Tras al edición de 2020, celebrada en otoño, el Abierto de Francia regresaba a su calendario habitual. Por primera vez en sus 125 años de historia, ningún francés pasó la tercera ronda. Djokovic se acerca peligrosamente a los 20 Grand Slams de Nadal y Federer.
Acaba Roland Garros. Hora de hacer balance del Grand Slam de tierra. La normalidad «prepandémica» era el objetivo, pero este Roland Garros nos ha dejado muchas circunstancias que todos consideramos anómalas sobre la tierra parisina:
En primer lugar, con las actuales circunstancias biosanitarias, el objetivo de la organización ha sido conseguir el mayor número posible de espectadores. Para ello ha marcado como objetivo maximizar las posibilidades para que el torneo pudiera disputarse, por un lado, ante el mayor número posible de espectadores y, por otro, garantizar la seguridad de todos. Si en 2020, solamente 15.000 espectadores acudieron con estrictas medidas de seguridad a Roland Garros, ahora, la organización ha dejado más de 110.000 espectadores durante todo el torneo, eso sí, con la obligación de presentar un pase sanitario o un test PCR. Todavía estamos lejos del medio millón de personas que acudieron al Bosque de Boulogne en la edición 2019. En cualquier caso, los jugadores han agradecido escuchar los aplausos del público en unas gradas desangeladas.
Más extraño se ha hecho no ver a Nadal morder la Copa de los Mosqueteros por 14ª vez. En esta ocasión el manacorí se vio sorprendido por Djokovic en semifinales. El serbio ha sido el encargado de levantar el trofeo. Es la segunda vez que lo hace, tras la de 2016, pero, a pesar de su liderazgo en el ranking, parecía la ocasión propicia para que se produjera el cambio generacional. El griego Stefanos Tsitsipas nos había hecho albergar esperanzas. Pero la sombra de Nole es muy alargada.
El tenis francés sigue negado en su torneo fetiche. No gana un jugador galo desde que lo hiciera Yannick Noah hace 38 años y, en esta edición ningún representante ha pasado de la tercera ronda. Ni los Monfils, ni los Humbert, ni los Mannarino, ni los Moutet… Sin duda una herida muy profunda para «grandeur francesa».
Tres decepciones que, no por habituales, pueden dejar de sorprendernos. La primera, Dominic Thiem. Derrotado en la primera ronda ante el veterano español Pablo Andújar y que parece abocado a señalar el 2021 como su Annus Horribilis. Tampoco le ha ido muy bien al que era uno de los candidatos a dar el salto de calidad: Andrei Rublev. Quizá agotado por la agenda repleta de torneos y la intensidad que despliega cada vez que salta a la pista, el moscovita se vió sorprendido por Jan Lennard-Struff a las primeras de cambio. Y por último, tenemos que destacar como protagonista negativo a Roberto Bautista, que cayó en segunda ronda, contra todo pronóstico, ante Henri Laaksonen, lo que le aleja del Top-ten.
La sensación del torneo ha sido Stefanos Tsitsipas. Parece que el griego se distancia del grupo que integra con Zverev, Medvedev y Thiem para atacar el Big Three. Luego, la realidad le cayó como una losa en la final, donde la experiencia y el buen hacer de Nole le mantienen en la sala de espera de los triunfos.
Esta edición de 2021 de Roland Garros pasará a la historia por ser la del regreso, tras más de un año de inactividad de Roger Federer. Años de ausencia en el torneo, graves lesiones y estar a unos meses de convertirse en cuarentón habían disparado la rumorología. El balance no puede ser mejor. Una semana en el torneo era suficiente para recuperar sensaciones y preparar su objetivo anual: Wimbledon. El suizo se retiró antes de jugar octavos contra Berretinni pero se lleva tres importantes victorias de París en su regreso a las pistas.
Y como última anormalidad de este Roland Garros de 2021, por extraño que parezca, es la primera victoria de Medvedev sobre la tierra parisina en sus 7 años como profesional. Increíble, pero cierto. En esta edición llegó a cuartos de final cayendo ante Tsitsipas, auténtico animador del torneo.