Tras un año de ausencia, Madrid ha levantado la persiana de su taberna del tenis con absoluto éxito de público y taquilla. Los triunfadores del evento han competido por llevarse las mayores ovaciones para, al final, como expertos ajedrecistas, firmar tablas y llevarse cada uno, su segundo triunfo en la capital de España.
Sin berberechos ni cañas de por medio, el Mutua Madrid Open ha cerrado esta tarde el telón con la satisfacción de habernos hecho olvidar, durante algo más de una semana, contagios, astrazénecas, rebaños y zendales. El tenis nos ha enseñado un poquito de la vida que teníamos antes y que soñamos para pronto. Sin olvidar las medidas sanitarias que imponen las autoridades, y con el sobreesfuerzo que todo esto implica, el único Master1000 que se celebra en España ha entregado, por segunda vez, el trofeo a Sashsa Zverev en la pista y a Isabel Díaz Ayuso en la grada.
Había muchos alicientes al principio del torneo. Las encuestas presagiaban alta participación en el electorado del tenis. La ha habido. Teníamos ganas de ver la ilusión que nos llega de Murcia. Estamos seguros que Carlos Alcaraz nos traerá muchas alegrías. A Ayuso ya se las ha dado. Pensábamos que en las actuales circunstancias que vivimos hablar sin complejos y no tener miedo a equivocarte era lo mismo que jugarse un segundo servicio a 200 kms/h. En ocasiones, entra. Y cuando fallas, siempre te queda el consuelo de no haberte guardado nada cuando lo has dado todo por algo. Esas eran las expectativas. La realidad luego ha sido otra.
Por el camino se han quedado expertos jugadores como Nadal, el Gabilondo del torneo. Comprometido a participar en unas elecciones que por la altura y la viveza de la bola no le convenían, y aún así lo dio todo por el PTE, Partido del Tenis Español. El catedrático Rafael Nadal es capaz de inmolarse y, con mucha filosofía, ofrecer su lado más correcto asumiendo los errores propios y hasta los ajenos.
Peor imagen dio el de siempre. Medvedev lleva tiempo amenazando con abandonar la tierra batida para centrarse sólo en los partidos de la pista de su jardín de Galapagar. Ahora ya no le hacen falta los puntos de los torneos que se juegan Vallecas. No pasa un día en que no culpe al empedrado de sus errores. En alguna ocasión ha llegado a expresar en rueda de prensa que no se siente querido y que su propia mentalidad le invita a pensar que todos están contra él. A veces me resulta extraño comprobar que no lleva ni coleta ni jersey de bolas para los partidos importantes. Los dos sueñan con Rusia pero viven en Montecarlo o en una buena choza de la sierra madrileña.
Aunque todo el mundo confía en que no se marche y hable siempre bien de él, Federer, el mejor tenista de “Edmundo” no apareció por Madrid. Todos sabemos que es necesario para el juego, para compensar a los Kyrgios y a los Paire, para equilibrar el circo del parlamento del tenis, poca vida le queda ya a un proyecto naranja que daba estabilidad a uno y otro lado de la red.
El debate nos dejó una final con dos derechas inigualables. La de Isabel Díaz Zverev y la del “Duce” Berrettini que, como otros, al final no fue tan fiero como sus enemigos de rondas anteriores lo pintaban.
Fue en el sorteo de saque de la final cuando el propio jugador alemán, sorprendido por el alborozo del respetable, preguntó al extrovertido juez de silla, Lahyani, para quién era esa ovación si ellos no habían empezado a jugar. El mar de “Nachos Canos” que ocupaban todo lo permitido del graderío parecían dar por amortizada la entrada sólo con verla a ella.
Hosteleros, toreros, músicos y pijos del tenis pasando la tarde en Villaverde mientras la progresía respetaba el confinamiento en sus casas, eso sí, con “servicio” del bueno y mariscada fresca; nada de conservas de incultos berberechos. Pues eso, el mundo “al revés”…, pero que quede claro que Zverev ganó por su derecha.
Excelente crónica tenística y excelente enrevesado con las pasadas elecciones madrileñas y su disparatada campaña electoral.