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Rafa Nadal se despide del público español en un encuentro en el que perdió el partido, pero ganó las sensaciones que necesita para disputar Roland Garros y los JJOO de París, los dos objetivos que se ha marcado el balear para poner el broche a su carrera deportiva. El Master1000 de Madrid, torneo que ha ganado en 5 ocasiones, despidió a la leyenda más grande del deporte nacional entre un público emocionado, unas pancartas que no se atrevían a desplegarse y un Jiri Lehecka sorprendido que, pasará a la historia por ser el último verdugo de Rafa en España.


Las manecillas del reloj se unían señalando las doce para recordarnos a todos que ya era 1º de mayo. Otra vez nos acababan de robar el mes de abril y Nadal salía despavorido de su banquillo para intimidar a su rival con un último intento de voltear un partido, que ya estaba de cara para un joven checo que apenas iba a cumplir dos años cuando el manacorí ya jugaba este torneo. El público aclamaba a su ídolo esperando un milagro más de esos a los que nos ha tenido acostumbrados Rafa en los últimos veintiún años. Como si de una señal divina se tratara, Nadal tiraba una bola profunda y se despedía de la afición española el día del trabajador. Eso es lo que ha sido esta leyenda del deporte nacional, un trabajador disciplinado, dispuesto a levantarse después de cada revés que le ha dado el tenis, empeñado en disputar todos los puntos como si la vida le fuera en ello y siempre dispuesto a entrenar un poco más. Esa ha sido la mentalidad de este campeón que, ahora, en el ocaso de su laureada carrera deportiva, ha puesto el foco en dos citas, ambas en París, la ciudad que más alegrías le ha dado, y por las que está trabajando como si fuera un jovencito que se abre camino en los torneos Futures.

Anoche, la comunión de Rafa con Madrid fue total. Entre gritos de admiración se entreoía alguno de «presidente». Qué más da que fuera para su equipo de fútbol o para mayores empresas, mal no lo iba a hacer en ningún sitio. España admira su sensatez, su mesura y los valores que han marcado toda su carrera deportiva. Para la capital, Rafa es un madrileño más, a la altura de Carlos III, Mesonero Romanos, Manuela Malasaña o el mismísimo San Isidro. Porque, para ser de Madrid no hace falta haber nacido aquí, diría yo que, incluso, es imprescindible no haberlo hecho para apreciar aún más la hospitalidad y cariño que desprende el Foro hacia todos aquellos que vienen a ser gatos.

Algunas derrotas saben a victoria. Nadal ya no recordaba ese amargo sabor de los principios de su carrera. Se ha acostumbrado a los platos de grandes restaurantes que terminan con postres dulces y ahora vuelve a catar el agrio regusto que dejan los partidos perdidos. Jiri Lehecka, un joven checo llamado a reverdecer la escuela checa de tenis de los Lendl, Mecir y Berdych, no tuvo compasión de su rival, a quien destrozó con servicios a más de 230 kms/h. Pero Rafa es diferente y anoche sabía que le tocaba digerir el amargo sabor de un menú de bar de carretera en el camino, que ya ha iniciado, hacia París. Eso es ahora lo importante para Nadal, haber comprobado que, en el mejor de los casos, puede presentarse en las rondas finales de Roland Garros, y en el peor, ser competitivo y dejar el tenis haciendo lo que siempre ha hecho sobre la cancha: no dar una bola por perdida. Toda una lección de vida.

Echaremos de menos a Rafa en Madrid y en todo el circuito. Su peculiar forma de colocar las botellas, los rutinarios tics previos al saque, su forma de moverse por la pista y la capacidad de luchar hasta el último punto, es algo que difícilmente veremos en otro deportista sin que nos acordemos a él. Pero el legado de Rafa no se queda ahí, va más allá de lo que se dilucida en la pista. Especialista, como ninguno en la historia, en lo de jugar sobre tierra batida, sus partidos jamás se han enfangado en disputas absurdas con jueces o agrias rivalidades con los oponentes. Nadal ha sido señor dentro y fuera de la pista. Nuestro mayor embajador patrio, parte ya para Roma adonde pretende ultimar tres o cuatro asuntos pendientes, no más, antes de viajar hasta París donde, visto lo visto a lo largo de esta semana en Madrid, no hay que descartar nada. Nadal no tiene que demostrar ya nada a nadie, pero una victoria en Roland Garros lo encumbraría aún más en el Olimpo de los dioses del deporte, al que ya pertenece por méritos propios.

Francisco Viso. Periodista

Por Fran Viso

Periodista. Un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad

2 comentarios en «NADAL, UN MADRILEÑO NACIDO EN MANACOR»
  1. Como siempre una cronica muy acertada fiel reflejo del pensamiento de todos los seguidores de ese deporte.
    Rafael Nadal Parera, será recordado por sus actos y logros tanto dentro como fuera del lugar de práctica de su deporte, esas tardes/mañanas/noches de remontadas inverosímiles, de sufrimientos en la pista hasta salir victorioso en la disputa y también de esos comentarios en su mayoría acertados y ante todo respetuosos.
    En esta Sociedad actual faltan Nadales y sobran esos otros que estamos pensando, cuyos únicos logros es su reconocimiento personal cueste lo que cueste gracias a un cúmulo de actos vitoreados y aplaudidos por un mayor o menor grupo de seguidores faltos de ek espíritu de la critica y de una visión de nuestra actual realidad, y no es una opinión en cuadrada en ningún partidismo, tan solo es una visión de nuestra actual realidad.
    Mi deseo es que los Nadales sean una mayoría y nuestra sociedad se vea en su mayor parte beneficiada por sus formas y maneras.
    Gane o no gane en París, siempre será Don Rafael Nadal Parera.

  2. Gracias Fran por glosar la figura de Nadal en este momento tan especial para el mejor deportista español de todos los tiempos.

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