El canadiense hace «triplete» en octubre al conseguir su primer ATP500 en Basilea. Rune no pudo llevar el partido a la tercera manga al ceder en el tie-break del segundo set. Auger-Aliassime confirma su presencia en el Masters de Turín y el danés entra en el Top20 por primera vez en su carrera.
Dos años, o lo que es lo mismo, con la precisión que se gastan en Basilea, 63.072.000 segundos, llevaba sin disputarse el ATP500 de Basilea por culpa de la pandemia. Ese tiempo, eterno para algunos, lo ha aprovechado Felix Auger-Aliassime para engrasar el mecanismo de su reloj tenístico, un aparato de extremada precisión que durante toda la semana no ha parado de entonar sus tic-tacs con el fin de lograr el primer triunfo en un ATP500 de toda su carrera.
Auger-Aliassime alcanza un «triplete» al encadenar los triunfos en Florencia, Amberes y Basilea, sede de la feria más importante de relojes de lujo. El Rolex del mes de octubre se enfrentaba en la final a un prometedor reloj de cuco, Holger Rune. El danés se coló en la final tras un tie-break de infarto ante Bautista en el que sólo el segundero fue capaz de marcar las diferencias. A pesar del excelente estado de forma de Holger, que también venía de ganar en Estocolmo, conforme los sets se acercaban a los momentos decisivos, las pilas empezaban a fallar. En cambio, el salto de calidad del canadiense en las últimas semanas ha convertido su buen reloj de pulsera en un majestuoso reloj de la torre principal de cualquier ciudad del mundo, dispuesto a dar la campanada del tenis más pronto que tarde.
Tras un espectacular inicio de temporada, con el triunfo canadiense en la ATPCup y la llegada de su primer título ATP en Rotterdam, Aliassime sufrió los rigores de la competencia, los torneos a la intemperie y las derrotas inesperadas. Parecía que el reloj se había parado y necesitaba darle cuerda. Así llegó el otoño y las agujas del canadiense se sincronizaron con las líneas de la pista en una simbiosis hasta ahora desconocida que parecía hacerlas coincidir en el momento y lugar exacto. Las derechas ganadoras se multiplicaban y el servicio disparaba el cronómetro hasta velocidades inapreciables por el ojo humano.
Auger-Aliassime me recuerda a aquel niño de nuestra infancia, ilusionado con el primer reloj que tardaba en llegarle, el de la primera comunión. A él le llegó tarde, este año en Rotterdam, tras 9 finales perdidas. Ahora ya tiene cuatro y amenaza con asaltar las joyerías de París y Turín en las próximas semanas.
Estos días, coincidiendo con el polémico cambio al horario de invierno, Aliassime ha demostrado, a todo el mundo del tenis, que su evolución de reloj de arena a reloj atómico es ya un hecho y está dispuesto a marcar el tiempo en el circuito durante los próximos años. Nadie duda ya que las agujas del reloj del canadiense tienen muchas vueltas por dar y, lo que es más sorprendente, amenazan con no marcar los segundos, sino los primeros.
Este chaval va por buen camino, seriedad y disciplina en su juego, le veremos subir y disfrutar con su Tenis GRACIAS
En mi opinión estamos ante un potencial N°1. le falta recorrido, mejorar en la volea pero aún asi está llamado a marcar una época. Su trabajo, constancia y educación le ayudarán. Auguro que está un escalón por encima de aquellos que los medios de comunicación señalan como los grandes de la nueva generación
Con lo que está consiguiendo este año, no me extrañaría que el 2023 fuera el año de su confirmacion y lo viéramos, si no ganando un Grand Slam, bien luchando por conseguirlo. El tiempo lo dirá.