El jugador ruso consigue un ATP500 más en su carrera al imponerse a Jack Draper en Doha. Sin contar a Djokovic (15), Rublev se une a Alcaraz y Nishikori como el jugador en activo con más títulos, en el circuito, de esta categoría (6). La próxima semana, Acapulco y Dubai vuelven a repartir medio millar de puntos en lo que es un relanzamiento de este tipo de torneos. El ruso consigue su decimoséptimo torneo ATP y sólo en Doha ha repetido título.
Los lujos suelen ser relativos. Dependen de los gustos de cada cual y de la dificultad que haya para obtenerlos. Hace tan sólo un siglo y medio, el aluminio era considerado un metal precioso, más exclusivo, incluso, que el oro y la plata. La dificultad de su extracción de la bauxita era tan complicada y costosa que le otorgaban ese valor añadido. El descubrimiento del proceso electrolítico Hall-Héroult convirtió, lo que era un lujo difícil de obtener, en algo accesible para todos los públicos. Ver como Edberg o Federer acariciaban la pelota con las cuerdas de su raqueta era un lujo equivalente a escuchar a la Orquesta Filarmónica de Viena para los melómanos. Presenciar una final entre Rublev y Draper es como considerar el tapón pegado a las botellas de plástico uno de los mayores inventos de la historia de la humanidad.
Doha es un paraíso artificial, parece hecho con Chat GPT, despegado de la genialidad humana como esos tenistas que jamás buscan una dejada, un golpe cortado con efecto o una volea de calidad. Ha habido momentos en los que era más entretenido echar un vistazo a los jeques ataviados con sus chilabas blancas en confortables sillones, a las recogepelotas obsesionadas por tapar al máximo su cuerpo y a admirar los lujosos planos de la ciudad que ofrecía la televisión, de esta pequeña península del golfo Pérsico. Mientras tanto, en la pista, los protagonistas del partido ponían a prueba la dureza y durabilidad de las pelotas, a las que maltrataban más que un político de Podemos a sus compañeras. Los dos primeros sets han sido un alarde de fuerza desde el fondo de pista. El primero para el ruso, el segundo para el inglés. Hemos tenido que esperar hasta la tercera manga para que Rublev se haya puesto en plan soviético con el que desactivar la artillería del paciente inglés. (6-1)
Hay miles de ejemplos de cosas valoradas por encima de su valor real. En medio de esta monarquía absoluta, podrida de dinero gracias a los pozos de petróleo, decir que, los huevos de gallina son mejores que los de caviar, las canciones del pop ochentero superan el maldito reguetón y que no es comparable hojear un libro, con hacer scroll en un dispositivo electrónico, parece contradictorio. Aquí todo es como un decorado de película suntuosa, de perfección inhumana, como el juego de tenistas como Rublev. A mí me merecen todo el respeto y admiración del mundo, pero hay que reconocer que tienen un juego tan robótico y tan poco lujoso que ni siquiera están a la altura del aluminio normal. Lo de Rublev, diría yo, es de PVC.
Si algo hay que sea un verdadero lujo es poder disfrutar de estas crónicas tenistico/realidad cotidiana de nuestro periodista de cabecera.
Gran reflexión sobre una parte de este deporte y cuyos representantes han quedado perfectamente reflejados en unas pocas líneas de realidad.
Ahora a seguir con nuestra vida cotidiana reflejo de pérdida de valores.