Djokovic-OpenAustralia

El serbio se aferra a su derecho a no decir si se ha vacunado o no y a una exención concedida por el torneo, para viajar a Australia y participar en el primer Grand Slam del año. Los tribunales decidirán el lunes acerca de las demandas interpuestas por el serbio. La noticia ha generado tal lluvia de críticas dentro y fuera del mundo del tenis, con opiniones a favor y en contra, que lo deportivo se ha convertido en una cuestión de política internacional.


La sociedad en la que vivimos se asienta sobre unos férreos principios de libertad, justicia, igualdad y respeto a los demás. Sobre ellos hemos construido, al menos en el primer mundo, un terreno de juego muy agradable en el que afrontar el partido nuestro de cada día. Los representantes de estos derechos, libertades y garantías, así como los iconos de nuestra sociedad, deberían dar ejemplo al resto de los ciudadanos con el cumplimiento de estas normas de convivencia. Pero, lamentablemente, los Bosés y los Djokovics también andan sueltos profiriendo lo primero que se les viene a la cabeza y haciendo caso omiso a las más básicas obligaciones de convivencia.

La llegada de la pandemia mundial de COVID’19 ha provocado que algunos derechos se tengan que restringir en beneficio de todos. Cada jurisdicción ha improvisado medidas extraordinarias con el fin de proteger a sus ciudadanos. Unos han sido más laxos y otros más estrictos. Australia está entre los países que fueron más restrictivos a la hora de cerrar fronteras o exigir información sanitaria que garantizara que quienes entran en el país no fueran portadores del virus. Cuarentenas obligatorias, documentos sanitarios, pasaportes COVID…, llamémosle como queramos a estas fórmulas de control para atajar una pandemia.

La manida libertad que llena las bocas de los defensores del serbio no se ha vulnerado. Ya sabemos que hay, y ha habido siempre, leyes injustas, pero mientras están vigentes sólo podemos luchar para derogarlas. Aún así, Djokovic tiene la libertad de vacunarse o no hacerlo. Nadie le ha obligado…, de momento. Y no sólo eso, es libre de participar o no en el Open de Australia. Querer hacerlo saltándose las normas establecidas por el torneo y las autoridades sanitarias del Estado de Victoria, en el que se encuentra Melbourne, y del gobierno central australiano, resultaría discriminatorio para el resto de «compañeros» tenistas que han hecho los deberes para ajustarse a lo que ya se sabía desde hace meses y también para los ciudadanos australianos, que llevan dos años sufriendo estrictas restricciones de movilidad para mantener su territorio libre de Covid.

Llevaba meses amenazando con no jugar en Australia si se mantenían las estrictas medidas sanitarias exigidas, pero Nole estaba loco por participar en el primer Grand Slam del año y deshacer el triple empate del Big3 en grandes torneos. Por eso ha aprovechado la más mínima exención, amparada en no sé qué medida, para plantarse en el aeropuerto de Melbourne. Inmejorable estrategia para presionar a las autoridades del país, del Estado de Victoria y hasta del Australian Open. Nadie se iba a atrever a no hacer la vista gorda con el más laureado jugador de la historia en tierras australes para tenerlo un año más en la pista central de Melbourne. Pero el guión no estaba escrito al gusto del serbio. Ahora aguarda, hospedado en un hotel para turistas que esperan el acceso al país, a que la Audiencia se pronuncie sobre el caso. No está recluido, puede volver al resto del mundo cuando quiera, pero, con las normas sanitarias impuestas en Australia, jugar el Open de Australia, este año, se me antoja muy complicado.

Y a todo esto, el bufón que suele acompañar toda noticia, Srdjan Djokovic, padre de la criatura, quien pone de manifiesto los efectos secundarios de la «No VACunación». Desde Serbia ha iniciado una campaña a favor de su hijo y en contra de Australia por el trato recibido. Las fotografías del serbio saludando desde el balcón de la residencia en la que se hospeda lo convierten en un Assange que, lejos de estar retenido, tiene la opción de abandonar el país cuando quiera, como el resto de los visitantes que no tienen el visado en regla y no presentan una pauta de vacunación completa. Entre las barbaridades proferidas por el visionario progenitor están las de compararlo con Jesucristo o erigirlo en un Espartaco del nuevo mundo. El despropósito amenaza con superar los límites del deporte. El presidente serbio se une a la fiesta y apela a un complot contra Serbia, devolviendo al avispero balcánico un protagonismo bélico que tuvo, por desgracia, durante todo el s. XX. Allí se inició la I°GM y el «affaire» Djokovic amenaza con convertirse en el asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo.

El temita ha trascendido lo deportivo. Las portadas de los periódicos y los telediarios de todo el mundo se han acordado del tenis sin que Nadal nos regale alguna de sus gestas.

No estoy aquí para defender a las autoridades australianas o mandar a los infiernos al nº 1 del tenis. Dios me libre. Mi única intención es poner sobre la mesa el derecho comparado de quien quiere proteger a sus compatriotas y quien quiere ejercer el derecho de protección de sus datos sanitarios. Ni Australia exige a Djokovic que se vacune ni el serbio debe exigir que se cambien las leyes sanitarias australes. Simplemente esas variables son las que deberían ponerse sobre la mesa.

Vivir en sociedad implica que las decisiones particulares no sean prioritarias a las colectivas. Que Djokovic quiera jugar al tenis, sin vacunarse, en un país que exige a todos sus habitantes las máximas obligaciones sanitarias, no tiene sentido. Imponer su derecho individual al colectivo es criticable y hacer de su posición de privilegio en el tenis un órdago al torneo no es de recibo.

Los deportistas de élite son unos privilegiados de esta sociedad del s. XXI y por lo tanto, no están exentos de ese principio romano del derecho que apela a la implacable dureza de la ley, aunque esta ni nos guste, ni nos favorezca: Dure lex, sed lex. Ni que decir tiene que Djokovic es un jugador espectacular, inolvidable, llamado a fulminar todos los récords, pero, fuera de la pista, el serbio, cada día se está mostrando menos ejemplar, más pequeñito, más vulgar. El Covid ha puesto en su sitio a «YoCovid».

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

3 comentarios en «DJOKOVIC OLVIDA LO DE «DURA LEX, SED LEX»»
  1. Muy acertado respecto a las medidas sanitarias y la libertad en este caso concreto. A pesar de esto, creo que no debe tratarse el Djocovik affaire como modelo para extrapolarlo a todos los problemas que están surgiendo en el debate vacunacion-libertad. Este es un tema muy concreto dentro de un amplio número de conflictos. Y el show del padre reafirma mi argumento quitando seriedad a un tema bastante complejo y de gran controversia. Aún no sé mucho de derecho, y la inmediatez de la actualidad ha hecho imposible presentar sentencia al respecto. Pero espero que al terminar la carrera ya se siente jurisprudencia sobre este y caso y hablemos de «nueva ruptura jurídico-social a raíz de la crisis sanitaria».

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