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Kyrgios sorprende a Tsitsipas en un partido que será recordado por las malas formas de ambos. Bastaron tres horas y cuarto y cuatro sets para convertir en enemigos íntimos a dos de los animadores del circuito. Brandon Nakashima será el rival del australiano en octavos.


En medio de este anodino Grand Slams de ausencias bélicas, sobresaltos sanitarios y cero cálculos para determinar los puntos, el Kyrgios-Tsitsipas de esta tarde ha sido un chiringuito de playa en medio del desierto. Dos amigos que siempre habían tenido, como se dice ahora, buen rollito, quedaban para hacernos disfrutar de dos estilos diferentes de juego.
El griego, un terrícola que ya ha acreditado que es uno de los grandes del circuito, en el que ya ha llegado a ser nº3 de una clasificación y ahora ocupa el nº5. Ganador del Masters y de dos ediciones del Master1000 de Montecarlo, en 2021 llegó a la fiinal de Roland Garros. Sobre la hierba recibió su triunfal bautismo ante Bautista la semana pasada en Mallorca.
El australiano de origen greco-malayo pone de manifiesto que las mezclas, cuanto menos, son peligrosas. Dotado de una técnica y calidad supina para el tenis, a su «creador» habría que pedirle explicaciones por lo poco que se esmeró en lo de amueblar su azotea. Profesional desde 2013 las expectativas sobre sus éxitos pronto se disiparon. En el tenis la mente tiene una importancia tan grande como lo técnico o lo físico. Eso ha lastrado la carrera de Kyrgios, ganador de 6 torneos ATP, tres de categoría ATP500 y otros tres ATP250. Llegó a ser nº13 en 2016. Mucho menos de lo que todos esperamos de este talentoso provocador que con tan sólo 19 años ya venció a Nadal en Wimbledon.

El capitán general de los warnings contra el almirante del coaching sobre el cuadrilátero. Dos púgiles con mucho que demostrar. Tsitsipas ha logrado desactivar el mejor juego del australiano para llevarse la primera manga en el tie-break. A partir de ahí, el juego directo del excéntrico australiano ha sido más efectivo. El servicio le ha permitido entrar en pista y sacar su derecha más letal. Ni estrategias, ni entrenadores, ni planes B. Kyrgios vive del genio que lleva metido en su botella. A veces sale, a veces no. Hoy, Tsitsipas ha intentado romper la botella con tiros que buscaban alcanzar a su rival. El heleno estaba desesperado y su cabeza se gripó. Un saque de mano baja tres una serie de aces hizo que disparara con rabia hacia cualquier sitio. Un pelotazo perdido contra el público que no alcanzó a nadie le salvó, por mucho que reclamara Kyrgios la expulsión. Luego vinieron los tiros al cuerpo del australiano, como si quisiera acertar en alguno de sus infinitos tatuajes. Las perdices disparando a las escopetas. Los papeles cambiados y el triunfo para el más gamberro del circuito, el de Camberra. Tsitsipas cayó en la trampa que le tendió el más malo de la clase. Próxima parada, Brandon Nakashima en octavos, ronda que no pisaba el australiano desde 2014.
Aunque critiquemos sus pésimas formas y manifiesta mala educación, Kyrgios está siendo el animador de este atípico Wimbledon 2022.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

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