El Open de Australia de 2024 deja un par de evidencias en el mundo el tenis: que Sinner y Alcaraz han destronado el despotismo ilustrado de dos décadas de excesos de Federer, Nadal y Djokovic y que Rune decapita el absolutismo de su equipo de entrenadores liderado por Boris Becker. Esto nos hace ver que, a veces, el tiranicidio está justificado.
La próxima semana se conmemora el cuarto centenario de la muerte de uno de esos ilustres escolásticos de la Escuela de Salamanca que el presente, más devoto de la ignorancia de creadores de contenidos de vidas vacías de valores, ha postergado al más triste olvido. Me estoy refiriendo a Juan de Mariana, pensador jesuita del siglo XVI que se convirtió en uno de los principales azotes de los reyes absolutistas de la época. Para el Padre Mariana, Novak Djokovic no es el dueño del circuito ni de sus torneos. Es más, si este se convierte en un tirano sobre la pista y piensa que todos los puntos, los juegos, los sets y los partidos son suyos, y se apropia de todo promulgando leyes o actos injustos, el resto de tenistas del ranking tienen legitimidad para revelarse y recuperar sus derechos originales e, incluso, a eliminarlo si fuera preciso. Menos mal que Juan de Mariana pensó todo esto para el tenis, que si hubiera divagado sobre política más de uno debería estar preocupado.
España nunca ha perpetrado un tiranicidio, cosa que sí han hecho en Francia e Inglaterra, las otras grandes potencias del tenis de esos siglos. En 1610 el Parlamento francés mandó ejecutar a Enrique IV y los británicos decapitaron a Carlos I en 1649. Según Oliver Cromwell, lo hicieron por la influencia del pensador talaverano. Resulta paradójico que los resignados súbditos españoles sigan teniendo tanta capacidad de encaje para no acabar con el responsable de dinamitar el actual ranking de concesiones a quienes no quieren que se juegue a nada sensato en nuestro país.
En nuestro deporte todo es diferente. El tenis avanza hacia una revolución, como esa Marianne de Delacroix, que recoge su nombre del Padre Mariana, portando la bandera en manos de la generación de los nacidos a principios del siglo XXI, a quienes no les tiembla la mano para pasar por la guillotina a sus despóticas majestades del Big3. Sinner lo acaba de hacer en el Open de Australia y Alcaraz ya lo ha hecho con la conquista de un USOpen y un Wimbledon. La única plaza que queda por derrocar es la de Roland Garros, quizá porque la monarquía nadalesca siempre haya sido más tolerante, justa y liberal que la de sus homólogos.
La Dinamarca luterana de Federico III tampoco padeció tiranicidios a lo largo de su historia. Ha sido esta semana cuando su actual monarca del tenis, Holger Rune, ha pasado por la guillotina a su equipo de entrenadores encabezado por Boris Becker y completado por Severin Luthi. Sus campañas militares por las pistas del circuito no están obteniendo los resultados que las otras grandes potencias del tenis actual, Alcaraz y Sinner. La humildad no está entre las cualidades del danés y la alargada sombra de su madre no es capaz de impedir los continuos magnicidios que perpetra su hijo.
Mariana definía las características que debía tener un buen monarca con palabras que hoy dibujan la figura de nuestro Rafa Nadal: virtud y prudencia. Siempre mantengo que el tenis es un reflejo de cuanto ocurre en la sociedad que todos los días madruga, pero en esta ocasión el tenis está siendo más escolástico que la propia vida. Lástima que esa plebe aborregada por los vacíos contenidos que se consumen sin límite en los móviles no opten por la lectura de figuras del pensamiento político, económico y social del siglo XVI como Juan de Mariana. Mucho mejor nos iría a todos…, menos a uno.
Efectivamente, menos a uno y su cuadrilla de palmeros
Buenos días a las buenas personas. La historia que relatas me hace tener tanto interés que al final ME GUSTARÁ.Asi se desarrolla en nuestros días Gracias
Gran crónica y no menos gran final, al que todos tus lectores saben y conocen a quien te refieres «Djokovic», ese tirano que gobierna la sociedad «tenistica», sin tener en cuenta a la mayoría de partícipes, la revelación es un acto necesario para cambiar la trayectoria del tirano regente «el ya referido»