Nadal y Djokovic llevan a sus selecciones al éxito
El tenis es, preferentemente, un deporte individual. Salvo excepciones, como es el caso de la modalidad de dobles, los éxitos y fracasos están restringidos al ámbito personal. En cuanto a las competiciones por equipos tendríamos que fijarnos en la Copa Davis, diluida en el apretado calendario de la ATP, o a los Juegos Olímpicos que se celebran cada 4 años. Estas son las únicas competiciones que otorgan al tenis un carácter colectivo.
Pues bien, el panorama está cambiando. Los nuevos patrones de negocio del siglo XXI en los que la competición tiene que ir de la mano del espectáculo y de la rentabilidad económica han encontrado la fórmula perfecta en dos competiciones que han resultado ser un verdadero éxito en el mundo del tenis. Me estoy refiriendo a la nueva Copa Davis y a la ATP Cup.

La nueva Copa Davis ha sido bien vista por parte del mundo del tenis. Para unos ha servido para aligerar el calendario tenístico, sobrecargado de torneos, y para encapsular el interés de una prestigiosa competición a nivel nacional como la mejor forma de poner fin a la temporada de tenis. Para otros, cada vez menos, eso sí, los más románticos, se han cargado la verdadera Copa Davis. Este grupo de tenistas, encabezado por Federer, añoran el formato antiguo que se desarrollaba durante varios fines de semana del año.
Y, por otro lado, también ha supuesto un éxito empezar la temporada con la ATP Cup, una nueva competición que ha sirve de preparación perfecta para el primer «grande» del año, el Open de Australia.
Dos formatos nuevos, muy parecidos entre sí, pero que integran ellos mismos el espectáculo y la emoción que supone para el aficionado que los jugadores representen a sus países y no lo hagan, exclusivamente, a título individual. No hay que plantearse una lucha entre ambos por perpetuarse en el circuito o decidir cuál es mejor o peor, pero sí parece evidente que el mundo del tenis ha aceptado con buena cara estos dos torneos.
La cuestión que se plantea ahora es si se consolidarán ambos, con el problema de no haber despejado el calendario de torneos, o si, como parece más razonable, se unifican en un torneo de dos semanas con las mejoras que se consideren oportunas.
En cualquier caso, todos estaremos de acuerdo que el mensaje que se ha mandado es que son bienvenidos este tipo de eventos y que han llegado para quedarse y agrandar el maravilloso mundo del tenis.
