Rafa gana a Tsitsipas en una épica final para conseguir una docena de «Condes de Godó». El español desperdició dos puntos de partido en el segundo set, y levantó un match ball en el tercero. Casi cuatro horas inolvidables de una batalla mediterránea que se quedó en casa. La recompensa: recupera el nº 2 de la ATP.
Nunca dejará de sorprendernos. En toda la vida podremos agradecerle las tardes que nos regala saltando en el sofá cada vez que gana uno de esos puntos imposibles. Jamás tendremos suficiente dinero para pagarle ese orgullo patrio que todos sentimos cuando le vemos luchar por alcanzar algo que colecciona con escandalosa frecuencia. Esta tarde, Rafael Nadal Parera ha ganado su decimo segundo trofeo Conde De Godó de Barcelona.
La de hoy ha sido la más épica de cuantas ha disputado Rafa en el torneo barcelonés. La duodécima ha costado más de lo normal. En frente hoy estaba el nº1 de 2021, el ganador del Master1000 de Montecarlo y el verdugo del manacorí en el Open de Australia de este año, donde acabó remontándole dos sets: Stefanos Tsitsipas. La semana pasada, el griego se quitaba la espina de su sequía de torneos Master1000. Hoy se ha quedado a un punto de hacer lo propio con los los ATP500. Pero no contaba con que delante estaba un guerrero infatigable que se comporta como un universitario ilusionado por conseguir su primer aprobado.

Nadal no ha perdido nunca una final en Barcelona. Eso le ha empujado a remontar un 4-2 abajo en el primer set en el que Stefanos se ha ido deshaciendo como un azucarillo. El griego se ha topado contra otra dimensión. No comprendía como su juego profundo y agresivo no surtía efecto contra el muro balear. Siempre le exigía pasar una bola más…, y eso comporta, en muchas ocasiones, un mayor grado de riesgo y un mucho de desesperación. Al final, 6-4 para el español. La experiencia y los galones impusieron su criterio.
El segundo set empezó como un calco del anterior en la central del Godó, la pista que lleva el nombre de Rafael Nadal. Rafa fue asentándose en su pista hasta disfrutar de dos bolas de partido en las que Tsitsipas demostró que ya no es un inexperto jugador, como aquel que cayó en 2018 en la final del Godó con tan sólo 3 juegos en su casillero. Nadal no supo cerrar el partido y tampoco estuvo acertado en la muerte súbita. Tras casi tres horas de partido, tablas.
Nadal se complicó la vida. No suele hacerlo y habitualmente sabe salir de los problemas en los que se mete. A sus 34 años, casi 35, tiene la suficiente experiencia para resolverlos el solito. Hoy, cualquiera hubiera pensado que tras la paliza de dos sets durísimos y con once torneos en sus vitrinas bajaría algo los brazos presionado por el hambre de un joven griego en claro crecimiento y con unas expectativas que no conocen límite.
Como un plan perfectamente diseñado por Rafa, que hemos visto en infinidad de ocasiones, y después de defender ambos con relativa facilidad sus servicios, llegaron al 5-5 con servicio para el griego. Ahí es donde Nadal se vuelve infalible y asestó un break que resultó letal. El mismo lo ha explicado mejor que nadie: “Es mi consistencia mental. A veces, como seres humanos, entramos en una rutina. Pero es importante saber desarrollarla, porque consigues grandes beneficios con ella. No he sido el mejor jugador en lo relativo a la regularidad, hay muchos jugadores que lo han hecho mejor que yo en ese sentido. Pero puedo inspirarme en ellos por hacer tan bien su trabajo”. Ese es Nadal. A nosotros no nos queda más que admirarle como deportista y como persona.
De momento, Rafa tiene su objetivo en la tierra parisina y, esta tarde, ha puesto las cosas en su sitio.