Una generación de tenistas que acaban de cumplir los veinte años asaltan el ranking demostrando que no todo está perdido para el futuro. Alcaraz lidera un grupo de chicos que desde muy jóvenes han tenido que trabajar de lo lindo para alcanzar sus sueños. El deporte es competición, trabajo, esfuerzo y estabilidad emocional, ingredientes perfectos para mantener sana una sociedad que se asienta en la meritocracia, valores que actualmente no están de moda.
Acabamos una semana complicada en la que, no hemos dejado de pensar, que esto no tiene ya solución, que la decadencia está servida. Las noticias que nos llegan de un instituto de Jerez de la Frontera, con un joven apuñalando a sus compañeros, quienes, presuntamente, le acosaban, no pueden dejar de preocuparnos. En Alicante, ocho menores son investigados como autores de una agresión sexual a una adolescente de 13 años. A más de uno nos resulta imposible poder imaginárnoslo. En San Blas, Madrid, una chica de tan sólo 12 años recibe una brutal agresión por parte de una compañera, mientras el resto graba impasible la escena. Algo debemos estar haciendo mal para que todo esto ocurra. Y mientras todo esto sucede, la sociedad actual se conforma con que un chico con dos trabajos, con el cuello tatuado y una peculiar forma de expresarse, se convierta en héroe porque apela a sus coetáneos a no gastarse el dinero que le dan sus padres «en porros, en beber, en fiestas y en mierdas» y les anima a no dejar el instituto y agradecer los chándales que sus progenitores les compran. Está claro que hemos puesto el listón muy bajo.
Lejos de esta preocupante realidad, en Beijing, más conocida en Occidente como Pekín, cuatro jóvenes que acaban de dejar la adolescencia han disputado esta mañana los octavos de final del ATP500 de la capital China: Alcaraz, Musetti, Sinner y Rune. Ellos son un ejemplo del deporte como vía de salvación de todos estos males que inundan la juventud actual.
El partido que enfrentaba al murciano y a Musetti ha sido un fiel reflejo de la vida. Alcaraz, centrado en su juego ordenado, ha puesto sobre la pista todo lo aprendido durante muchas horas de duro trabajo y entrenamiento constante. El de Carrara, más desacertado que el español, ha vendido cara su derrota. Hoy el potencial que ha demostrado Carlitos lo convertían en prácticamente invencible. Ambos nos han regalado un maravilloso espectáculo en el que el respeto y la serenidad del vencedor se han fundido, mediante un apretón de manos, con la tenacidad y la obsesión por seguir trabajando de Musetti.
La aceptación de la derrota y el respeto hacia el rival en la victoria son valores que negamos a los niños y jóvenes de hoy. Cometemos un error cuando únicamente nos preocupamos de enseñarles el verbo ganar. Sólo podremos valorar el éxito y fomentar su consecución si también mostramos el fracaso como elemento indispensable de la vida real. Sinner hoy luchó para humillar, con el mayor de los respetos, a Nishioka por un contundente 6-2, 6-0. Ni una sóla mueca, ni un atisbo de superioridad salió del transalpino.
La otra cara de la moneda la ofreció el indomable Rune. El danés necesita mejorar. Hoy, el veterano Dimitrov dio cumplida cuenta de sus ilusiones y cortó sus alas en dos igualados sets. La lección la tiene bien aprendida: seguir entrenando para llegar al próximo torneo con garantías de conseguir un mejor resultado, o al menos, continuar luchando por ello.
Los padres de hoy nos equivocamos metiendo a nuestros hijos en una burbuja de perfección, una felicidad ficticia que les deja expuestos ante un peligroso precipicio llamado vida. El declive de esta civilización ya está aquí. Los ninis invaden una sociedad que adolece de una evidente pérdida de valores. El tenis, de momento, es un oasis al que recurrir para, mediante el ejemplo, animar a los más jóvenes a perseguir un sueño mediante el cual pueden convertirse en personas íntegras que alcancen la plena felicidad, esa que se sólo se consigue tras el esfuerzo y el trabajo diario. Alcaraz es un alumno aventajado de todo esto…, y Nadal un maestro en el que mirarse.
Así es amigo Fran, algo muy grave ocurre en la sociedad, como bien dices se han perdido todos los valores que un ser humano posee, y lo más grave se ha perdido el RESPETO y el DEBER por desgracia a esto va abocada la juventud(no sé de quien es la culpa) quién puede tener esa varita majica para que todo esto cambie. QUIZÁS MENOS LIBERTINAJE Y MÁS EDUCACIÓN Y RESPETO PARA TODOS
Gran crónica de esta nueva juventud que pueda infectar con el virus de sus valores a todo ese grupo al que hemos abocado a no tener metas ni deseos de superación, esos ninis que conforman su vida a primero sobrevivir a costa de sus mayores y después de su papá estado.