El italiano Fabio Cobolli continua dando pasos de gigante para convertirse en uno de los mejores jugadores sobre tierra batida de la actualidad. Se ha impuesto en la final del ATP500 de Hamburgo a Rublev, quien sigue inmerso en una espiral negativa en la que lucha contra sí mismo. Cobolli se coloca como tercer mejor jugador italiano de la actualidad, tras Sinner y Musetti, mientras que Rublev acumula más de doce meses sin levantar un título ATP en esta superficie, desde que lo hiciera en el Mutua Madrid Open.
Ni el mismísimo Donald Trump se hubiera atrevido a plantarle una encerrona en el despacho oval a Rublev como la que le ha preparado hoy Fabio Cobolli en el Rotehnbaum Tennis Center de Hamburgo. El italiano, crecido por los últimos éxitos conseguidos y aupado por el apoyo popular de la grada, ha maltratado al ruso hasta extremos desconocidos para el pupilo de Fernando Vicente. La caída de Rublev en el ranking ya supera las dimensiones tsitsipanianas y de ser Top10 durante años, ha pasado al puesto 17.
La temporada de tierra de Cobolli tampoco es que haya sido para tirar cohetes pero, al menos, le ha dado para saborear las mieles de su primer título ATP, que consiguió en marzo en Bucarest, y ahora, lo confirma con este ATP500 de Hamburgo. El florentino, tras este valioso triunfo, se convierte en el tercer mejor italiano de la más prolija generación de tenistas transalpinos que tiene a Sinner y Musetti como máximos exponentes. Cobolli aparece esta semana como número 26 de la ATP, en la que sube nueve puestos, y ya aparece por delante de Berrettini, Arnaldi, Sonego, Darderi, Bellucci y Nardi, los otros Top100 italianos de esta semana.
Y es que el tenis actual discurre, como todo en esta vida, por tendencias. Ahora está de moda Meloni y muy cuestionado Putin. Parece que la desproporcionada sanción de la ATP con los jugadores rusos, a los que le ha negado la bandera de su país como símbolo que les representa, hubiera desactivado su eficacia en las pistas. Medvedev ha sido desplazado a raquetazos de su puesto de heredero del Big3 y ya está fuera del Top10, de donde no salía desde el mes de julio de 2019. Tampoco es que le estén saliendo las cosas muy bien a Khachanov, que siempre apunta correctamente, pero sigue fallando el tiro. A sus 28 años es evidente que se van disipando las esperanzas que había puestas en él, tras su inesperado triunfo en París Bercy de 2018. Este año llega a Roland Garros más allá del Top20, con el mismo número de partidos ganados que perdidos, 12, y con las semifinales del Godó como mejor resultado de la gira en tierra. Demasiado poco, para lo que se esperaba del pupilo de Pepe Clavet hace seis años, cuando era nº8 de la ATP.
Y qué decir de Rublev. El moscovita sigue enfrascado en una lucha contra sí mismo de la que no tiene escapatoria. En la final de Hamburgo, los golpes que se ha propinado en las rodillas hubieran sido objeto de denuncia si quien los hubiera perpetrado no hubiera sido la raqueta del ruso, sino el raqueto. El caso es que, evidentemente, su carácter le está lastrando en su objetivo por consolidarse como una opción seria, para ganar cualquier torneo, como lo venía siendo desde 2020.
Hoy, en Hamburgo, delante de todos los seguidores del tenis, Cobolli no ha tenido piedad con el ruso, que se marcha a París, sin triunfo, sin bandera y con un dolor de rodillas que, por cierto, no se lo deseo ni al más peligroso de los ex-agentes de la KGB.