El jugador kazajo consigue su segundo título de la temporada, tras su victoria en Halle. Fils vendió cara su derrota tras una semana de juego impecable. El jugador francés pierde su primera final ATP tras el triunfo en Lyon a finales de julio.
Cada vez resulta más frecuente ver como los culpables de actos claramente delictivos, o alejados de la legalidad, se van de rositas. Nadie es responsable de lo que hace. Uno puede arruinar el futuro de su terruño desde la distancia o hacer creer a sus partidario que su mala gestión se debe más al beneficio sociológico del rival que a su cuestionable quehacer al frente de su «más que un club» . En Bélgica, hoy podemos decir que un tenista, acostumbrado a echar la culpa al empedrado y dinamitar todo aquello por lo que no estaba dispuesto a luchar, se ha dejado de tonterías y ha optado por ponerse el mono de trabajo para llevarse el ATP250 de Amberes. Su nombre, Alexander Bublik.
Esta tarde el kazajo estaba transformado. Su rival, Arthur Fils, un joven francés que está ilusionando al tenis galo, y que ayer acabó con las opciones de recuperación de Tsitsipas, no pudo aprovechar las opciones de quiebre que se le pusieron por delante. Sobre la central del Lotto Arena Antwerpen la estabilidad del juego de Bublik ha brillado como nunca. Su servicio ha sido la clave de bóveda sobre la que ha construido su juego, pero, sin duda, lo que ha sido decisivo ha sido su control mental. Fils ya sabe lo que es perder una final tras el triunfo en Lyon en su primera cita por un triunfo en la ATP.
No estamos acostumbrados a ver a Bublik tan centrado como lo ha estado esta tarde. El día no estaba para saques de mano baja, dejadas imposibles, incomprensibles cambios de ritmo y hasta golpeos a la pelota con la propia empuñadura de la raqueta. El repertorio bublikiano se ha quedado en el vestuario. El kazajo ha madurado para darse cuenta de que él, únicamente él, es responsable de sus actos. Ni es culpa de la superficie, ni de las condiciones, ni de las capacidades del rival. Hace algunos meses declaró a L’Equipe: «Odio el tenis con todo mi corazón». Mucho me temo que hoy no suscribiría esas declaraciones…, y nosotros tampoco lo de que Bublik es un irrespetuoso y excéntrico jugador de tenis.
De nuevo un artículo fabuloso. Un cambio de mentalidad que sólo un deportista puede lograr con esa fuerza de la Fe en El mismo. Muy buena referencia con (algo más que un club)……
Tendremos que esperar para saber si esta actitud ha llegado para quedarse o en cambio solo ha sido un momento raro de su vida.
Me da la sensación que cuando el viento cambia de dirección todo parece mejor…, pero las corrientes algunas veces son caprichosas y su cambio puede hacer que nada sea como aparenta, es deseable que los cambios de aptitud sean permenentes y no una mejoría momentánea por unas compensaciones que pasado el momento hará que retorne un actitud reprochable.