La victoria del malagueño ante Dimitrov evidencia un cambio en el circuito con nuevos jugadores que llegan a finales de torneos importantes. Enfrente tendrá a Tsitsipas, vigente ganador del torneo que hoy se ha impuesto con facilidad a Zverev.
El Master1000 de Montecarlo, con el que se estrena la temporada de tierra, siempre ha sido propicio para la Armada española. Desde que en los 90 Sergi Bruguera jugara tres finales en el Principado, han pasado por ahí Costa, Corretja, Moyá, Ferrero, Verdasco, Ferrer, Ramos y Nadal, como no, hasta en diez ocasiones. Ahora, cuando todos pensábamos que con la ausencia del balear y la derrota de Alcaraz, a las primeras de cambio, la racha del tenis español español llegaba a su fin, un joven malagueño de aspecto nórdico y apellido del este, viene a poner en su sitio el nivel de nuestro tenis.
Alejandro Davidovich Fokina, de 22 años, era una de las promesas del tenis español hace cinco años cuando ganó el torneo juvenil de Wimbledon. Ese tiempo ha tardado en confirmar las expectativas que había puestas en él. Ni un título ni una final en este tiempo. Su mejor ranking ha sido el nº32 que ahora, gane o pierda la final de Montecarlo, acabará superando.
Esta mañana en la semifinal monegasca ante el búlgaro Dimitrov ha sido capaz de aferrarse al partido con un break abajo en el tercer set. Sin duda, la confianza que le dio la victoria en segunda ronda ante Djokovic le ha servido para encadenar las victorias ante Goffin, Fritz y Dimitrov. El búlgaro encadena una nueva derrota en semifinales, la novena en tan sólo cuatro años. Preocupante balance para alguien que llegó a ser nº3 de la ATP.
En la otra semifinal, Tsitsipas confirma su idilio con la tierra de Montecarlo al imponerse con facilidad a Zverev: 6-4, 6-2. El griego intenta recuperar la senda del éxito tras un inicio de temporada muy errático con resultados que ponían de manifiesto que aún le faltaba rodaje para estar en forma.
Mañana se citan para la final Davidovich y Tsitsipas con un balance para el heleno de 2-0 en lo que será una nueva final inédita de Master1000, igual que las de Indian Wells y Miami. Algo está cambiando en el tenis tras la dictadura de dos décadas del Big3.