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Una semana después del viaje de Djokovic a Australia, seguimos sin saber si jugará o no el Grand Slam austral. Conforme más se conocen los detalles del proceso, más se empaña la imagen del nº1 del tenis. El torneo ha sorteado ya el cuadro final de juego y Novak aparece en lo más alto del mismo.


Incorrecciones en los formularios de ingreso en el país, abogados que consiguen alargar el proceso por detalles en la detención aeroportuaria, jueces que encuentran defectos de forma, mentiras que pronto se pillan, asfixiante presión de los partidarios, injustificado apoyo familiar que roza lo ridículo… Cuanto más sabemos de este eterno proceso, más pequeña se hace la figura de Djokovic.

El serbio, acostumbrado a respetar las normas que regulan el funcionamiento del tenis, debería entender la soberanía que tienen los países democráticos, para tomar las decisiones que estimen oportunas, con el fin de proteger a su población. Pero el camino que ha emprendido Nole ya no tiene vuelta atrás. Han sido demasiadas mentiras que están demostrando que todo responde a un plan perfectamente orquestado con el fin de burlar las medidas exigidas por Australia, desde hace demasiados meses.

Cada minuto que pasa, más insostenible parece la decisión de permitirle jugar, haciendo excepción a la norma. De la misma forma que Nole no se cuestiona vestir con alegres colorines en Wimbledon, o la idoneidad o no de las normas del US Open, en el que te expulsan si lanzas una pelota al aire si golpea a una juez de línea, debería aceptar las normas impuestas por las autoridades de los países en los que va a competir, y sobre todo de los australianos, quienes ya llevan respetando y padeciendo estrictas normas sanitarias dos años.

Seguimos a la espera de saber qué ocurrirá en este culebrón. Por lo pronto, se enfrentará en primera ronda contra su amigo Kecmanovic, si la deportación no lo remedia. Quizá esto fuera lo mejor para el serbio. El órdago a Australia lo puede ganar o perder Nole, pero difícilmente el mundo del tenis va a poder olvidar el tremendo ridículo que está haciendo el entorno del Djokovic por su obsesiva postura de no vacunarse, cosa que han hecho el 97% de sus compañeros del Top100. Australia no es más que una batalla, pero la guerra contra el COVID se dirime en Roland Garros, Wimbledon y Flushing Meadows. La ambición de Djokovic tendrá que debatirse entre la lucha en las canchas o su firme decisión negacionista. ¿Qué pesará más en el serbio?

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

Un comentario en «EL ATRONADOR SILENCIO EN EL «AFFAIRE DJOKOVIC» DAÑA LA IMAGEN DEL SERBIO… Y DEL TENIS»
  1. Amigo Fran, aparte de negacionista(sin respeto a todas las personas que han muerto de COVID) es un prepotente, sin respeto a sus propios compañeros. Nadie le obliga a vacunarse sólo a cumplir las normas, si quiere jugar por muy número UNO esto es lo que hay. Pero por desgracia, el tema económico y político en este tiempo es lo que impera

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