Aunque no les preocupa demasiado ver cuanto les va a quedar de pensión, las estrellas de la raqueta también lamentan que el paso del tiempo les haya incapacitado para seguir ejerciendo su profesión. Nadal lo hará tras la Copa Davis, Murray lo hizo tras los JJOO, Thiem lo ha hecho tras caer en Viena y Gasquet ha anunciado que se despedirá al acabar el próximo Roland Garros. Sólo el indomable Wawrinka (39 años) y Novak Djokovic (37) se resisten a pasar por el Instituto Nacional de la Seguridad Social para arreglar papeles.
La vida es un viaje sin control en el que se nos exige obediencia absoluta en trabajos que, habitualmente, detestamos, a cambio de un salario que es la droga que nos administran mensualmente para que renunciemos a nuestros sueños. Cuando todo esto termina, cuando nos llega la hora del retiro y pensamos que hemos alcanzado la libertad, nos encontramos con que no siempre tenemos el apoyo, la comprensión y el respeto que esperábamos. Más bien, como si fuera un pedido de Aliexpress, lo que nos llega es el aislamiento, la depresión y la soledad. Nadal, Murray, Thiem, Gasquet y, muy pronto Wawrinka y Djokovic, ya están arreglando los papeles para ver qué pensión les va a quedar y no sé si son conscientes de todo lo que se les viene encima. Ahora les toca vivir esa transformación a una vida para la que, probablemente, no estén preparados. Es la difícil transición que te lleva a cambiar las horas de entrenamiento y gimnasio por paseos por los parques y entretenidas visitas a las obras.
Este 2024 va a ser prolijo en eso de colgar la raqueta. En una sociedad orientada a lo inmediato, que entrega el conocimiento a tener las baterías de nuestros dispositivos cargadas más que a tener memoria, los jubilados son vistos como objetos de decoración que apenas pueden aportar nada a la estructura social que ellos mismos han ayudado a construir. En el tenis, los retiros suelen orientarse hacia los medios de comunicación o a convertirse en entrenadores de nuevas estrellas del tenis. Pero esos casos, son los menos. Muchos tienen que buscar soluciones imaginativas para que el exceso de tiempo libre no se convierta en un arma contraproducente que anule al genio que un día fue.
La actual cultura contemporánea eleva a cotas, inimaginables hasta ahora, conceptos como el de la juventud y la belleza. El desprecio a los mayores hace que sean injustamente aparcados por esta absurda imposición de nuestros días, dejando en el olvido su experiencia y conocimiento. Pero no siempre sus voces son fácilmente calladas. En esta segunda parte de la temporada de tenis lo hemos podido comprobar: Djokovic, Cilic, Lennard-Struff y Bautista, treintañeros que ya peinan canas, han conseguido importantes triunfos en el exigente circuito ATP. El ocaso de la vida deportiva es, sin duda, una etapa rica en posibilidades, que se riegan con la calma y la experiencia atesoradas con el paso de los años.
La Revolución Industrial del s. XIX provocó la diáspora del mundo rural al urbano que aniquilaba a la familia como institución encargada de sus mayores. El Marxismo cultural que se impuso en el XX entregó esos cuidados al Estado provocando un desarraigo preocupante que margina a las clases ya pasivas por considerarse inservibles. La familia del tenis no se comporta igual, al menos con el Top250. En la ATP envejecer no es un proceso de declive, sino de evolución. Para ello, el circuito creó un plan en 1990 que ofrece a los participantes fondos durante 20 años a partir de los 50 años.
Esta semana nos hemos sorprendido con la noticia del debut en el tenis profesional de Diego Forlán a sus 45 años. El Challenger de Montevideo demostrará que no todos los jubilados resultan inservibles. El extraordinario delantero charrúa, elegido mejor jugador del Mundial que ganó España y que jugó en el Manchester United, Atlético de Madrid y Villareal, tuvo que elegir entre el tenis y el fútbol en su adolescencia, recorriendo el camino inverso que Rafa. Dicho esto, no descarten que tras la Copa Davis, el Real Madrid abra las puertas del Bernabéu de par en par a Nadal.