Medio siglo después de que venciera Adriano Panatta, el Master1000 de Roma se queda en casa. Jannik Sinner vence por un doble 6-4 a Casper Ruud en la final y encadena su sexto Master1000 consecutivo. Al italiano ya sólo le queda ganar en Roland Garros para tener todos los grandes torneos del circuito: Grand Slams y Master1000, reto que sólo ha alcanzado Djokovic.
Decía Scott Fitgerald que «hablaba desde la autoridad que le otorgaba el fracaso«. Así expresaba esa necesidad que todos tenemos de inyectarnos una sobredosis de positividad cada vez que nos llega una nueva derrota. Casper Ruud ha perdido más finales de grandes torneos que elecciones el sanchismo. Al menos, el jugador noruego tiene la dignidad de asumirlas con deportividad y no apelar a absurdos argumentos que pretenden ocultar la gran diferencia que existe, actualmente, entre la derecha de Sinner y la del resto de rivales que se presentan a los comicios del tenis.
El jugador de San Cándido se ha quedado a las puertas de la mayoría absoluta de sets en Roma. Tan sólo, Medvedev ha sido capaz de arrebatarle una manga al italiano en semifinales, lo que pone de manifiesto su clara superioridad en el torneo y en lo que va de temporada. El poder de Sinner es incontestable a estas alturas del año por culpa de la lesión de Alcaraz que ha acabado con el turnismo al que nos habíamos acostumbrado. El transalpino tiene por delante nuevos referendums en los que parte como favorito. Roland Garros, en el que el año pasado se quedó a las puertas de vencer, se convierte en un objetivo que completaría su corona de Grand Slams, después de haber completado triunfos en todos los Master1000 del circuito.
Nadie puede negar la incontestable victoria de Sinner. Aún así, en esta primavera florecen alternativas que van Adelante y dicen ser Más que otros. Me refiero a jugadores como Darderi, Landaluce o Jódar que evidencian un salto espectacular en resultados y en apoyo del electorado tenístico. Incluso, hay otros como Medvedev y Rublev, que salen reforzados de este 17M, porque, a pesar de no haber ganado, sí recuperan parte de los votos de autoestima que necesitaban para presentarse con garantías en nuevas elecciones.
El tenis es un deporte que cada semana se presenta a unas elecciones en las que el 99 por ciento de las candidaturas aprenden a perder con dignidad. Mucho tendría que aprender la política, donde todos simulan un éxito impostado, del mundo de la raqueta. En el tenis, el triunfo siempre aparece después de muchas horas de trabajo, de largas sesiones de entrenamiento y, por supuesto, de hacer las cosas a derechas.