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Los hijos de Korda y Andrés Gómez, así como el hermano menor de Guillermo Coria reviven glorias familiares


La eterna cuestión está servida. ¿Ayuda a los hijos hacerse un hueco en un ámbito profesional bajo la alargada sombra de las exitosas carreras de sus padres?

Dos campeones de Grand Slam, Andrés Gómez, (1990 en Roland Garros) y Petr Korda (Open de Australia, 1998) y Guillermo Coria (finalista del Roland Garros de 2004 que perdió en 5 sets ante Gaudio) son las cartas de presentación que las nuevas generaciones tendrán como meta deportiva y familiar.

En el caso del rosarino Federico Coria no se trata de su hijo, sino de su hermano menor, quien vive sus mejores momentos como profesional a los 28 años colándose entre los 100 mejores del ranking y, tras dejar atrás al taiwanés Jason Jung 7-5, 7-6 (6) y 7-6 (3) a la segunda ronda del Grand Slam Parisino.

También con 28 años quiere reverdecer viejos laureles familiares el hijo del vencedor de Roland Garros 1990. En el 30º aniversario del triunfo de Andrés Gómez, el ídolo ecuatoriano, cede el testigo a Emilio Gómez, colocado en el 156º de la ATP y superviviente de la fase previa. Difícil lo va a tener ante el italiano Lorenzo Sonego, con quien nunca se ha visto la cara en la cancha pero que está más de 100 puestos por encima del ecuatoriano en el ranking ATP.

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Y por último Sebastian Korda, hijo de Petr Korda, jugador checo de los 90 que tuvo su momento de gloria al vencer en el Open de Australia de 1998. Su éxito siempre estuvo cuestionado por haber dado positivo en doping posteriormente por consumo de nandrolona. Tras la sanción de un año impuesta por la ATP no volvió al circuito. Ahora, su hijo Sebastian, de nacionalidad norteamericana, se cuela en el cuadro de Roland Garros colocado más allá del puesto 200 pero con un buen juego que ha hecho que en el Open US ya le «robara» un set a Dennis Shapovalov. Sus 20 años le otorgan aún mucho margen de mejora. Aquí, procedente de la previa, ya está en la 2ª ronda al haber vencido a Andreas Seppi.

En cualquiera de los tres casos hay pocas posibilidades de que los hijos, o hermanos menores, vayan a superar los éxitos de los padres. La atronadora comparación exige niveles de madurez demasiado grandes que, en la mayoría de los casos generan más fracaso que éxito. Ahora bien, parece evidente pensar que hasta la gloria las puertas han estado más abiertas que para el resto de los mortales.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

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