El país que ostenta los dos primeros jugadores del ranking ATP, el ganador de tres de los cuatro Grand Slams de la temporada y que ha vencido en tres Master 1000, otros tres ATP 500 y cinco ATP 250 no es capaz de colocar a un sólo representante en las semifinales de París-Bercy, el peor torneo de la categoría de plata para los españoles, de los que sólo David Ferrer consiguió levantar su trofeo en 2012. La temporada acaba aquí con el tenis español exhausto, pidiendo la hora, y con la única presencia de Nadal en el ATP Masters Finals.
Hace tan sólo dos años, el tenis español festejaba, durante la celebración de París-Bercy, las 1000 victorias en el circuito de Rafa Nadal. Este año, el torneo empezaba con la entrega del trofeo que erige a Carlos Alcaraz como nº1 del ranking de esta temporada. Absténganse los optimistas. Como de costumbre, los mejores presagios suelen ser la antesala de grandes fracasos. París Bercy es el Master1000 maldito para los nuestros. Lo que la primavera parisina otorga al tenis español en Roland Garros, el otoño se lo niega, cuando los techos se cierran y el terreno se endurece en el Palais Omnisports.
Ahora que ha terminado París-Bercy no está de más recordar que en los 54 años de vida del torneo, sólo David Ferrer, curiosamente un acreditado terrícola del tenis, ha conseguido traer para España el trofeo parisino. Fue en 2012 cuando David asaltó París-Berçy, ante Jerzy Janowicz, y a punto estuvo de hacerlo también un año después, pero, en aquella ocasión, la eficacia de Djokovic se lo impidió al de Jávea. Tampoco ha sido un Master1000 propicio para las finales, ya que sólo Andrés Gimeno, Sergio Casal, en un mítico partido ante Boris Becker, y Rafa Nadal contra Nalbandián, que le endosó un severo 6-0 en el segundo set, han tenido presencia española.

La evidencia se hace aún más flagrante si se compara con el resto de Master1000 de la temporada. Sólo Miami iguala en victorias a París-Bercy, pero los españoles han jugado bastantes más finales. En esta edición se ha puesto de manifiesto que París-Berçy seguirá siendo el Master1000 maldito del tenis español. Nadal, en perfectas condiciones físicas, se ha atascado a las primeras de cambio ante un correcto norteamericano de nombre Tommy Paul. Otro año más sin llegar a las últimas rondas, algo impropio en el circuito para el balear.
Si Nadal no encuentra buenos recuerdos en su hoja de servicios de París-Bercy, Alcaraz parece querer imitarle. El nº1 actual de la clasificación tampoco lo ha hecho mucho mejor este año. El murciano continua en caída libre tras el USOpen y ya parece estar pidiendo la hora en lo que es, un esperado bloqueo mental y físico, tras una temporada inolvidable. El año pasado, cuando empezaba a despegar en el circuito, sufrió un serio revés en octavos ante Hugo Gastón y la enfervorecida grada francesa, desperdiciando un 5-0 a su favor. Este año, cuando pretendía detener su descenso, el cuadro quiso que se cruzara con su compañero de generación, Holger Rune, en extraordinario momento de forma, y, a la postre, vencedor del torneo. Ahí, no sólo padeció el ritmo de pelota del danés y su constante acierto a estas alturas de la temporada, sino también un pinchazo en el músculo abdominal que ha confirmado el peor de los augurios. El nº1 del ranking ATP 2022 no podrá estar en la fiesta final del tenis ni en las series finales de la Copa Davis. El año pasado ya se las perdió por culpa del COVID, pero este año el verdadero culpable ha sido París-Bercy. El gafe continua.
Lo mismo podrían decir Carreño, ganador en Cincinnati, o el propio Bautista que cayó en primera ronda ante la pesadilla ibérica en este torneo: Tommy Paul (Bautista, Nadal y Carreño). A toda la Armada se le desactiva algo cuando se les convoca en el Palais Omnisport de Lutecia.
París, conocida como la Ciudad de la Luz, supongo que más por las luces que le proporcionó la Ilustración que por la aparición continua de la principal estrella de nuestra galaxia, atrae a los jugadores españoles con los primeros rayos primaverales, 22 triunfos en Roland Garros, el Grand Slam de la tierra batida, pero los espanta cuando el sol se marcha a descansar y París-Bercy cubre las pistas para protegerse del invierno que, para el tenis español, se convierte en un verdadero infierno.
P. S. Como de costumbre, toda teoría que se precie de tener suficiente rigor, merece una excepción que la confirme. Rafa Nadal ganó en otoño de 2020 en París y con el techo cerrado…, pero fue en un Roland Garros atípico que se tuvo que posponer por la pandemia. Dicho queda.
Francia siempre ha sido un lugar hostil para los españoles. Nuestra relación con los gabachos es de una tensa paz y, lejos del idilio que mantiene Rafa con Roland Garros y que parece no tener fin, no tenemos suerte por las tierras de los irreductibles galos. Una pena para la armada española.