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Han pasado dos décadas desde la primera Copa Davis. Luego han venido más, pero los recuerdos y sensaciones que nos dejó la primera, son difíciles de olvidar.


Resulta difícil pensar que hace tan sólo 20 años que España consiguió su primera Copa Davis. Luego han venido 5 más hasta colocarnos entre los países que más veces han ganado la Ensaladera.

Hasta diciembre de 2000, España sólo había disputado las finales de 1965 y 1967 en las que caímos como visitantes de las antípodas contra Australia. Ahí se disiparon las opciones de los Santana, Orantes, Gisbert y Arilla.

Hubo que esperar 33 años para que España volviera a presentarse en una final de la Davis. El rival, el mismo: Australia. Eso sí, por primera vez íbamos a luchar por la Ensaladera en casa. Los protagonistas hacían presagiar una eliminatoria muy igualada. Por parte de ellos:

Patrick Rafter, dos veces campeón del US Open y otras dos veces finalista de Wimbledon. En 2000 vivía los mejores momentos de su carrera deportiva, hacía tan sólo un año que había sido nº1 de la ATP, eso sí, tan sólo una semana, el jugador que menos tiempo ha permanecido en la cúspide del tenis. Especialista del juego saque-volea era un auténtico peligro para las aspiraciones de la «Armada terrícola».

Y como número 1 del equipo aussie, Lleyton Hewitt. Con tan sólo 19 años ya estaba entre los mejores del mundo, aunque aún no había ganado los dos Grand Slams que adornan su palmarés. Una semana antes había disputado el Masters Finals en Lisboa en el que había caído en la fase de grupos y contaba una premonitoria derrota ante Alex Corretja. Su relación con la tenista belga Kim Clijsters, y las declaraciones que ella iba haciendo durante toda la eliminatoria, alimentaron las páginas más amarillas de la prensa.

La primera jornada había empezado con la victoria en cinco sets de Hewitt ante Albert Costa. El joven Lleyton supo sobreponerse a la presión del Sant Jordi para despertar fantasmas entre la afición española. Pero no sería el protagonista de la eliminatoria el joven australiano, sino otro jugador que rondaba los veinte años, como él: Juan Carlos Ferrero, el «mosquito». El de Onteniente, con la enfrentamiento abajo, salió nervioso. Más de uno estaba afilando su pluma contra los capitanes del equipo español por haber reservado a Alex Corretja, jugador español mejor clasificado del ranking ATP a finales de 2000. Ferrero, inexperto en estas batallas empezó mal y el primer set cayó del lado de Rafter, pero, poco a poco, con ayuda del público, hizo valer su estado de forma y superioridad en este tipo de pistas para poner las tablas en el marcador.

El sábado fue para el dobles. Aquí los australianos contaron con una de las parejas más contrastadas de la época: Stolle-Woodforde. Quizá este era el punto que, a priori, más complicado tenía España. La pareja Corretja-Ballcells habían vencido en semifinales a los estadounidenses. Esa fue la inyección de confianza que necesitaban para saldar con un triple 6-4 el dobles y decantar la balanza de la eliminatoria hacia el lado español.

Y llegó el domingo. El 10 de diciembre de 2000. España no quería terminar el siglo sin conseguir una gesta que se nos había negado dos veces. Teníamos dos balas en la recámara. Corretja esperaba, descansado por haber jugado sólo el dobles, para culminar la faena, pero Juan Carlos Ferrero nos dió la gloria sin poner a prueba los corazones del público español. El «Mosquito», con un firme passing-shot de revés en el décimo juego del cuarto sets levantó de sus asientos a toda la afición española. Ni siquiera tuvo tiempo de celebrar la victoria antes de que el resto del equipo se lanzara sobre él para certificar la primera Copa Davis para España.

El siglo XXI ha sido más propicio para el tenis español. Con la consolidación de Ferrero, la llegada de Moyá, Feliciano, Ferrer, Verdasco, Bautista… y sobre todo Nadal, España, se ha hecho un hueco en el Olimpo del más emotivo torneo de cuantos hay en el tenis. Ya reposan en las vitrinas de la Federación Española de Tenis los triunfos de las ediciones de 2004, 2008, 2009, 2011 y 2019 de la Copa Davis,

Para el anecdotario queda la presencia de Nadal en la Davis de 2000. Un joven de 14 años de Manacor se había ganado el honor de portar la bandera. Era un guiño a lo que nos iba a dar más adelante enarbolando, con orgullo, el presente y el futuro del tenis español.

Han pasado 20 años desde que un fin de semana de diciembre nos abrió las puertas de la Copa Davis. Ahora parece poca cosa, un triunfo sobredimensionado. Nos hemos malacostumbrado. El deporte español está borracho de éxitos. En los últimos años hemos visto como conquistábamos territorios que teníamos vetados. Pronto llegaron los triunfos de Fernando Alonso en la Fórmula 1, el Mundial de fútbol o los anillos de Gasol en la NBA, por no hablar de lo que ha hecho Nadal en todo este tiempo…

Ahora bien, todos sabemos que lo que se hace primero, nunca se olvida.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

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