El jugador malagueño dispuso de dos puntos de partido y un servicio para conseguir el título en Delray Beach en que hubiera sido el primer título ATP de su carrera. El serbio Miomir Kecmanovic, que fue a remolque durante todo el partido, se encontró con una victoria que supone su segundo torneo del circuito tras Kitzbuhel 2024.
Decía Epicuro que lograr la certeza de que hemos de morir es capaz de embarrar los mejores momentos de felicidad que podemos alcanzar. Esta tarde en Delray Beach (Florida), con dos puntos de partido a su favor, y el título prácticamente en su bolsillo, Alejandro Davidovich Fokina ha sentido ese irracional miedo a morir de éxito para dejar de existir en la pista. El malagueño ha permitido que la negatividad secuestre su cabeza tras escapársele una pelota por un centímetro en el primer match ball, y tocara la cinta, en el segundo, para caer a su lado del campo. En ese momento, su lenguaje corporal ha sido el encargado de despertar a su rival, que, por cierto, ya vagaba moribundo por la pista pensando que la muerte formaba parte integral de la experiencia de todo ser humano.
El epicureísmo es una rama de la filosofía clásica que propugna el arte de vivir la vida a cada instante alejándose de los planes futuros. El secreto para conseguirlo radica en no aferrarse demasiado a nada para no sufrir el dolor que supondrá su pérdida. Así lo ha venido haciendo el tenista español durante toda su carrera. La derrota ante Tsitsipas en la final del Master1000 de Montecarlo en 2022 la vivió al más puro estilo epicúreo: se puede ser feliz siendo el segundo de un gran torneo. Tras los fracasos de la temporada pasada, esta semana Davidovich buscaba la ataraxia evitando los deseos innecesarios y objetivos que llevan al éxito, pero también al sufrimiento. Quizá por esa despreocupación voluntaria ha llegado a resolver con eficiencia duros partidos como el que le enfrentó a Taylor Fritz, nº4 del mundo, en cuartos de final.
Este refugio mental lo ha mantenido el jugador español hasta que ha saboreado el placer de la victoria en sus labios. Tras el 6-3 del primer set, su cabeza ha bloqueado su cuerpo para ceder por 6-1 en la segunda manga. El tercer y definitivo capítulo de este obituario deportivo ha tenido como momento clave el 5-2, 15-40 a favor que, no sólo ha desaprovechado, sino que le ha servido para dar aliento a su rival y para descontrolarse él mismo con golpes sencillos que no era capaz de colocar en el otro lado de la pista. El 7-5 final no hace justicia con lo visto sobre la pista ni con los méritos que ya pide rentabilizar el malagueño, quien sigue sin ganar un título ATP.
Hasta hoy llevaba en el circuito 246 partidos disputados con la mitad ganado y la mitad perdidos. Dos centímetros más allá de una línea pintada en el suelo, o por encima de una red que divide la pista, han querido que la balanza se quede en negativo y la vitrina vacía de títulos ATP. Tras un aciago 2024 en el que las lesiones le impidieron continuar su progresión, Davidovich parecía haber recuperado la forma, aunque ahora tendrá que enfrentarse al duro mazazo de esta derrota inesperada.
Si Epicuro sentenciaba que el peor de los males para el hombre era la muerte, añadía también, que no debía significar nada porque, mientras vivimos no existe, y cuando está presente, ya no existimos. Es por esto por lo que Davidovich debería hacer borrón y cuenta nueva, dejar de temer las injustas derrotas como las de hoy, que son las que le recuerdan que está vivo, porque, cuando desaparezcan, habrá dejado de existir con una raqueta en una mano, y con una maleta recorriendo este exigente circuito de tenis, en la otra. Ley de vida.
Tal como dijo él mismo durante el partido, verdaderamente «es injusto» pero bien cierto es, que «es así».
Esperemos que pronto haga borrón y cuenta nueva, porque realmente tiene tenis para ganar algo… aunque tenga que ser un 250.
Visto el partido, con ese 2 set que de forma inexplicable cede con un rotundo marcador, hacia presagiar un tercero muy disputado, pero rápidamente Davidovich recupero sensaciones, hasta ese juego que tuvo que dar todo y milímetro hizo que el punto y con ello el partido, se le escapara inexplicablemente a partir de ese momento, dejó de estar en la pista y vino una dolorosa derrota.
Estoy seguro que de esta derrota sacará experiencia para el futuro tanto en el estado de ánimo durante el juego como en esa preparación física que le dio la espalda desde esa maldita bola que salió por fuera de la línea lateral.
Hoy no hay ejemplo a comparar con la política, para que, el esfuerzo en la política no necesita entreno, el esfuerzo se pacta y se recogen los frutos.
[…] Demasiado bien iba la contienda. Al empezar el segundo set el jugador español ha vuelto a dar muestra de sus habituales desconexiones con demasiada relajación en su juego. Así las cosas, el «demonio de Tasmania» ha atacado con la rapidez que acostumbra en sus movimientos y se impuso con facilidad por 6-1. Todo quedaba listo para sentencia en un tercer set que iba ser de infarto. Davidovich hacía borrón y cuenta nueva y rompía el servicio rival con un tenis tan certero como agresivo. Los mejores momentos del malagueño le llevaron hasta el 5-2, 0-30 a su favor. El español ya se veía atravesando la muralla e izando la bandera nacional cuando, de nuevo, ese miedo a ganar que atenaza hasta a los mejores guerreros, se metió en su cuerpo. Tres oportunidades perdidas para finiquitar el partido le recordaron lo ocurrido en Delray Beach. […]