El «Chino» Ríos es considerado como el mejor deportista chileno de todos los tiempos, aunque sus triunfos son mucho menores que el talento que demostraba en la pista. Primer nº1 de la ATP de toda Iberoamérica, Marcelo Ríos no consiguió ganar ningún Grand Slam al perder la final del Open de Australia de 1998 ante Petr Korda.
El éxito le llegó demasiado pronto, con tan sólo 21 años. Genial, capaz de dibujar cualquier golpe por inverosímil que pudiera parecer. Excéntrico, con una vida fuera de la pista diferente a la del resto de sus compañeros, y que en muchas ocasiones, trataba de imitar en la cancha, Marcelo Ríos es otro de esos tenistas que, de haber tenido la azotea bien alicatada, ahora tendría sus vitrinas llenas de trofeos. Pero el «Chino» era un disfrutón del tenis y para él, el sufrimiento y el esfuerzo no entraban dentro del equipaje que solía llevar en los viajes. El talento mantuvo, durante toda su carrera, una lucha constante contra el trabajo.
De familia acomodada sufrió la falta de tradición en su país para esto del tenis. Lo de Ríos fue un milagro que en contadas ocasiones se da. Ni él mismo era consciente de cuanto había logrado, hasta el punto de querer retirarse cuando alcanzó el nº1 del ranking ATP. Él es uno de los 26 que lo han alcanzado desde que vivimos la era abierta del tenis. De ellos sólo ha habido 4 zurdos: McEnroe, Muster, Ríos y Nadal y 4 mágicos, McEnroe, Federer, Ríos y Nasthase. Ríos estaba entre ambos. Su magia se consagró cuando venció a Agassi. Justo en ese momento pensó que ya no valía la pena seguir luchando por nada más. Las luchas contra Krajicek, Ivanisevic, Becker, Stich, Kuerten fueron demasiado duras para alguien que entiende que el tenis actual es muy aburrido. El chino Ríos tarda poco en criticar el tenis perfecto de Sampras y se declara seguidor de Federer. Hoy sería equiparable a Kyrgios.
Ganador de 3 Master1000, todos sobre polvo de ladrillo, (Hamburgo, Montecarlo y Roma) el jugador chileno bien podría haber levantado el Open de Australia de 1998, en el que cayó ante Korda, el padre de Sebastian, que posteriormente fue sancionado por dopping. El tenis no revisa estos positivos como en otros deportes: atletismo o ciclismo. De no haber sido así, el chileno tendría su Grand Slam.
El Chino siempre se quejó del trato de la ITF y de la ATP. Su carácter directo y esa obsesión por decir las cosas sin procesarlas le fraguó demasiadas enemistades en todo el circo del tenis. Detrás de esa actitud tan beligerante puede estar que no tenga el Major australiano. Y es que Marcelo siempre ha ido atrayendo los conflictos. El chileno se enfrentó a la ATP, plagada de gringos según él, discutió con Sampras, no soportaba a los doblistas, ni al presidente de la federación chilena…, él iba a jugar al tenis, no a hacer amigos. Ni lo pretendía, ni lo consiguió.
Aún así, el Chino Ríos tenía predilección por Roland Garros, pero la dureza de tres semanas en un mismo hotel, la disciplina de un torneo tan largo, los partidos a 5 sets se convirtieron en una muralla insalvable para el sudamericano. Tan sólo alcanzó los cuartos de final en dos ocasiones: 1998 y 1999, pero el Chino se bloqueaba con la llegada de la segunda semana.
Anárquico en los entrenamientos, Marcelo Ríos se jactaba de no calentar antes de los partidos. Sólo los 5 minutos de rigor. Ahora todos son superatletas que viven todo el día para el deporte. Entrenamientos, gimnasio, táctica, alimentación. Marcelo no atendía nada más que a su genial forma de expresarse en una pista. El tenis de Ríos no era de preparadores físicos, fisioterapeutas, masajistas, psicólogos, encordadores y nutricionistas. Ríos comía pizza, bebía cerveza y salía cuando le apetecía. El arte del tenis del chileno no podía venderse encapsulado en píldoras milagrosas sino en espasmos que salían a borbotones de su raqueta. Pero, esa forma de jugar suele tener la fecha de caducidad muy próxima a la fecha de elaboración.
Este elegido del tenis carecía de consistencia en su juego y eso los rivales lo percibían. Bastaba con jugar sólido para superarle en la cancha, aunque sus fracasos más provinieron de su inestabilidad emocional y de sus giras por una Europa a la que considera un continente triste, gris, serio, alejado de la fiesta latinoamericana, del calor del clima y de sus gentes, que de las capacidades del rival, frecuentemente inferiores a su talento. Marcelo Ríos es un tipo polémico que no se ha preocupado de aparentar nada. Quien lo quiere sabe cómo es, porque no tiene dobleces. En las antípodas de la corrección se convirtió en el primer y único exponente del tenis chileno de su época, abriendo el camino para los Nico Massu y Fernando González. Pero su carácter especial le separó del resto de jugadores con los que no compartía ni forma de ser ni estilo de vida. Lejos de amilanarse, su carácter rebelde le hizo más especial.
Ahora, el Chino Ríos, vive apartado de la vida agónica, esa que hace poco le dio un buen susto, en su residencia gringa de Sarasota. Ve poco tenis porque no acaba de comprender cómo se puede llamar igual a lo que el jugaba que esto que los de ahora hacen, reventando la bola desde el fondo y prohibiendo cualquier licencia a la improvisación.
Único jugador en la historia que alcanzó el nº1 junior, profesional y senior, el tenis le dio una situación económica muy buena pero no supo gestionar su relación con el entorno. El Maradona del tenis. Amigo de los asados, de la fiesta y de los amigos encontró que el tenis era un mundo desconocido en el que el partido era lo de menos. Su personalidad complicada, la tremenda timidez, su mala relación con la prensa, sobre todo la chilena le convirtieron en una persona excesivamente directa en la que la confrontación se convirtió en algo habitual. Lo de Ríos era algo genial. Nick Bollettieri reconoció que Ríos fue el mas talentoso de cuantos jugadores entrenó. Eso ya es suficiente para el ego del Chino
Marcelo Rios llegó a ser el mejor durante seis semanas, como Muster y Kafelnikov, aunque no ganara ni un Grand Slam. Su capacidad para abrir la pista con ángulos imposibles era memorable, pero como le pasa a los ángulos, resulta imposible imaginar cómo alguien tan agudo para esto del tenis, tuvo un comportamiento tan obtuso.
Muy bien todo el artículo describiendo al buen Tenista Marcelo Ríos, pero amigo Fran, casi lo mismo podemos describir a los 5 tenistas más importantes sudamericanos, competían a medias, solo les importaba divertirse y con la ley del mínimo esfuerzo. Muy bonito vocabulario y ternura en sus conversaciones pero sacrificio y esfuerzo la prueba ahí está….