apenas contaba con un ATP250, ganado este año en Sttutgart, pero su evolución es evidente sin que nadie le haya regalado nada para subir hasta el nº15 de la ATP, su mejor posición histórica en el ranking. Aquí no hay injustos impuestos colocados para beneficiar a los que son peores o se esfuerzan menos. En el tenis, gracias a Dios, la meritocracia sigue existiendo.
A mitad de camino hacia París, en pleno corazón cultural de Suiza, en Basilea, los jueces no han prevaricado para favorecer a alguno de los jugadores que durante esta semana han participado en el ATP500 disputado por estos lares. En un mundo tan interesado, resulta extraño entender un país y un deporte con tanta neutralidad. Aquí, las medidas y las normas son iguales a cada lado de la red. Curiosamente, los puntos de Shelton y Mpetshi-Perricard tenían el mismo valor. Dos rivales que sólo pensaban en el bien del tenis y no en la destrucción del mismo deporte. De eso se trata, algo tan básico pero que no siempre ocurre en otros ámbitos de la vida. Esta tarde en la pista central del mejor torneo helvético hemos podido presenciar un canto al servicio. Dos cañoneros, frente a frente, que se han repartido los saques directos sin piedad. Las intervenciones de uno y otro tenían su réplica al instante ciñéndose al tema tratado. Si se proponían las derechas ganadoras, el rival respondía con el mismo arma, si eran aces, el rival se los devolvía, si voleas ganadoras, volvían otras mejores. En medio de esta lucha sin cuartel, el francés se mostró más certero en los momentos importantes y acabó llevándose el partido poniendo de manifiesto que le tiene cogida la medida al norteamericano y que, esta semana, su servicio ha funcionado a la perfección (60 turnos de saque ganados y 0 perdidos).
Como siempre, personas y personajes interpretando, indistintamente, papeles protagonistas y de reparto. Así está el tenis, tan entretenido como la actualidad. Las semana pasada eran Bautista, Paul y Khachanov. Ésta han sido Mpetshi-Perricard y Draper, excelentes actores secundarios que empezamos a conocer por los éxitos logrados y el botín que se llevan para sus cuentas. Todo sería perfecto si, por otro lado, no tuviéramos que aprendernos también los nombres de personajes que saltan a las portadas por hacer lo contrario de lo que dicen, por llenarse los bolsillos aprovechándose de su posición de privilegio y por cambiar las reglas del juego únicamente con el objetivo de mantenerse en lo más alto del ranking político.
Mañana empieza París-Bercy y ahí sí que jugarán los primeros espadas del escalafón del tenis, los más honrados del actual circuito: Sinner y Alcaraz. Pues bien, hay más posibilidades de que pillen a Urtasun viendo Onetoro en su casa, vestido con un traje de luces, que a uno de estos dos se le escape el último Master1000 de 2024…, pero por lo que pudiera pasar, aconsejo al Ministro de Cultura que vaya haciendo el paseíllo.
En este mundo del tenis, el trabajo siendo bueno tiene recompensa, a diferencia de otras actividades de la vida en que tan sólo tienes que contar con algunos apoyos que aún siendo indignos pueden servir para mantenerse en primera línea.y cuando por descuidos o no descuidos se cometan y realicen cosas indignas, pues echamos la culpa a la red, a las bolas o al juez y con la callada por respuesta esperan que cambien los aires y, a otra cosa mariposa que aquí estan aforados y bien forrados, o no, pero ahi continúan.
Por si acaso me tomo tres semanas de viajes internacionales y si cae alguna cabeza, que no sea la suya, a la vuelta con las navidades en puertas lo cotidiano se olvida y año nuevo, pues eso a continuar, Caiga quien caiga.