Nadie se ha quejado, hasta el momento, de la insolidaria asignación directa de Madrid para albergar, como sede sanitaria, a los posibles contagiados de Hantavirus. Me ha extrañado comprobar que ninguna comunidad autónoma reclamara su cuota igualitaria para repartírselos equitativamente, a fin de reducir el pertinaz centralismo que padecemos. En Madrid todo se acepta con la deportividad propia de quien se reconoce como fruto de la mezcla genética de España entera, y parte del extranjero.
En Madrid todo cabe. Desde los lujosos palcos vacíos de la Caja Mágica, a la incómoda barrera de cemento de Las Ventas que arruga los trajes de Armani. Todos los meses de mayo se repite la misma cantinela: ¿por qué están vacíos los palcos de la pista Manolo Santana? La respuesta es sencilla. El MutuaMadridOpen es algo más que un torneo de tenis. Se trata de un evento social y económico en el que se hacen negocios y el famoseo se expone, como en un escaparate público, mientras los mejores tenistas del mundo le dan a la raqueta. Si esto no fuera así, probablemente, no tendríamos el TENIS, con mayúsculas, que disfrutamos en la capital.
Aquí, estamos tan acostumbrados a la incomodidad, a las manifestaciones, a los atascos, a los colapsos en el transporte público, a las huelgas… que, aceptamos sin rechistar, los posibles hantavíricos, los incómodos tendidos de las corridas de toros y hasta entendemos que, para albergar uno de los mejores torneos de tenis de todo el circuito ATP, tenemos que ceder el sitio a quien no está dispuesto a sentarse.
Así se vive aquí. Pongamos que hablo de Madrid.