El jugador balear se despide del torneo Conde de Godó tras caer ante Alex de Minnaur en segunda ronda. Nadal plantó cara al hispano-australiano durante el primer set y se dejó llevar en el segundo, para dar por concluido su primer torneo de la gira de tierra, en la que sueña con estar con opciones de hacer algo grande en Roland Garros.
Arropado por el inmenso cariño de la afición barcelonesa, en la pista central del Real Club de Tenis Barcelona, que casualmente se llama Rafael Nadal, el mejor deportista de la historia de España, ha empezado su gira de despedida del tenis profesional. Como todos podíamos imaginar, lo hace sin dramas, asumiendo que las cosas tienen su final y sólo de uno depende decidir que, éste, sea traumático, o feliz. Nadal lo tiene decidido, lo que aún no tiene claro es el metraje adecuado para su película biográfica.
La opinión pública del tenis hoy se debate entre la mirada triste, que narra el principio de ese desfile de despedidas que va a hacer por los torneos más emblemáticos del manacorí y los que valoran su esfuerzo por recuperar sensaciones cuando ya no tiene nada que demostrar a nadie. Pero, además, está la valoración que él mismo hace de su efímero paso por el Godó: dos partidos, buen ritmo de competición y cero dolores. Mientras los aficionados miramos cómo hace el gesto del saque, protegiéndose el músculo abdominal, o no corre a por las dejadas del rival, Nadal prefiere analizar su paso por el Godó como un éxito en el camino hacia la recuperación, que él quiere colocar en París, durante la primera semana de junio.
Ayer contra Cobolli y, esta tarde, ante De Minnaur, Nadal ha dejado destellos de lo que es sobre una pista de tenis, y aún más, si ésta es de tierra. El revés a dos manos, la derecha con peso y esos magistrales cambios de alturas han sido las ráfa»gas» de un Nadal que todos conocemos. Mientras le ha durado el ritmo de competición ha sido capaz de enseñarle los dientes a uno de los jugadores con mejor condición física del circuito. Tras recuperar un break en la primera manga ha desperdiciado un 15-30 que podría haberle dado la confianza necesaria para llevarse el primer set, pero De Minnaur ha demostrado su efectividad en los momentos clave y ha cerrado el primer capítulo. En la segunda parte, el australiano ha salido a cerrar el partido con la mayor eficacia posible, a sabiendas de que, el mejor jugador sobre tierra batida de todos los tiempos, incluso en estas condiciones, puede amargarte una tarde. 7-5, 6-1 completa la cuarta derrota de la historia que Nadal ha escrito en el Godó y en el que, por cierto, también dice que lo ha ganado doce veces, nueve más que Orantes, el segundo jugador más laureado del torneo.
Nadal es muy bueno con la raqueta en la mano. Eso ya lo sabemos. Su técnica le permite poner la pelota donde quiere y su disciplina le ha permitido mejorar muchos de aquellos golpes que eran mediocres cuando empezó. Pero en lo que siempre ha destacado el manacorí ha sido en su control mental y su capacidad de trabajo para seguir luchando por sus objetivos hasta el infinito. Stanislas Wawrinka necesitó, para mejorar su rendimiento, tatuarse en el antebrazo izquierdo la famosa sentencia de Samuel Beckett: “Lo intentaste. Fracasaste. No importa. Sigue intentándolo. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”. A Nadal no le ha hecho falta pintárselo en alguna parte de su piel, Rafa lo tiene grabado en su ADN.
La tristeza que se produce cuando se llega a las parte final de la vida deportiva puede ser medio amarga y también medio dulce por el recuerdo y la gran historia que se han escrito en las pistas, ese último intento de arreon para llegar a Roland Garros con opciones de hacer una gran actuación seria otro gran premio para este deportista a mi forma de ver, de lo mejor tanto por su deporte como por su hacer dentro de las pistas.
Vamos Rafa???