La invasión de Ucrania, la pandemia, la corriente de feminismo, el racismo, la defensa del Medio Ambiente… todo lo establecido como políticamente correcto en la sociedad que vivimos son cuestiones que empiezan a exigirse a los jugadores para continuar ejerciendo su profesión. Wimbledon impedirá a los jugadores rusos participar en su torneo. Por eso nos preguntamos si se trata de un atentado contra la libertad personal o, simplemente, de un caso más de difusión uniforme y global de la ideología de unos pocos.
Imaginan a Fernando Alonso denunciando el trato desconsiderado de Don Pelayo sobre los amistosos moros, que visitaron nuestra piel de toro en el s. VIII, con el único objetivo de poder participar en el próximo Gran Premio de Arabia Saudi? Me temo que no. Resulta ridículo sólo pensarlo. Dice nuestro sabio refranero que es conveniente no mezclar churras con merinas. Sirva el ejemplo ovino para poner de manifiesto, como hace mi admirado Jano García, la actitud de rebaño que adoptamos las masas dentro del redil ideológico que se nos ha impuesto. La política y las cuestiones geoestratégicas deben dirimirse en otras canchas alejadas de nuestro querido deporte, el tenis.
Nos gusta pensar que vivimos en sociedades avanzadas y completamente democráticas. Imaginamos que somos libres para ejercer nuestros derechos, tanto naturales como fundamentales, pero, en muchas ocasiones olvidamos las consecuencias que nos acarrearía, en el desaconsejado caso de que lo hiciéramos, disentir del pensamiento único establecido por los grupos de poder.
Al contrario de lo que pensamos, en esta sociedad hiperavanzada del siglo XXI estamos sufriendo recortes en nuestras libertades mayores que los de épocas pasadas. Podría exponer infinidad de casos en los que se pone de manifiesto que, con la excusa de alcanzar una sociedad más justa, estamos creando nuevas desigualdades. El discurso establecido, y socialmente aceptado, evita cualquier tipo de disidencias con la amenaza de ser acusado de cualquier barbaridad. Se nos encasilla como blanco o negro, evitando argumentaciones que nos posicionen en la infinidad de grises que nos otorgarían la libertad de expresar, con exactitud, lo que opinamos sobre cualquier cuestión.
Si discrepas de la igualdad de las mujeres en todos los aspectos de la vida eres un machista, si consideras a una raza más propicia para realizar unas funciones te conviertes en un racista, si te parece desmedida la inmigración ilegal existente te acusarán públicamente de xenófobo, si piensas que no todas las opiniones deben valer lo mismo, elitista, si expones que no se debe sancionar al que triunfa con impuestos abusivos, un capitalista insolidario, si te gusta el jamón bueno, maltratador de animales y si cometes la osadía de desplazarte por el mundo en un vehículo privado alimentado por combustibles fósiles, un destructor del Medio Ambiente que no merece vivir en este planeta. Esta es la dictadura impuesta por la democracia actual.
El deporte vivía ajeno a todas estas cuestiones hasta hace poco. Sin embargo, cada vez más, presenciamos situaciones que ponen de manifiesto que esta amputación de derechos ha llegado ya al deporte y amenaza con perpetuarse. Amparándose en un irreal bien común y una justicia mundial que no existe más que en el mundo infantilizado que hemos creado, esta semana, los organizadores del Grand Slam de hierba, han tomado la decisión de impedir a los jugadores rusos que participen en Wimbledon’22. Putin debe estar temblando. Tras la decisión de quitar las banderas rusas de los torneos que juegan los tenistas de su país, jamás hubiera imaginado una decisión tan endiabladamente eficaz.
A esta exclusión se suma la ya conocida obligación impuesta, en la mayor parte de los torneos del circuito, a que los jugadores estén vacunados contra el COVID19, en aras de un bien común, pero que, a fin de cuentas, sólo tendría consecuencias personales para los afectados. Pasada ya la emergencia sanitaria de los primeros meses, a mi modo de ver, se trata de una intromisión más en la sagrada privacidad del individuo.
Este tipo de decisiones esconden posiciones más autoritarias que democráticas. Las libertades se recortan cuando nos obligan a elegir entre el sano ejercicio de nuestra profesión con la toma de posición en cuestiones que deben ser independientes a la misma. A los jugadores rusos se les está poniendo entre la espada y la pared. El tenis o su país. No existen las diferentes tonalidades de grises que les colocarían en una posición menos incómoda. Ni ellos son responsables de la invasión de Ucrania ni deben poner en riesgo a sus familiares manifestándose en contra de las acciones de su país. Es como si exigiéramos a Lewis Hamilton una declaración oficial denunciando la ocupación de las Malvinas argentinas en 1982 o pidiéramos a Tiger Wood que se manifestara en contra de la Guerra de Irak que su país perpetró no hace muchos años. Los jugadores merecen respeto y en su derecho natural está no manifestarse en cuestiones que, como tenistas, no les incumben. ¿Acaso no aceptaríamos de buen grado al fontanero moscovita que viene a nuestra casa a arreglarnos un importante atranco en nuestro inodoro? A nadie se le ocurriría expulsarle alegando su origen, probablemente, porque de esta forma continuaríamos con el problema más tiempo del deseado.
Si imponemos este criterio a otras cuestiones y deportes, nos quedaríamos sin ver jugar a Benzema por pertenecer a una religión que maltrata a las mujeres, sin Ricky Rubio por no condenar el espionaje del CNI español en el Caso Pegasus, sin Doncic por no denunciar los excesos de la policía norteamericana con los negros, sin Piqué por no apoyar a esa monarquía española que tan buenas comisiones le podría haber proporcionado, sin John Rahn por no condenar los crímenes de ETA, y, lo peor de todo, sin nuestro “Iniesta de mi vida” levantando la Copa del Mundo con España por no haberse manifestado nunca con claridad en contra del independentismo catalán.
El tenis es un deporte individual y, siempre y cuando no se cometan delitos de apología o que supongan un atentado a los derechos humanos más básicos, debería imponerse el derecho a no manifestarse por cuestiones ajenas. Los tenistas rusos lo hacen a título individual y ahora van a ser sancionados, simple y llanamente, por las tropelías cometidas por un sátrapa que, dio la maldita casualidad, nació en el mismo terruño que Medvedev, Rublev, Khachanov y Karatsev.
Djokovic ya está sufriendo el castigo por no querer protegerse de una pandemia que se ha llevado por delante algo más de 6 millones de personas en todo el mundo. Su libertad le ha costado seguir ejerciendo su profesión. Se podrían haber diseñado medidas profilácticas y sanitarias adecuadas que le hubieran permitido convivir con ambas posiciones, pero una vez más, desde la posición de quienes mueven nuestros hilos, resultaba más sencillo coartar las libertades ofreciendo sólo dos alternativas: vacunación sí-vacunación no.
De continuar esta deriva liberal acabaremos exigiendo a los jugadores, para participar en tal o cual torneo, un compromiso firme con la defensa de la zarigüeya andina, en contra de la presencia de los polifosfatos en los alimentos, a favor de la equiparación salarial de todos los empleados de una empresa sin importar sus responsabilidades o funciones y una declaración jurada de no haber contribuido al enriquecimiento de empresas contaminantes al haber comprado sus productos. El ranking ATP no reflejaría los mejores jugadores de tenis, eso sí, tendríamos colocados ahí a los ciudadanos mejor modelados por el stablishment.
Todo esto que parece descabellado nos conduce a un futuro muy preocupante, más propio del Antiguo Régimen que de nuestros tiempos. Se trata de un claro atentado contra los más básicos derechos individuales que tanto costó alcanzar y que curiosamente, ahora, es aceptado por la comunidad internacional. Dejemos que la libertad de expresión de cada uno de los jugadores rusos haga que se manifiesten como les venga en gana…, o no.
Mi posición ha quedado clara, pero qué opinas tú.
¿Hace bien Wimbledon excluyendo a los jugadores rusos?
¿Crees que Putin decidirá parar la invasión de Ucrania para que los Medvedev, Rublev, Khachanov o Karatsev jueguen en la hierba londinense?
¿Hay que exigir posicionamiento sobre cualquier tipo de cuestiones a los personajes más influyentes de nuestra sociedad?
¿Sirve de algo esta medida o la de las banderitas?
¿Crees que todos deberíamos ser ciudadanos ejemplares para ejercer nuestra profesión o tendríamos que ser inhabilitados de la misma si se demuestra que no somos tales?
Demasiadas cosas y planteamientos entrelazados. Cómo bien se reseña no se deben mezclar las churras con las merinas.
Estoy plenamente de acuerdo en el cuidado que todos debemos tener para preservar la democracia y las libertades, soy consciente de que no siempre debemos percibir las circunstancias como blanco o negro, pero discrepo de muchas cuestiones previamente planteadas.
Dicho lo cual, añadiría sobre el citado fontanero, que es bueno distinguir los personajes públicos de los que no lo son, ya que las actuaciones de los primeros nadie las termina conociendo y en el caso de los segundos son claramente diferente y si calan en la opinión pública.
Ciñiendome a lo expuesto, creo que:
*Veo absolutamente correcto como se ha actuado en el circuito, frente a la pandemia, caiga quien caiga, Djokovic incluido.
*Evidentemente Putin y ante la posibilidad de no ver tenistas rusos en el circuito ATP, se fumará un puro, pero a la par, observar como muchos personajes públicos, políticos, empresarios, ajedrecistas, ¿porqué no tenistas? si alzarán su voz en contra señalando al sátrapa, eso…, eso seguro le haría daño.
Estos tiempos son complejos y las opiniones que generan en todos nosotros son diversas.
Has tocado un tema difícil de ponerse de un lado u otro, con el tema de la PANDEMIA estaba claro que si la condición para competir era vacunarse, si no lo haces, quedas excluido por el bien de los demás, pero el tema de ésta absurda y criminal guerra es diferente. Mi opinión, si todos los deportistas en general RUSOS se manifestaran en contra (aúnque a Putin le daría igual) ello creo que sería suficiente para participar en cualquier deporte, pero nunca como equipo representando a esa Nación. Así libres para competir. Creo que en todo esto falta DIÁLOGO para un CONSENSO
Creo que está demostrado que los tenistas rusos no han participado, de ninguna forma , en la invasión de Ucrania. Así pues, no considero justo la prohibición a competir en las competiciones de la ATP.
Sobre el resto de consideraciones habría motivos para una serena discusión que, seguramente tendré en fechas próximas
[…] un mes los organizadores del Gran Slam de hierba decidieron excluir a los jugadores rusos del cuadro por cuanto estaba, y está, ocurriendo en la ocupación de Ucrania. Los jugadores no […]