Hamburgo y Ginebra reciben, la semana previa a Roland Garros, a aquellos jugadores que ultiman su preparación para el Grand Slam de la tierra batida y espantan a esa clase privilegiada que sabe de su poderío y opta por guardar fuerzas para asaltar la Phillipe Chatrier en busca de la Copa de Mosqueteros. Rublev y Cobolli lucharán por el título en el ATP500 del norte de Alemania y Hurkacz y Djokovic en la ciudad helvética.
No valoramos lo suficiente la importancia que tiene la clase media en nuestra vida cotidiana. Ella es la que aporta estabilidad a la sociedad, financiando a los que deambulan por abajo y enriqueciendo a los sobrevuelan por encima de la normalidad. Para entendernos todos, los jugadores clasificados entre el 20 y el 100 de la ATP son los que alimentan el circuito con horas de trabajo en torneos ATP500 y AP250, que sirven para que los más selectos se luzcan en las grandes citas y aquellos que sueñan con un futuro mejor, jugando Challenger y Futures, tengan más oportunidades de alcanzar sus objetivos. Rublev, Cobolli, Auger-Aliassime, Ofner, Norrie y Hurkacz son clase media del tenis mientras no den un salto cualitativo en sus carreras…, o no caigan al abismo de las derrotas.
Esta semana, la empresa multinacional, ATP, regala viajes a sus empleados viajes a Hamburgo y Ginebra. Mientras tanto, los CEO del tenis, Sinner, Alcaraz, Rune, Ruud, Draper se han tomado de vacaciones para afinar sus raquetas y limpiar zapatillas y calcetines del molesto polvo de ladrillo, para que luzcan inmaculados en su debut parisino. Zverev ha intentado en su ciudad natal recuperar el favor de los jefes, pero Alexandre Müller, un obrero del tenis, le ha recordado que su cargo en el circuito también está sujeto a un horario y un salario marcado por convenio sindical. Otros, que han buscado en Hamburgo nuevas sensaciones para sentirse directivos de la ATP, han sido Rublev, Auger Aliassime, Echeverry y Cobolli. Ellos son la clase media del tenis, los que se matan por una subida de sueldo, por esos incentivos que conceden por pasar de ronda o esos unos puntos ATP que te permiten más días de vacaciones.
En Ginebra, además de afianzar la clase media de Norrie, Hurkacz, Ofner, Khachanov, Popyrin o Arnaldi, encontramos a un directivo ejemplar al que no se le caen los anillos por hacer de mozo de almacen con tal de llegar a su jubilación con la sensación del deber cumplido. Djokovic ya no está para hacer horas extras en un ATP250, pero sabe que de ganarlo merecerá la medalla al mérito por haber ganado su título nº100. Sólo el coordinador del departamento polaco, Hubi Hurkacz puede evitar el reconocimiento del serbio.
Una mañana, un importante aristócrata y empresario español se alegró, de forma desmedida, al comprobar que el portero de su finca tenía un coche mejor que el suyo. Era consciente de que cuando la clase media acumula cosas que se ha ganado con el esfuerzo de su trabajo y el sudor de su frente, rápidamente interioriza que tiene que luchar por mantenerlas, dando así, estabilidad al sistema. Los participantes de los torneos de Hamburgo y Ginebra son el equilibrio, el pulmón y la esencia del tenis.
Evidentemente estos torneos y en la antesala de Roland Garros, son esenciales para muchos que tienen vetado el éxito en las grandes citas. Dicho lo cuál y respecto a Nole… ,si, pienso igual. «Djokovic ya no está para hacer horas extras en un ATP250, pero sabe que de ganarlo merecerá la medalla al mérito por haber ganado su título nº100»